Neymar y Messi, cabeza a cabeza

Diego Costa y Cristiano Ronaldo, los fiascos de la primera fase. James Rodríguez, lejos, el mejor de los jóvenes. La Copa Mundo, el único y verdadero termómetro para medir la dimensión de lo que realmente son grandes. Así fue, así es y así será.

LibroPelé brilló con el Santos, sí, pero su real dimensión la conocimos en la Copa Mundo: fue tricampeón. Maradona se lució con Nápoles, sí, pero lo mejor que le vimos fue en el Mundial de México-1986, en el que fue el rey. Johan Cruyff fue un portento en el Ajax y el FC Barcelona, pero en esos clubes nunca fue tanto como en la Selección Holanda, la famosa Naranja Mecánica. Ronaldo fue ídolo y goleador con PSV Eindhoven, Real Madrid, Barcelona y el Inter italiano, pero cada vez que se puso la camiseta de Brasil en un Mundial fue O Fenómeno. Los verdaderamente grandes de la historia alcanzaron ese rótulo porque fueron grandes en la Copa Mundo.

Mario Alberto Kempes es un ídolo sin par en Valencia, de España, pero sería prácticamente un desconocido para los aficionados del mundo de no haber sido el mejor de Argentina-1978. Eusebio, la Pantera Negra, marcó una época con Benfica, pero lo mejor que consiguió fue eclipsar al mismísimo Pelé, en su plenitud, durante el Mundial de Inglaterra-1966. Gerd Mueller se cansó de hacer goles con la camiseta del Bayern Munich, pero su fama de Torpedo la labró con la camiseta de Alemania en los tres Mundiales a los que acudió. A Zinedine Zidane lo idolatran los hinchas de Juventus y Real Madrid, pero fue con la Selección Francia que se convirtió en un ídolo del planeta fútbol.

En la otra orilla, nadie puede negar que Alfredo Di Stefano, el Maestro, fue uno de los más grandes futbolistas de la historia, para muchos a la par de Pelé, Maradona o Cruyff. Sin embargo, jamás disputó una Copa Mundo y eso es algo que, aun hoy, le recuerdan y que él reconoce le faltó. Ladislao Kubala, uno de los magos de la Hungría de los años 50, priorizó el bienestar de su familia, se radicó en España y se negó a jugar con su país el Mundial, un lunar que nunca pudo borrar de su brillante palmarés. Y aterrizando en Colombia, el viejo Willington Ortiz, un gigante a pesar de su corta estatura, se hartó de partirles la cintura a los defensores de toda Suramérica, aunque se quedó con la frustración de que la Selección, en su época, no acudió a la cita ecuménica.

Messi puso a Argentina arriba de todos. Es la gran esperanza para pelear por el ansiado tri (FIFA.com).
Messi puso a Argentina arriba de todos. Es la gran esperanza para pelear por el ansiado tri (FIFA.com).

El Mundial, para bien o para mal, es el termómetro. El único, el que nos da la real medida de los jugadores que brillan con sus equipos con sus selecciones en otros ámbitos. Es como el alumno que toda la vida fue destacado en las aulas del colegio y de la universidad, pero se diluyó cuando llegó al campo laboral: la preparación de nada sirvió y los laureles previos pasaron al baúl de los recuerdos. Y la Copa Mundo, caprichosamente, es una trituradora de ilusiones: enaltece a unos pocos, humilla y frustra a muchos; y no respeta pinta, palmarés, ni popularidad en las redes sociales o las primeras planas de los medios de comunicación. Y la primera ronda de Brasil-2014 es una confirmación de esa premisa.

Comencemos por el final: los fiascos. Ese rótulo se lo ganaron, con sobrados méritos, Diego Costa, el delantero brasileño de España, y Cristiano Ronaldo. El Lagarto, gran esperanza de gol de una selección campeona del mundo que en Suráfrica sufrió por su anemia ofensiva, fue un fantasma. Apenas apareció en el duelo inicial contra Holanda, pero porque debió salir expulsado por agresión. Una sombra del atacante efectivo del Atlético Madrid, pues ni siquiera pudo celebrar un gol. Fue de tal dimensión su fracaso, que terminó de suplente (no jugó el último partido). Adonde fue, los hinchas brasileños lo silbaron y los medios españoles se preguntaron si querer acomodarse a su estilo fue lo que perjudicó a la Roja. Difícil recordar en la historia de los Mundiales un papelón semejante.

Cristiano Ronaldo fue elegido jugador del partido en la victoria sobre Ghana, pero nada más como una jugada política de la FIFA para proteger de la andanada de críticas de periodistas e hinchas a uno de sus consentidos. Pero la verdad es que el portugués, que llegó a Brasil-2014 por la puerta grande, como campeón de Europa con Real Madrid, se fue por la puerta de atrás, a escondidas. “Nos vamos con la cabeza alta”, dijo, y quizá fue así, pero por la puerta de atrás. Y no es la primera vez, porque ya le había ocurrido también en Suráfrica-2010, torneo en el que lo salvó haber llegado a los octavos de final.

El corte de pelo, lo más notorio de Cristiano Ronaldo en el Mundial. ¿Fútbol? Poco, casi nada (FIFA.com).
El corte de pelo, lo más notorio de Cristiano Ronaldo en el Mundial. ¿Fútbol? Poco, casi nada (FIFA.com).

