Once valores que nos llevaron a la victoria

Las virtudes que hacen del colombiano un ser especial fueron las mismas fortalezas que la Selección Colombia ofreció este 28 de junio en el Maracaná para superar a Uruguay y avanzar a los cuartos de final del Mundial de Brasil-2014.

LibroLas cualidades que nos identifican a los colombianos se vieron reflejadas este sábado 28 de junio sobre el césped del mítico estadio Maracaná de Rio de Janeiro, en el partido que Colombia le ganó con sobrados méritos a Uruguay y que significó, por primera vez en la historia de la Copa Mundo, la clasificación de la Tricolor a los cuartos de final. Resistencia, persistencia, compañerismo, liderazgo, tenacidad, solidaridad, generosidad, humildad, talento, responsabilidad y laboriosidad, las virtudes del equipo que bajo el mando de José Néstor Pékerman hace historia en Brasil-2014.

David Ospina fue pura resistencia contra Uruguay. En el primer tiempo fue prácticamente un espectador más, aunque en privilegiada posición, porque Uruguay poco atacó. En el segundo período, cuando los orientales echaron sus restos, terminó convertido en una de las figuras del partido. Tuvo al menos cuatro atajadas magistrales y otras tantas intervenciones seguras. Uruguay atacó, lo intentó, pero encontró una resistencia insuperable en el arquero colombiano, uno de los mejores del torneo. Como buen colombiano, Ospina se resistió a la adversidad y salió airoso.

Juan Camilo Zúñiga fue persistencia. Una pesadilla para el sistema defensivo de los uruguayos, especialmente aquellos que tenían la misión de cuidar el sector izquierdo. A ratos se estrelló contra la fortaleza de los rivales, que en varias ocasiones apelaron a la violencia para detenerlo, pero Zúñiga persistió y repetidamente superó el bloque celeste para generar peligro con sus centros o como socio en las jugadas colectivas. En plan defensivo, mientras tanto, fue seguro y por su costado Uruguay nunca pudo entrar. Como buen colombiano, Zúñiga exhibió terquedad, persistió en su empeño y contribuyó eficazmente a la victoria.

Un león bajo los tres palos. Eso fue David Ospina, gran responsable de que Uruguay se fuera frustrado (FIFA.com).
Un león bajo los tres palos. Eso fue David Ospina, gran responsable de que Uruguay se fuera frustrado (FIFA.com).

Cristian Zapata fue compañerismo. Se sabía que iba a tener abundante trabajo, y así fue: el balón aéreo, especialmente en las jugadas con pelota quieta, fue uno de los pocos argumentos ofensivos que ofreció Uruguay y el morocho, con la prestancia y solvencia habituales, resolvió con acierto. Lo mejor, sin embargo, es que fue un gran compañero para los demás de la zaga tricolor: corrió a hacer cierres, secundó a los volantes de marca y, para rematar, fue un delantero más cuando las circunstancias se lo permitieron. Como buen colombiano, Zapata dio una mano siempre que fue posible y su respaldo fue vital para conservar el cero en el arco.

Mario Yepes fue liderazgo. No es raro, pues esa es su principal virtud, más allá de la experiencia. Cuando el partido se puso áspero, cuando los uruguayos intentaron adueñarse de las acciones a punta de roces y empujones, el gran capitán colombiano apareció para decir ¡Aquí estoy yo, aquí está Colombia! Más importante que eso, en todo caso, fue su voz cantante, especialmente en el segundo tiempo: gritó, ordenó, pellizcó a sus compañeros, conversó al árbitro Howard Webb y los mantuvo a todos enchufados a lo largo de los 90 y pico de minutos de juego. Fue una verdadera muralla que los orientales fueron incapaces de superar. Como buen colombiano, Yepes mostró personalidad en los momentos más difíciles y fue un líder positivo.

Pablo Armero fue tenacidad. En duda antes del comenzar el Mundial, porque venía con poco ritmo de juego, es una pieza vital del engranaje del técnico Pékerman. Con velocidad, con picardía, con gambeta, con acompañamiento, es un delantero más, un acompañante que aporta sorpresa y ofrece alternativas. Contra Uruguay, fue pura tenacidad: firme en la marca, persistente en el ataque, firme en sus convicciones, persistente en su sacrificio. Atacó cuando pudo y cumplió efectivamente en la marca, su principal tarea. Como buen colombiano, Armero se entregó entero, no ahorró una gota de energía, fue tenaz en su propósito de alcanzar la victoria.

Un bastión del mediocampo fue Abel Aguilar. Antes era resistido, ahora es insustituible por su sacrificio y eficacia (FIFA.com).
Un bastión del mediocampo fue Abel Aguilar. Antes resistido, ahora es insustituible por su sacrificio FIFA.com).

Carlos Sánchez fue solidaridad. Todavía hay quienes lo cuestionan, porque su trabajo no luce para el hincha que está en la tribuna o frente al televisor, pero es una pieza inamovible del esquema del técnico Pékerman. Contra Uruguay fue el socio de todos, especialmente en un mediocampo que tuvo mucho trabajo durante el segundo tiempo, cuando la Celeste le apostó al todo o nada. Corrió, metió, enredó, de cuando en cuando pegó y estuvo siempre al lado de un compañero necesitado. Esa solidaridad contagió al grupo y fue una de las razones de la histórica victoria. Como buen colombiano, Sánchez se puso a disposición de los demás.

Abel Aguilar fue generosidad. En un plan muy similar al del anterior: con una tarea silenciosa, pero muy efectiva. Le tocó hacer parte del trabajo sucio en el segundo tiempo, cuando fue necesario trabar en el medio, hostigar a los rivales, evitar que los uruguayos llegaran al área de David Ospina en superioridad numérica. Era otro de los cuestionados antes del Mundial, pero en estos cuatro partidos se consolidó y ya nadie lo discute. Lo mejor es que no exhibe esa imprudencia para cometer faltas innecesarias que en el pasado le costó dolores de cabeza. Como buen colombiano, Aguilar fue generoso: lo dio todo sin esperar algo a cambio.

Juan Guillermo Cuadrado fue humildad. Este codiciado volante, que está en la mira de muchos de los más grandes clubes europeos, es una de las fichas más importantes del engranaje tricolor en el Mundial. De no ser por la fantástica producción de James Rodríguez, Cuadrado sería una de las figuras del torneo. Contra Uruguay, se confirmó como el mejor asistidor de Brasil-2014 y el pase-gol en el 2-0 es clara muestra de ello. Lo mejor, sin embargo, es que sabe que el suyo es un rol de reparto, que los que están llamados a ser figurones son otros, pero eso no le impide cumplir a cabalidad con su tarea. Como buen colombiano, Cuadrado fue humilde: puso su talento al servicio del equipo, permitió que otros se lucieran.

Un bastión de la defensa, y una alternativa ofensiva, fue el morocho Cristian Zapata (FIFA.com).
Gran despliegue físico y generoso aporte en marca fue el que cumplió el peligroso Jackson Martínez  (FIFA.com).

James Rodríguez fue talento. Pase lo que pase en el partido contra Brasil, en los cuartos de final, el cucuteño tiene prácticamente en el bolsillo el premio que la FIFA destina al mejor jugador joven del torneo. Anotó por cuarto partido consecutivo, algo inédito en la Copa Mundo para un colombiano, y se apuntó el primer doblete de su palmarés. El gol del 1-0 es una pintura, uno que jamás se olvidará: conjugó todas las cualidades que solo pueden estar reunidas en un genio, en un talentoso como él. Más valioso que todo ello, sin embargo, es que no pierde la perspectiva, no se obnubila, no se deja llevar por el entusiasmo mediático y cada partido nos sorprende con algo mejor. Como buen colombiano, James expuso toda su inteligencia y guio una victoria histórica.

Teófilo Gutiérrez fue responsabilidad. Sobre el papel, su rol era el de convertir goles, pero el barranquillero ha demostrado varias veces que no está limitado a esa función, o dicho de otra manera puede cumplir diversas funciones y ser útil al equipo en caso de que el arco contrario no se le abra. El técnico le asignó un trabajo, que era el de hostigar a los defensores uruguayos, estorbarlos cuando intentaran pasar en función de ataque, y Teo cumplió a cabalidad con esa labor. Cuando se tira unos metros atrás, fuera del área, también es importante, porque genera fútbol, porque les abre espacios a sus compañeros, porque descoloca a los centrales rivales. Como buen colombiano, Teo fue un trabajador responsable que aportó su grano de arena.


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Jackson Martínez fue laboriosidad. A veces, el hincha cree que la única función que deben cumplir los delanteros es la de anotar goles, la de estar en el área rival a la espera de su oportunidad para meterla. Sin embargo, el fútbol moderno les ha impuesto otros roles que exigen un gran despliegue físico, mucha concentración y disposición para esforzarse en procura del objetivo colectivo. Dado que uno de los argumentos ofensivos de Uruguay es lanzar sus laterales y centrales al ataque, especialmente en jugadas de pelota quieta, Jackson apareció como un defensor más, gracias a su capacidad en el juego aéreo. Y también provocó peligro con su gambeta y su velocidad, aunque esta vez no tuvo suerte para anotar. Como buen colombiano, Jackson fue muy laborioso, un aporte callado, pero fundamental para conquistar la victoria.

Por si lo anterior fuera poco, desde el otro lado de la raya, desde la zona técnica, el DT José Néstor Pékerman fue otra vez un hábil ajedrecista que movió las fichas a su perfección. Planteó el partido con inteligencia y luego fue sagaz para reaccionar a las nuevas exigencias. Tras nueve partidos dirigidos en la Copa Mundo, cinco de ellos con Argentina en Alemania-2006, conserva el invicto con un formidable récord de siete triunfos y dos empates, periplo en el que sus dirigidos anotaron 22 goles y solo recibieron 5. Su porcentaje de rendimiento es formidable: 88,9 por ciento. Y esto todavía no terminó…

Once para la historia: este fue el equipo titular de Colombia en la inédita clasificación a los cuartos de final, en el Maracaná (FIFA.con).
Once para la historia: este fue el equipo titular de Colombia en la inédita clasificación a los cuartos de final del Mundial de Brasil-2014, en el estadio Maracaná de Río de Janeiro (FIFA.con).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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