La Selección (que unió a) Colombia

El orgullo de sentirse colombiano estaba mandado a recoger hasta que esta Selección Colombia debutó en Brasil-2014. Y al menos durante el Mundial las polarizaciones, la intolerancia, la idolatría por los extranjeros pasó a un segundo plano. Hay que salir a ganarle a Brasil, pero esta otra victoria ya se consiguió, y es muy importante.

LibroLa letra del tema ‘Soy colombiano’, interpretado por el dueto Silva y Villalba y que durante generaciones se transmitió como símbolo de orgullo nacional, estaba a punto de ser una quimera, uno más de los cachivaches guardados bajo llave en el baúl de los recuerdos. Hasta que apareció esta Selección Colombia, la dirigida por José Néstor Pékerman, la de Falcao (así no haya jugado), la de James, Yepes, Faryd, Ospina, Armero y Cuadrado, entre otros, la de todo el pueblo colombiano. La que este 4 de julio se mide a Brasil, el favorito y dueño de casa, por un cupo en las semifinales del Mundial.

“A mí deme un aguardiente, un aguardiente de caña, de las cañas de mis valles y el anís de mis montañas. No me den trago extranjero, que es caro y no sabe a bueno. Y porque yo siempre quiero lo de mi tierra primero, ¡Ay, qué orgulloso me siento de haber nacido en mi pueblo!”, reza la letra de aquella canción mil y una veces entonada al calor de una chimenea, al tenor de un traguito que en muchas ocasiones no era, irónicamente, colombiano. Porque esa es una de tantas manifestaciones de esa dualidad que habita en el corazón de cada colombiano, en su ADN: adora lo suyo, pero en no pocas oportunidades prefiere lo ajeno, lo extranjero.

Una clara muestra de ello es el reciente fenómeno de los jóvenes hinchas del fútbol: ahora alientan al Real Madrid (con el grotesco ¡Hala, Madrid!, que inunda las redes sociales), al Barcelona, al River Plate, al AC Milán, al Manchester City, al Chelsea… Y la lista es larga, bien larga. Y el mundo se les ‘paraliza’ cuando hay un partido Madrid-Barcelona, y se les amarga la vida cuando su equipo favorito pierde, aunque el único vínculo que los una con España es haber comido paella (¡en Bogotá!). Y lo mismo ocurre con los cantantes, con los artistas, con los escritores, con los actores, hasta con la ropa. Dicen los sociólogos, que le han metido muela al asunto, pero todavía no terminaron de explicarlo, que es una consecuencia de la globalización, de que el mundo hoy no tiene fronteras.

En el caso del fútbol, en todo caso, hay hechos curiosos: Falcao García, el gran ídolo de las nuevas generaciones, jugó en Atlético Madrid y hoy luce los colores del AS Mónaco francés, pero los hinchas colombianos prefieren Real Madrid y Chelsea y por la calle no se ven hinchas con la camiseta del equipo galo. James Rodríguez la rompió en el FC Porto y brillan en el club del principado, pero los jóvenes se identifican con Cristiano Ronaldo. Y que no se nos ocurra hablar del fútbol doméstico, porque ahí entra en juego otra característica muy colombiana, especialmente en este moderno siglo XXI: la polarización. En otras palabras, la intolerancia.

Colombia somos todos es la gran lección que nos ha dejado el Mundial de Brasil-2014 (FIFA.com).
Colombia somos todos es la gran lección que nos ha dejado el Mundial de Brasil-2014 (FIFA.com).

Nada peor para un hincha común que, por ejemplo, se diga que Atlético Nacional es uno de los diez mejores equipos del mundo (como se publicó hace poco en el escalafón de la Federación Internacional de Historia y Estadísticas del Fútbol, IFFHS, por sus siglas en inglés), porque se desatan iras santas. Y sucedió igual el año pasado, cuando los honores le correspondieron a Santa Fe. Son momentos en los que brotan esos fantasmas que nos carcomen, ese diablo que llevamos dentro, y por los cuales asumimos una actitud inaceptable: si no soy yo, si no es mi equipo, que no se nadie, que no sea alguno otro. Y nos odiamos, nos atacamos, nos matamos…

La reciente campaña presidencial fue un fiel reflejo, un espejo, de cómo se comporta la actual sociedad colombiana. Y eso que los candidatos eran todos colombianos, que se supone –dice la canción– es lo que nos gusta. Pero, ¡qué va! Prácticamente ninguno de nosotros fue ajeno o dejó de ser víctima de algún ataque, o al menos de un furioso reproche, por el simple hecho de descubrir su preferencia política para la elección presidencial. Llovieron rayos y centellas, y amistades o relaciones que se forjaron difícilmente durante mucho tiempo sufrieron duros reveces; algunas se acabaron, otras quedaron golpeadas, resquebrajadas. En el colegio nos enseñaron que una de las mayores riquezas de Colombia es su diversidad, su variedad; pero atrévase a pensar distinto, y peor aún, atrévase a expresarlo. Aténgase a las consecuencias.