Este fue la tercera participación de Cristiano Ronaldo en la Copa Mundo y la tendencia es más que preocupante: en Alemania-2006, Portugal fue tercero, aunque él no fue particularmente brillante (le marcó un gol a Angola). Que estaba muy joven, se dijo. En Suráfrica apenas anotó un tanto (a Corea del Norte) y su balance fue gris oscuro contra Brasil y España, los dos rivales fuertes que enfrentó. Se despidió en silencio, tras una actuación mediocre. Y ahora en Brasil-2014, después de que el año pasado le gritó al mundo y le exigió a la FIFA le reconocieran su condición de número uno (en detrimento del francés Franck Ribery, que lo había ganado todo con el Bayern Munich), se fue en primera ronda. A duras penas se mostró, un poquitico, contra Ghana y metió un gol gracias a la generosidad del arquero Fatawu Dauda, que le regaló un rebote de frente.

Pelé, Maradona, Cruyff, Ronaldo, Kempes, Eusebio, Gerd Mueller son leyendas vivientes del fútbol especialmente por lo que hicieron en la Copa Mundo con títulos, con goles o con actuaciones memorables que dejaron huella. Diego Costa y Cristiano Ronaldo ni títulos, ni goles y más bien actuaciones que dan grima. Muy popular en las redes sociales, muy rentable para las revistas femeninas, muy útil para el mercadeo voraz de la FIFA, hay que decir que hasta ahora la Copa Mundo le quedó grande al portugués. Llegó como el mejor jugador del mundo y se despidió como el peor mejor jugador del mundo de todos los tiempos, como uno del montón. Mientras, el brasileño Neymar y el argentino Lionel Messi, sus principales competidores, andan en plan de grandes.

Tras una temporada para olvidar rápido con el FC Barcelona, en el que nunca se afirmó, en el que nunca pesó, en el que muy pocas veces fue útil, a Neymar el calor de la torcida, el ambiente familiar en Brasil y el respaldo del técnico Luiz Felipe Scolari y sus compañeros lo reencauchó. Fue figura en los tres partidos que Brasil disputó, anotó cuatro goles y dejó la sensación de que lo mejor está por venir. Las ilusiones del hexacampeonato están fincadas en lo que este habilidoso delantero pueda hacer, pero está claro que no se esconde, que no le pesa la camiseta, que está en capacidad de asumir la responsabilidad. Para alcanzar su mejor dimensión, eso sí, requiere que el equipo mejore en lo colectivo, especialmente en la generación de fútbol en la mitad del campo, la nota deficiente de la primera fase.

El brasileño Neymar fue el más importante de Brasil en la primera ronda. Y aún no lo dio todo (FIFA.com).
El brasileño Neymar fue el más importante de Brasil en la primera ronda. Y aún no lo dio todo (FIFA.com).

Messi, que tuvo un año muy irregular con el FC Barcelona, plagado de lesiones y con un nivel por debajo de lo esperado, empezó a recuperar su real dimensión. Marcó en los tres partidos, se apuntó el primer doblete de su trayectoria en el torneo y fue decisivo para que Argentina, que todavía no despeja todas las dudas, avanzara con récord perfecto. Otra vez se lo ve suelto, con confianza, dispuesto a echarse el equipo encima si se requiere. Es cierto que los rivales de la primera fase no son un termómetro definitivo, pero el rosarino se las arregló para ir de menos a más y ahora que llegan las instancias decisivas seguramente será protagonista. Eso sí, necesita que el comportamiento defensivo del equipo de Alejandro Sabella mejore ostensiblemente, o de lo contrario puede terminar sacrificado.

Karim Benzema, que arrancó como un cañón, se frenó. Thomas Mueller, fiel a su estilo, aparece y desaparece, lo mismo que los holandeses Arjen Robben y Robin van Persie. Luis Suárez pintaba para volver a brillar, pero se autoexcluyó. Todos ellos continúan en carrera, un cuerpo atrás de Neymar y Messi, confiados en que sus equipos les permitan llegar hasta la final para lucirse. Y entre los jóvenes, entre los debutantes, el mejor, lejos, es el colombiano James Rodríguez. Si alguien tenía dudas de su capacidad, ya las absolvió todas con creces. Necesita, eso sí, que Colombia avance en el torneo, que siquiera llegue a semifinales, porque de lo contrario su sensacional actuación se olvidaría rápidamente.

La primera fase fue un primer juez, y dictó sentencia. Condenó a Diego Costa y Cristiano Ronaldo, que se despidieron con el bien ganado rótulo de fiascos. Ensalzó a Neymar y Messi, que pelean codo a codo y podrían encontrarse en la final para dirimir al mejor. Y hay otros candidatos que no terminan de cuajar, pero que poseen la suficiente calidad como para darles una nueva oportunidad. Rivales en la cancha, a todos los une el sueño de ser los mejores en el ámbito que se consagraron los mejores, los más grandes de todos los tiempos: la Copa Mundo.

El colombiano James Rodríguez confirma su clase en la Copa Mundo. Es, sin duda, un fuera de serie (FIFA.com).
El colombiano James Rodríguez confirma su clase en la Copa Mundo. Es, sin duda, un fuera de serie (FIFA.com).

También le puede interesar: La primera fase, mejor de lo esperado

 

Publicado por

Admin

Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *