Pele se fue hace 44 años, pero nadie lo olvida

Un 21 de junio, en 1970, el astro brasileño disputó el último de sus 14 partidos en la Copa Mundo. Lo hizo como tricampeón y, según muchos, como el mejor futbolista de todos los tiempos. Todo, por culpa de la promesa inocente de un niño.

LibroEl 16 de julio de 1950, cuando Uruguay venció 2-1 a Brasil en el mismísimo estadio Maracaná de Río de Janeiro y se quedó con el título mundial en la quinta edición de la Copa Mundo (la primera que se cumplía después de la Segunda Guerra), en el episodio que se conoce como el Maracanazo, Pelé todavía no había cumplido 10 años. Apenas si podía comprender lo que había ocurrido, pero hubo un hecho que lo marcó, que le hizo entender la dimensión de lo sucedido: el llanto de su padre Dondinho.

Joao Ramos do Nascimento, el nombre de pila del progenitor del astro brasileño, fue uno de tantos brasileños que en esa tarde de domingo le pidió al cielo que lo dejara morir. No quería seguir sufriendo por algo que consideraba lo superaba, y no sabía si sería capaz de olvidar. Había sido futbolista de Fluminense y Atlético Mineiro, pero una lesión de rodilla truncó su carrera deportiva. Por eso, más que como un hincha, como exjugador sufrió lo indescriptible luego de que el uruguayo Alcides Ghiggia venció al portero Barbosa y consumó lo inimaginable: la derrota de Brasil ante su gente.

Conmovido por el llanto de Dondinho, el inocente Pelé, que ya daba muestras de calidad con el balón en sus pies, en las polvorientas calles de Baurú, le hizo una promesa a su padre: “No llore más, que algún día yo le voy a traer ese trofeo y usted va a estar contento”, le dijo. Por supuesto que aquel consuelo de poco sirvió, porque el padre lloró muchos días, al igual que cientos de miles de brasileños, por cuenta de lo que se denominó una ‘tragedia nacional’. A la vuelta de los años, sin embargo, el jovencito Pelé cumplió su promesa.

Aún un adolescente, se vinculó al Santos luego de que Waldemar de Brito, exjugador mundialista en Italia-1934, que había sido su primer entrenador, convenció a su mamá Maria Celeste Arantes para que lo dejara jugar. Y debutó el 7 de septiembre de 1956, día en que le anotó un gol al Cubatao. Desde entonces, se convirtió en una estrella cuyo brillo nadie pudo ignorar. Ni siquiera Vicente Feola, el seleccionador nacional, que se echó encima a un amplio sector de la afición por convocarlo al Mundial de Suecia-1958, en detrimento de Luizinho, un héroe de la época. Pelé contaba apenas 17 años y los hinchas no concebían que un imberbe como él pudiera figurar en la constelación del Scratch.

La producción de Brasil en los dos primeros partidos del grupo 4 en aquella Copa Mundo, que significaron una victoria 3-0 sobre Austria y un empate sin goles contra Inglaterra (el primer 0-0 de la historia), provocó que la torcida, la misma que se había manifestado en contra de su convocatoria, le exigiera al técnico Feola su inclusión para el duelo contra Unión Soviética, con el fin de asegurar el paso a los cuartos de final. Y el grueso del periodismo deportivo se subió en el mismo bus, de modo que el DT no encontró resistencia para alinearlo. Pelé y Garrincha, otro jovencito talentoso, ocuparon los lugares de José Altafini y Joel.

Pelé le cumplió a su padre Dondinho la promesa que le hizo en 1950: ganó la Copa Jules Rimet.
Pelé le cumplió a su padre Dondinho la promesa que le hizo en 1950: ganó la Copa Jules Rimet.

Lo que sigue en esta historia es ampliamente conocido: desde los primeros toque al balón, Pelé demostró ser un grande, a pesar de su corta edad, y magistralmente condujo a Brasil a su primer título orbital. Contra los soviéticos, los goles del triunfo (2-0) fueron de Vavá, pero luego la perla negra se hizo presente en el marcador contra Gales (1-0), Francia (5-2) y en la final contra Suecia (5-2), partido en el que anotó un doblete. Aunque el equipo tenía figuras consagradas y jugadores de experiencia, todos le cedieron el protagonismo en la celebración a la joven estrella. Ni siquiera el capitán Bellini, que debía portar el trofeo durante la vuelta olímpico según rezaba la tradición, pudo conseguir arrebatarle la Jules Rimet al número 10.

 

Pelé no la quería soltar porque pensaba que corría el riesgo de no poder cumplirle la promesa a su padre Dondinho de llevarle el trofeo para que volviera a llorar, pero esta vez de felicidad. Y lloró, claro, pero no solo en ese 1958, sino que también lo hizo en 1962, cuando Brasil se consagró bicampeón (a pesar de que Pelé solo jugó dos partidos, pues quedó al margen por lesión), y en 1970, cuando lideró el que aún hoy muchos consideran el mejor equipo de la historia, el Brasil que en México celebró el tricampeonato. Y con Pelé como figura, claro está.

Fue un 21 de junio, hace 44 años, que el Brasil de Zagallo se enfrentó a Italia en la final disputada en el estadio Azteca, de Ciudad de México. Pelé fue el encargado de abrir la cuenta, de un potente cabezazo a los 18 minutos del primer tiempo, y el que manejó los hilos de su equipo, que en el segundo tiempo le pasó por encima a la Azzurra. Ese fue el último de los 14 partidos que Pelé disputó en la Copa Mundo, que lo consagró como uno de los mejores de todos los tiempos (el mejor, para muchos). Su legado está vigente, al punto que generaciones de jóvenes que nunca lo vieron jugar conocen sus hazañas y hablan de él como si fuera Messi o Cristiano Ronaldo. Han pasado más de cuatro décadas y recuerdo de Pelé está vivo, como aquel 15 de junio de 1958 cuando debutó contra Unión Soviética, como aquel 21 de junio de 1970 cuando se retiró como tricampeón contra Italia…

El astro brasileño en toda su plenitud: pura potencia, elasticidad, arte.
El astro brasileño en toda su plenitud: pura potencia, elasticidad, arte.

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