México le plantó cara a Brasil con un Memo Ochoa inmenso

El equipo centroamericano, que en los últimos años le perdió el respeto a Brasil, lo amargó con un empate 0-0 que hizo ver mal al local. El portero Ochoa cuajó una actuación fantástica.

LibroEl fútbol de hoy ya no es el mismo de antes, dice con razón el periodista Jorge Barraza. Y de ello puede dar fe la Selección México, que este martes 17 de junio de 2014 le plantó cara a Brasil, el dueño de casa, y por primera vez en los Mundiales no salió perdedor en su duelo particular. Fue la cuarta vez que aztecas y brasileños se vieron la cara en la Copa Mundo y hasta ahora los centroamericanos habían encajado tres derrotas. Lo que aún no consiguieron, eso sí, fue anotarles gol a los pentacampeones.

Uno de los argumentos para comprobar que el fútbol de hoy es muy distinto al de antes (después se puede dar la discusión de si es mejor o no) es que las distancias entre los grandes y el resto se acortaron. La primera vez que México y Brasil se cruzaron en una Copa Mundo fue el 24 de junio de 1950, justamente el día en que se abrieron las puertas del colosal estadio Maracaná de Río de Janeiro. Fue victoria para el dueño de casa, por 4-0, y entre los hechos destacados se produjo el debut del arquero Antonio Carbajal, conocido como La Tota, el primer futbolista que participó activamente en cinco ediciones distintas de la fiesta orbital.

Cuatro años más tarde, en Ginebra (Suiza), también en la fase de grupos, Brasil le repitió la dosis, con ñapa: fue 5-0, un resultado que marcó el regreso prematuro de los ‘manitos’. Y el antecedente más reciente data de Chile-1962, certamen en el que la Auriverde volvió a salir airosa, pero esta vez por un corto 2-0. Tras 52 años, el destino los volvió a poner frente a frente, pero el desarrollo del partido y el resultado mismo nos demostraron que el fútbol de hoy es distinto al de antes. Y para México, en especial, es mucho mejor: sacó un fantástico empate sin goles y, lo sobre todo, incomodó al anfitrión y, además, le desnudó algunas falencias.

El argumento más sencillo, más fácil, para explicar el resultado del partido disputado en el estadio Castelao, de Fortaleza, es decir que Guillermo Ochoa se vistió de héroe. Y es cierto, lo hizo, porque con varias atajadas magistrales, algunas con ribetes increíbles, evitó una nueva derrota. El cabezazo de Thiago Motta, en la recta final del partido, es para nunca olvidar. Se requieren mucha concentración, mucha inteligencia, mucha agilidad, mucha rapidez y una buena dosis de suerte para palmotear la pelota que viene con tanta fuerza desde tan corta distancia. Pero Memo lo hizo con acierto y, de esa manera, respaldó el fantástico trabajo cumplido por sus compañeros.

Porque, y eso debe quedar claro, Ochoa fue el máximo responsable del empate de México, pero no el único. Los otros 13 jugadores que mandó el campo el DT Miguel Herrera también cumplieron a cabalidad la premisa que él había anunciado la víspera: “Vamos a correr más que Brasil”. Y fue, precisamente, la intensidad de su juego, especialmente en la faceta defensiva, lo que le permitió a México terminar el partido con una sonrisa mientras los dueños de casa, incrédulos, se miraban unos a otros buscando explicaciones y rumiaban su frustración. Los 94 minutos que pitó el turco Cuneyt Cakir (que le brindó algunas ayuditas a Brasil) México los corrió como si la temperatura no fuera infernal, como si no hubiera desgaste acumulado. En otras palabras, como si fuera la final de la Copa del Mundo.

Y es que en los últimos años, gracias a las invitaciones que recibió para participar en la Copa América, México les perdió el excesivo respeto a los grandes de Suramérica, especialmente a Brasil. Y aprendió a jugarles, con sus argumentos, y a explotar las falencias de su rival. Así, por ejemplo, en la final del Mundial Sub-17 de 2005, en Perú, los aztecas se alzaron con la corona tras golear 3-0 a los brasileños con un equipo en el que estaban Héctor Herrera y Giovanni dos Santos, dos de los héroes de este empate en Fortaleza. Y para no ir muy lejos, hace dos años, en la final de los Juegos Olímpicos de Londres, repitieron la dosis: ganaron 2-1, se quedaron con el oro y, para rematar, extendieron la maldición del fútbol brasileño, al impedirles ganar el único título que se les ha negado. Ese Brasil contaba con Thiago Silva, Marcelo, Óscar, Neymar y Hulk, mientras que en México aparecían Herrera, Marco Fabián, Oribe Peralta, Raúl Jiménez y Dos Santos.

Pero, volvamos a Memo Ochoa, el gran protagonista de la jornada. Nació en Guadalajara (Jalisco), pero surgió de la cantera del club América, uno de los grandes de su país, en cuyas filas debutó en 2003. Fue el holandés Leo Beenhakker el técnico que el dio la oportunidad de debutar como profesional, al detectar que tenía unas condiciones sobresalientes. Y Ochoa no lo defraudó, porque pronto se convirtió en titular inamovible y, mejor aún, en un ídolo del nido de las águilas. A mediados de 2011 pasó a las filas del discreto AC Ajaccio francés, afincado en la isla de Córcega, para ser el primer y hasta ahora único arquero mexicano que jugó en Europa. Allí confirmó sus dotes con grandes actuaciones, aunque en esta temporada vivió el más triste momento de su trayectoria: ocupó el último lugar y se fue al descenso.

Ochoa fue titular en 32 de los 38 partidos disputados, pero el nivel colectivo de su equipo lo perjudicó, al punto que su presencia en el ‘Tri’, como los mexicanos llaman su equipo nacional, fue puesta en duda. De hecho, en su país se generó resistencia entre algunos sectores de la afición y de los medios de comunicación cuando el técnico Herrera anunció que su arquero titular era Memo Ochoa. Allí, todos pedían a gritos que el dueño del arco fuera José de Jesús Corona, de gran temporada con Cruz Azul. Pero Herrera privilegió juventud en vez de experiencia y confianza en vez de regularidad. Y por lo visto contra Brasil, acertó. En repetidas ocasiones, a veces con voladas milagrosas, ahogó el grito de gol.

 

Brasil, por su parte, confirmó que bueno es Neymar, pero no suficiente. Al elenco de Luiz Felipe Scolari le falta talento en el mediocampo (a pesar de la presencia de Óscar) y tampoco le basta con las participaciones ofensivas de sus laterales Dani Alves y Marcelo. De contera, el portero Julio César fue literalmente bombardeado por los mexicanos, que lo acecharon todo el partido. Brasil se vio mal, porque se dejó imponer las condiciones que le servían al rival, porque los cambios de Scolari no funcionaron y, en especial, porque encontró un contendor capaz de jugar con la misma intensidad (o más) que la suya. La Auriverde conserva el rótulo de principal candidata a la corona, pero ya todos saben que retarlos y complicarlos es posible.

Superman se le quedó chiquito a Guillermo Ochoa en Fortaleza (FIFA.com)
Superman se le quedó chiquito a Guillermo Ochoa en Fortaleza (FIFA.com)

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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