La más pírrica victoria de la FIFA

Por garantizar el beneficio económico, por congraciarse con el dueño de casa, por temor a las manifestaciones del pueblo brasileño, por salvaguardar sus tórridos intereses, la FIFA sacrificó a Colombia, que era la alegría del torneo, el fútbol en su más pura y limpia expresión.

LibroSi el técnico Luiz Felipe Scolari, los directivos de la Confederación Brasileña de Fútbol, los hinchas brasileños y la FIFA quieren que Brasil se quede con el trofeo del Mundial-2014, bien pueden proceder: ¡llévenselo, quédense con él! Como lo dijo el colombo-argentino José Néstor Pékerman (argentino de nacimiento, colombiano de corazón), en partido por los cuartos de final “Brasil necesitaba ganar, mientras Colombia solo aspiraba a jugar bien”. Sabias palabras que reflejan lo que ocurrió a lo largo de los 96 minutos en el estadio Castelao, de Fortaleza, y que encierran la gran lección que nos deja esta Copa Mundo a los colombianos.

Resulta contradictorio, e irónico, que en este bello país del Sagrado Corazón, en el que la terrible cultura del todo vale se enquistó hace décadas, y pronto se manifestó en prácticamente todas las actividades cotidianas, la Selección Colombia se haya despedido del Mundial por cuenta de una maquinaria corrupta que sabe muy bien, y sobre todo utiliza muy bien, aquello del todo vale. Flaco favor que le hacen al torneo, flaco favor que le hacen a la Canarinha, un remedo descompuesto del que alguna vez fue el admirable Scratch, el equipo que con su jogo bonito y su lealtad se ganó el aprecio y el cariño de cientos de millones de hinchas a lo largo y ancho del planeta fútbol, sin distingo de raza, credo o camiseta.

Sería necio, e injusto, culpar a los jugadores de Brasil, que son tan víctimas como los colombianos. Ellos, más allá de algunos que a veces abusaron del juego fuerte (con la complacencia del nefasto árbitro Carlos Velasco Carballo), trabajaron su partido y, por lo que les corresponde, lo ganaron bien. Aprovecharon errores, anotaron los goles y luego se defendieron con un estilo que extraña, pero que es válido y efectivo. Al final, y eso hay que reconocerlo, algunos tuvieron la nobleza y la grandeza de consolar a los colombianos, especialmente a James Rodríguez, al que el desenlace lo superó y no pudo contener el llanto. Esa solidaridad, esas palabras de aliento, esa capacidad para reconocer las virtudes del rival, los enaltece como deportistas y los ensalza como personas.


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El de el DT José Pékerman a James Rodríguez fue el abrazo de 47 millones de colonbianos, que nos sentimos orgullosos de lo que este crac y esta Selección nos dieron en el Mundial-2014 (FIFA.com).
El de el DT José Pékerman a James Rodríguez fue el abrazo de 47 millones de colonbianos, que nos sentimos orgullosos de lo que este crac y esta Selección nos dieron en el Mundial-2014 (FIFA.com).

Pero este 4 de julio de 2014 ese monstruo implacable que es la FIFA, considerada por méritos propios una de las multinacionales más corruptas del planeta, provocó que todos, así fuera por unos instantes, odiáramos algo tan hermoso como es el fútbol. Porque solo odio, repugnancia y asco puede sentir uno con una pantomima tan cruel como la que montaron para sacar del camino a la Selección Colombia, que siempre fue respetuosa del juego, de sus rivales, de su estilo, del país al que representa. Antes se decía que “Brasil no necesita ayuda, tiene a los mejores jugadores del mundo”, pero hoy ya no es así. Lo que no se puede aceptar, lo que tanto daño le hace al juego es que a costa de todo y contra todos, pasando por encima del que sea, los dueños del negocio quieran imponer a Brasil (o al que sea).

Por las mismas fechas en que se inició este Mundial-2014, que tanta alegría le brindó al pueblo colombiano, el país estaba envuelto en la peor de sus polarizaciones, en el más radical enfrentamiento ideológico, por cuenta de la campaña presidencial. Los buenos contra los malos, según el bando en el que cada uno se ubique, dispuestos a hacer lo que sea necesario, a pasar por encima del que sea, a quebrantar las leyes que toque (especialmente las de la decencia y la cordura) con tal de obtener un pinche cargo. Un período triste de la historia reciente del país, porque la mayoría de esos activos intolerantes eran jóvenes guiados por el equivocado y apasionado comportamiento de los mayores, tristes protagonistas de un juego en el que a la postre no había un vencedor: todos perdíamos.