Hasta que, como por arte de magia, como una demostración de que este sí es el país del Sagrado Corazón, apareció esta Selección Colombia, la sensación del Mundial de Brasil-2014. Llevaba un buen tiempo ahí, es cierto, porque estuvo durante toda la eliminatoria, un camino feliz labrado a punta de victorias y actuaciones memorables. Pero es que el Mundial es distinto, especialmente porque habían pasado 16 de la última participación y había varias generaciones, millones de colombianos, que no sabían lo que era vivir una Copa Mundo con la Tricolor entre los participantes. Apareció la Selección Colombia y, al menos mientras se juegue en Brasil-2014, reina la armonía. Y cobran vigencia aquellas frases de Silva y Villalba: “¡Ay, qué orgulloso me siento de haber nacido en mi pueblo!”.

¿James Rodríguez o Neymar? Hoy, el corazón del hincha colombiano no tiene duda alguna (FIFA.com).
¿James Rodríguez o Neymar? Hoy, el corazón del hincha colombiano no tiene duda alguna (FIFA.com).

Es de tal dimensión el fenómeno provocado por Pékerman y sus muchachos, que tras el exitoso debut contra Grecia, un don nadie de la historia de la Copa Mundo, al día siguiente se votó en paz y se eligió presidente sin muertos de por medio y los incendiarios de Twitter hicieron el ridículo y entendieron que, por ahora, es tiempo de callar. Porque la que habla es la Selección Colombia: con sus triunfos, con su alegría, con su sabor, con su historia, con ese orgullo que nos llena el corazón y nos agiganta el alma. Lo más curioso, o irónico, es que la gran mayoría de los jugadores vive en el exterior, juega por equipos de otros países, pero a la hora de ponerse la camiseta Tricolor cada uno se transforma en un colombiano al ciento por ciento.

Ahora llega el duelo contra Brasil, por los cuartos de final, y se leen y escuchan mensajes de todo tipo. Aficionados comunes y no pocos periodistas, los mismos que se desgañitan en las transmisiones como si sus gritos nos produjeran emoción (cuando la emoción surge de las jugadas de los futbolistas, de sus goles, de sus victorias, de sus hazañas), salen con el verso de que perder con Brasil no importa, que está bien, que es un final decoroso. Se les olvida, en algunos casos; no saben, en otros, o simplemente lo omiten por conveniencia (por aquello de abrir el paraguas e irse acomodando por si llega la derrota, para no quedar mal), que nadie, ni el más débil de los seleccionados, acude a un Mundial para perder decorosamente, para despedirse con honor. Y muchísimo menos en una instancia como esta de los cuartos de final, en la que se juega la posibilidad de alimentar el sueño de la final, del título. Y muchísimo menos cuando está al alcance de la mano eliminar al favorito, al dueño de casa.

Afortunadamente, Pékerman, aunque argentino, y sus muchachos, aunque ‘extranjeros’, son colombianos al ciento por ciento. Y no le comen cuento a Brasil, no se obnubilan por los elogios, no se conforman con haber eliminado a Uruguay, no se van a sentir satisfechos de haber quedado eliminados por Brasil (si eso llega a ocurrir). Y juegan cada partido, van a jugar este partido, como si fuera el último de sus vidas, como si fuera el único de sus vidas. ¿Por qué privarse de la mayor de las alegrías cuando se está tan cerca? Porque algo que podemos convenir es que si hay algún Brasil al que se le pueda derrotar en un Mundial es este de Luiz Felipe Scolari: chato en su fútbol, con muy escaso talento (si se les cae una idea, no la vuelven a encontrar), sin jerarquía y, lo que es peor, con jugadores convencidos de que renegar de la historia, la tradición y las condiciones (que sí las poseen) es el camino correcto.

Eso del orgullo de sentirse colombiano estaba punto de quedar guardado bajo llave en el baúl de los recuerdos. Pero apareció esta Selección Colombia, la que no solo representa al país en el Mundial de Brasil-2014, sino que nos representa a todos los colombianos con sus virtudes y también con sus defectos, y nos unió. Se fue eliminada España y aquí nadie lloró; Cristiano Ronaldo se fue cargando el cartelito de fracaso rotundo, y a nadie le importó. Pero alguien de la Selección Colombia, la nuestra, mueve un dedo y el país se conmociona, al menos durante este Mundial de Brasil-2014. A la Selección Brasil de Scolari hay que salir a enfrentarla con la convicción de que se le puede ganar y después en el campo de juego que ocurra lo que ha de ocurrir. Al fin y al cabo, este equipo, este grupo, ya logró la victoria más significativa: es la Selección que unió a Colombia…

Más allá de lo que consiga en lo deportivo, esta Selección Colombia pasará a la historia como la que logró borrar las diferencias, al menos por un rato, y unió al país (FIFA.com).
Más allá de lo que consiga en lo deportivo, esta Selección Colombia de José Néstor Pékerman pasará a la historia como la que logró borrar las diferencias, al menos por un rato, y unió al país (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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