Los cinco triunfos de la Tricolor en el Mundial

Colombia está de moda en el planeta fútbol y por esos los aficionados continuamos con la sonrisa dibujada en el rostro, como si las emociones de Brasil-2014 no se hubieran detenido. Balance de la participación de Colombia en el Mundial.

LibroEl llanto inconsolable de James Rodríguez, el 5 de julio luego de la derrota de la Selección Colombia contra Brasil (1-2) en el partido por los cuartos de final, parecía ser el final de una ilusión. Sin embargo, por esas situaciones que a veces no se pueden explicar del fútbol y de la vida, fue el comienzo de las mejores noticias. No haber llegado a las semifinales, cuando el equipo demostró que tenía con qué hacerlo, y haber salido con el mal sabor en la boca por el pésimo arbitraje del español Carlos Velasco Carballo era un final que el sueño no merecía. Pero, muy a la colombiana, se aplicó aquello de que no hay mal que por bien no venga.

Lo mejor de la actuación del conjunto dirigido por José Néstor Pékerman sucedió después de que el balón dejó de rodar para la Tricolor. El reconocimiento del mundo del fútbol por el buen juego y el futuro del grupo, el reposicionamiento de Colombia en el firmamento internacional, la valorización del futbolista colombiano (no solo de los integrantes del equipo), la conformación de una base sólida de cara a las eliminatorias para Rusia-2018 y la recuperación de la identidad son los hechos más importantes. Hay un sexto factor, que en determinados casos puede encabezar la lista, y que hoy genera preocupación en el país: la continuidad del DT argentino al frente de la Selección.

El reconocimiento: hasta que Pékerman asumió el comando del combinado nacional, poco o ningún reconocimiento tenía el fútbol colombiano, más allá de los logros ocasiones de los equipos en la Copa Libertadores o la Copa Suramericana. Lo realizado en la Copa América no fue significativo, así que a Colombia se la veía lejos de los grandes continentales como Brasil, Argentina y Uruguay y un escalón por debajo de otros como Chile y Ecuador, cuyos procesos mostraban avances incuestionables. Después de Brasil-2014, sin embargo, el panorama es bien distinto: hoy nadie en Suramérica se atreve a poner a Colombia lejos de los grandes o a compararlo con Ecuador, Venezuela, Perú o Paraguay.

En el Mundial se confirmó que lo de la eliminatoria no era casualidad, ni fruto del azar, sino de un trabajo profesional, planificado, de un sobresaliente manejo de grupo que acabó con las rencillas y los celos; de un grupo con el sello de la calidad del futbolista colombiano (que en los años 90 marcó huella), pero que ahora le agregaba la experiencia europea como un plus. Muchos creyeron que Colombia viviría una Copa Mundo añorando al lesionado Radamel Falcao García, pero lo que en verdad ocurrió fue que se logró potenciar a otros excelentes jugadores que estaban a la sombra del Tigre. Técnicos, exestrellas de los Mundiales, periodistas de todas las latitudes y hasta los desagradables directivos de la FIFA no ahorraron elogio alguno para la Tricolor. Lo más irónico es que apenas Colombia cruzó la frontera brasileña de regreso a casa se dieron los mejores comentarios; y no cesan. Nuestro fútbol, otra vez, está en los primeros planos.

James Rodríguez y Jackson Martínez, dos de los jugadores colombianos que mejor aprovecharon la vitrina del Mundial. El volante está en la mira de los principales clubes del mundo y al delantero lo siguen de cerca (FIFA.com).
James Rodríguez y Jackson Martínez, dos de los jugadores colombianos que mejor aprovecharon la vitrina del Mundial. El volante está en la mira de los principales clubes del mundo y al delantero lo siguen de cerca (FIFA.com).

El reposicionamiento: La principal consecuencia de no acudir a un Mundial (mucho peor si son tres fallas, como ocurrió con Colombia) es que el producto pierde valor. A veces, sin embargo, acudir a la Copa Mundo no es suficiente para que el fútbol de un país adquiera un valor importante, porque una eliminación en primera ronda, sin mayor brillo, poco o nada contribuye al negocio. En cambio, un protagonismo como el de Colombia en la primera fase (9 puntos de 9 posibles) y lo realizado en octavos y cuartos de final multiplicaron varias veces la percepción que en el exterior se tiene del fútbol y, en especial, del futbolista colombiano. Es un producto relativamente barato (en comparación con argentinos y brasileños) y de muy buena calidad, comprobada en un nivel que no deja dudas, como lo fue Brasil-2014.

Es un momento para aprovechar, y no solo desde el aspecto económico. Contrario a lo que muchos creen, la Selección Colombia no es reflejo del fútbol nacional, al punto que solo 3 de los 23 jugadores por Pékerman jugaban en equipos locales. Las categorías menores, de las que proviene la gran mayoría de jugadores que estuvo en Brasil, deberían verse beneficiadas con programas de inversión, semilleros, actualización de los técnicos, en fin. Lo hecho en Brasil-2014 por la Selección absoluta pone en la vitrina a todo el país futbolístico y ahora el compromiso es mayor, porque como ocurrió en el pasado ganarle a Colombia será una buena carta de presentación. Como se dice en la calle, más difícil que alcanzar la cima es mantenerse en ella. Y ese es el reto.