Duele que la Selección Colombia ya no esté en el Mundial-2014, porque en el campo de juego demostró que estaba para más, para inscribir su nombre entre los cuatro mejores del torneo. Pero duele más todavía las circunstancias en que se dio su salida. Si Brasil la hubiera superado en lo deportivo, su hubiera impuesto su jerarquía, si sus jugadores hubieran ofrecido mejores argumentos que los nuestros, bienvenido. A nadie le gusta perder, pero todos sabemos aceptar la derrota cuando es fruto del juego, cuando se luchó en igualdad de condiciones, cuando no hubo factores ajenos que distorsionaran la realidad como ocurrió en la tarde de este 4 de julio en Fortaleza.

La solidaridad de algunos jugadores brasileños también merece nuestro respeto y admiración (FIFA.com).
La solidaridad de algunos jugadores brasileños también merece nuestro respeto y admiración (FIFA.com).

La FIFA, cuyas entrañas se las carcome el cáncer de la corrupción (aún nos deben las explicaciones de los hechos que terminaron en la adjudicación de las sedes de 2018 y 2022 a Rusia y Catar), se mandó una tremenda macana, como dicen los argentinos: por garantizar el beneficio económico, por congraciarse con el dueño de casa, por temor a las manifestaciones del pueblo brasileño, por salvaguardar sus tórridos intereses, sacrificó a Colombia, que era la alegría del torneo, el fútbol en su más pura y limpia expresión. Ya había ocurrido en el juego inaugural contra Croacia, hubo manifestaciones también en el duelo con México y no faltaron en el duro partido frente a Chile, en los octavos de final.

Pero está claro que a la FIFA lo que menos le interesa es el juego, mucho menos el juego limpio. Por el cochino dinero, que los patrocinadores (cómplices silenciosos) sueltan a manos llenas, todo se vale, todo se justifica. Por eso, en su seno a nadie le duele haber sacrificado a un equipo leal y honesto como la Selección Colombia, ni haber acabado de manera tan cruel y dolorosa con la ilusión de un país y con el sueño de un puñado de valientes jugadores. El fin justifica los medios y en esta ocasión el fin es que Brasil, cueste lo que cueste, tiene que llegar a la final. Y ganarla, por supuesto. Por eso, la FIFA no tuvo inconveniente en felicitar al árbitro Velasco Carballo por su actuación (literalmente fue eso, una actuación) y mandar la nefasta razón: por los favores recibidos, lo van a premiar con la conducción de la final (no va y sea que otro réferi pite honestamente y Brasil no sea el campeón).

Queda claro, así mismo, que todos aquellos que inocentemente nos emocionamos con el juego no somos más que idiotas útiles. Nos queda, por supuesto, la alegría de saber que no formamos parte de esa pantomima, solo somos unas víctimas. Y queda claro, también, que esas generaciones de hinchas colombianos que nunca habían visto un Mundial con la Selección Colombia entre los participantes tienen que aprender la lección: la cultura del todo vale nunca es una victoria. Derrota no es perder un juego: derrota es traicionar los ideales, dejar de luchar por los sueños, prestarse para componendas, actuar deshonestamente, sacrificar los principios.

Colombia cayó en el marcador y no jugará más en la Copa Mundo, pero logró un título más importante que un trofeo, que un hexacampeonato: hacernos sentir orgullosos a los colombianos, habernos deparado tres semanas inolvidables, devolvernos la fe en el país y en su gente, garantizarnos el derecho a salir a la calle con la frente en alto. Si el técnico Luiz Felipe Scolari, los directivos de la Confederación Brasileña de Fútbol, los hinchas brasileños y la FIFA quieren que Brasil se quede con el trofeo del Mundial-2014, bien pueden proceder: ¡llévenselo, quédense con él!…

Este grupo de guerreros logró el mejor título que se pueda conseguir: el cariño y el agradecimiento eterno de sus compatriotas (FIFA.com).
Este grupo de guerreros logró el mejor título que se pueda conseguir: el cariño y el agradecimiento eterno de sus compatriotas. El país entero se sintió dignamente representado por el equipo del DT Pékerman (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Un comentario en “La más pírrica victoria de la FIFA”

  1. NUESTRA SELECCION NO HA PERDIDO, ESTO QUEDA MUY CLARO AL MUNDO ENTERO. EL ARBITRO HA GANADO EL REPUDIO DE LA GENTE POR BRILLAR COMO EL IDIOTA QUE DEMOSTRO SER. LO COMPRARON ME IMAGINO POR 1 DOLLAR POR ESO ES LO QUE VALE. ARRIBA MI COLOMBIA LINDA. SABEMOS QUE NOS ROBARON

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