La valorización: El efecto que más llama la atención al aficionado es el inesperado aumento del valor de los futbolistas colombianos. Varios de los jugadores que brillaron en Brasil-2014 son pretendidos por los principales clubes del mundo que están dispuestos a pagar cifras astronómicas por sus servicios. Antes, los colombianos nos sorprendíamos cuando los medios de comunicación nos informaban de la transferencia de un jugador de otra nacionalidad por una cifra con varios ceros a la derecha. Ahora, los colombianos entran en esa danza de los millones, gracias a que se exhibieron con lujo de detalles en la vitrina de la Copa Mundo.

La Fiorentina se regodea con el coqueteo que los principales clubes de Europa le hacen al volante colombiano Juan Guillermo Cuadrado. Su participación en Brasil-2014 lo reveló como un futbolista de inmensa proyección (FIFA.com).
La Fiorentina se regodea con el coqueteo que los principales clubes de Europa le hacen al volante colombiano Juan Guillermo Cuadrado. Su participación en Brasil-2014 lo reveló como un futbolista de inmensa proyección (FIFA.com).

James Rodríguez, Juan Guillermo Cuadrado, David Ospina, Pablo Armero y otros como Teo Gutiérrez o Carlos Carbonero, que estuvieron en una dimensión distinta, hacen ruido en el sonajero internacional. Y de nuestras fronteras salen otros que no estuvieron en el Mundial, que tampoco fueron parte del proceso de las eliminatorias, pero que se benefician de este bum mediático. Un fenómeno al que no son ajenos los directores técnicos, gracias a la buena labor de Jorge Luis Pinto con Costa Rica y de Reynaldo Rueda con Ecuador. No cabe duda que el colombiano es el fútbol de moda en Suramérica y cada día gana más terreno en Europa y otros mercados de moneda fuerte, como México y Asia, una tendencia que se reforzó con la brillante labor en Brasil-2014.

La base: El más grave pecado de las eliminatorias anteriores no fue haber quedado al margen de la Copa Mundo, sino haber desaprovechado el trabajo para conformar una base que permitiera realizar un proyecto a largo plazo. Ni siquiera Eduardo Lara, supuestamente el rey Midas de las categorías menores, fue capaz de cumplir esa tarea. Ahora, contra viento y marea, rechazando con su dura armadura las inclementes críticas de aquellos que se creen dueños del fútbol y de la verdad en el país deportivo, el técnico se la jugó por un grupo a lo largo de la fase de clasificación y lo ratificó para el Mundial. Los resultados están a la vista y son incuestionables.

Faryd Mondragón, Amaranto Perea y Mario Yepes seguramente no volverán a jugar con la Tricolor, mientras que el resto del grupo pide pista para continuar escribiendo la historia. Y hay jugadores que, como ocurrió con Carlos Carbonero, en cualquier momento pueden llegar a sumar al elenco y engranar sin mayores inconvenientes. Eso es fruto de la confianza que arropa a los futbolistas, de la credibilidad que genera el cuerpo técnico y, claro, de las ganas que ahora tienen todos los jugadores colombianos de llegar al equipo nacional. Ahora que se vienen la Copa América y las eliminatorias a Rusia-2018, Colombia ya tiene recorrida una parte vital: la conformación del equipo base. Ese, sin duda, es uno de los dividendos más importantes al cabo de la Copa Mundo.

La identidad: Las últimas versiones de la Selección Colombia jugaban realmente feo, aunque eso no es muy importante, y no jugaban bien, algo que sí es necesario para figurar en el concierto internacional. En poco tiempo, a pesar de no haber trabajo en el país, el técnico Pékerman logró que los jugadores se reconectaran con ese chip que hizo brillante a la generación de los años 90. Buena técnica, buen toque de balón, fútbol ofensivo y estilo limpio fueron las características de la impronta que marcó ese equipo del Pibe Valderrama y compañía y que ahora de la mano de Falcao García y James Rodríguez encontró un muy atractivo modelo del siglo XXI.

Más importante que la posición lograda en Brasil-2014 es que la Selección Colombia ya tiene una base conformada para enfrentar la Copa América y las eliminatorias a Rusia-2018. Una ganancia increíble (FIFA.com).
Más importante que la posición lograda en Brasil-2014 es que la Selección Colombia ya tiene una base conformada para enfrentar la Copa América y las eliminatorias a Rusia-2018. Una ganancia increíble (FIFA.com).

El primer paso para conseguir buenos resultados en el fútbol es jugar bien, y para eso es necesario contar con una idea futbolística (que la imprime el DT) y también una forma de sentir el fútbol por parte de los jugadores. Ese sentimiento de los colombianos, quedó plasmado en Brasil, es alegría, es diversión, es ataque, un ADN del que en el pasado se había renegado. En este aspecto, vale la pena mirarse en el espejo de los gigantes de Suramérica: Brasil lleva décadas de su esencia y miren cómo terminó (más allá de la posición que ocupó); Argentina, después de admitir que la estrategia de la ‘europeización’ era un error, volvió a darle preponderancia al producto nacional, al que lleva un potrero en el corazón, y tras 24 años de dar tumbos regresó a la élite.

No hay mal que por bien no venga. El llanto inconsolable de James Rodríguez, el 5 de julio luego de la derrota de la Selección Colombia contra Brasil (1-2) en el partido por los cuartos de final, parecía ser el final de una ilusión. Sin embargo, por esas situaciones que a veces no se pueden explicar del deporte y de la vida, fue el comienzo de las mejores noticias. Colombia está de moda en el planeta fútbol y por esos los aficionados continuamos con la sonrisa dibujada en el rostro, como si las emociones de Brasil-2014 no se hubieran detenido.

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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