La Copa Mundo de la reivindicación

Brasil-2014 fue un buen Mundial, en suma, que nos dejó inolvidables recuerdos, que marcó hitos extraordinarios, que retribuyó el fervor del hincha con partidos bien jugados y muchas emociones. El de la reivindicación, porque Suráfrica-2010, Corea del Sur y Japón-2002 y Alemania-2006, en menor medida, habían dejado un sabor agridulce.

LibroDel tiki-taka de España en Suráfrica-2010 al poderío ofensivo de Alemania en Brasil-2014. Del fútbol de la edad de los Picapiedra de Holanda hace cuatro años (con la patada más baja al nivel de la nuca) al sobrio y efectivo sistema defensivo de Argentina en la tierra de la samba. De la garra charrúa y el despliegue físico como arma para brillar al fútbol colectivo y preciosista de Colombia para hacerse notar a pesar de no figurar en el Top-4. Cambia, todo cambia, decía Mercedes Sosa y el fútbol no está ajeno a esta realidad. Lo mejor es que este cambio fue para mejorar.

“Este fue el mejor Mundial de la historia” es una frase que se escucha cada vez que se cierra un torneo, no solo la Copa Mundo. Joseph Blatter lo dijo en el estadio El Campín el 20 de agosto de 2011 cuando finalizó el Mundial Sub-20 y dos años después lo repitió en Turquía. Es parte del protocolo hipócrita de la multinacional de la corrupción, como quedó demostrado en la clausura de brasi-2014: “Esta Copa Mundo fue mejor que Suráfrica-2010”, dijo Blatter para congraciarse con Dilma Rousseff, presidenta brasileña, que le permitió llenar las arcas de la FIFA en Suiza a cambio del colorido que aportó el pueblo brasileño.

Entrar en esa bizantina discusión de si este Mundial fue mejor que todos los anteriores no tiene sentido. Tuvo aspectos muy buenos, es cierto, algunos que se habían perdido en citas anteriores como el buen espectáculo, la cantidad de goles, la intensidad de los partidos, el protagonismo inusitado de los jugadores que entraban al campo desde el banco de suplentes, la actuación destacada de elencos considerados chicos, la irrupción de figuras estelares que no corresponden propiamente a los países tradicionales. Con decir que hasta dos partidos que terminaron sin goles (Brasil-México y Holanda-Costa Rica) hicieron las delicias de los aficionados.

Por el nivel del espectáculo, por la cantidad de buenos partidos, por tantos goles que se celebraron, Brasil-2014 fue mucho mejor que las más recientes ediciones de la Copa Mundo (FIFA.com).
Por el nivel del espectáculo, por la cantidad de buenos partidos, por tantos goles que se celebraron, Brasil-2014 fue mucho mejor que las más recientes ediciones de la Copa Mundo (FIFA.com).

¿Lo peor? El arbitraje, sin duda, el único aspecto que no depende de los equipos y sí de la organización. El paupérrimo nivel de la mayoría de réferis dejó claro que la FIFA está a años luz de distancia de jugadores, entrenadores y aficionados. En su afán por producir el cochino billete, la multinacional de la corrupción ha dejado de lado aspectos vitales del juego, como este. Varios de los escogidos demostraron que no están aptos para dirigir encuentros de esta responsabilidad y, para rematar, las directrices emanadas desde la cúpula, en el sentido de ‘limpiar’ los partidos de tarjetas, resultaron nefastas. En lo que sí se progresó mucho fue en la ausencia de polémicas: la tecnología de la raya de gol o del ojo de halcón, a la que la FIFA tanto se resistió, absolvió las dudas; examen aprobado.

El triunfo de Alemania dejó claro no hay fórmulas exactas ni únicas para ganar en el fútbol. Tan válido fue el tiki-taka español, que a todos encantó, como este fútbol vertical de potencia y velocidad por las bandas y contundencia en el área. Cada quien escoge las armas que mejor le parecen, las que considera lo llevarán al triunfo, y después los resultados dirán si tenía razón o no. En el caso del combinado germano, en todo caso, hay una notoria transformación en comparación con aquellos elencos en los que primaba fundamentalmente la fuerza física y había contadas dosis de talento. Ahora, este ingrediente brota por doquier, pero sin perder las virtudes del pasado.

Aunque hay partidos en los que el hoy tetracampeón orbital parece perder el libreto, como contra Ghana y Argelia, hay otros en los que da la impresión de que está en capacidad de marcarle 10, 15 20 goles a su adversario; solo es cuestión de que se decida hacerlo. Hay, en todo caso, un hecho incuestionable: en Suráfrica-2010, Alemania goleó 4-1 a Inglaterra (su primera derrota de esa índole en la historia) y 4-0 a Argentina, amén de la débil Australia (4-0); ahora, en Brasil-2014, se regodeó con Portugal (4-0) y Brasil (7-1), este último en semifinales. Es decir, tres de las últimas cinco goleadas que celebró, Alemania se las propinó a excampeones mundiales, un dato que no es menor. En Suráfrica anotó 16 goles y en Brasil, 18.

Alemania celebró el título por cuarta vez en la historia. El primero lo había conquistado en Suiza-1954, hace exactamente medio siglo.  Es el primer europeo que festeja en América (FIFA.com).
Alemania celebró el título por cuarta vez en la historia. El primero lo había conquistado en Suiza-1954, hace exactamente medio siglo. Es el primer europeo que festeja en América (FIFA.com).

La victoria de Alemania, además, ofrece otra lectura: salvo excepciones que se cuentan con la mano y que pertenecen al pasado, ningún jugador, en solitario, gana el Mundial: España lo había escrito así en 2010 y el nuevo rey orbital lo confirmó en 2014. Para ganar la Copa Mundo se requiere un equipo completo, homogéneo desde el arquero hasta el último delantero, y con buenas alternativas en la banca. Y el elenco Joachim Loew reunía esas virtudes. De hecho, Argentina hizo un particular aporte a esta teoría: casi todos decían que la Albiceleste era Lio Messi y diez más, pero al final resultó un onceno en el que, irónicamente, el 10 no fue el más destacado, así los miopes de la FIFA le hayan entregado el Balón de Oro como mejor jugador. El equipo de Alejandro Sabella no dependió exclusivamente de su astro, como se preveía, y llegó a la final, algo que no conseguía hace 24 años.

En un nivel diferente, aunque con méritos sobrados, Colombia y Costa Rica también reforzaron este concepto. Es cierto que James Rodríguez, por sus goles y asistencias, fue el más brillante de la Tricolor, pero no habría alcanzado tal dimensión sin la colaboración de David Ospina, Juan Guillermo Cuadrado, Pablo Armero, Abel Aguilar, Jackson Martínez y hasta el jovencito Juan Fernando Quintero, entre otros. El elenco centroamericano, por su parte, marcó historia de la mano de Jorge Luis Pinto. El técnico colombiano logró que su grupo de jugadores diera un salto de calidad, especialmente en el aspecto mental. Los centroamericanos encabezaron el grupo de la muerte, en el que Italia e Inglaterra, fueron sus víctimas, y terminaron invictos, pues Holanda solo los superó en la tanda con disparos desde el punto penalti.

Y ahí surge otro aspecto para remarcar: los grandes, salvo contadas excepciones, ya no infunden temor. Ni siquiera Brasil es lo que era antes. El mejor partido de Irán fue contra Argentina; el de Argelia, contra Alemania; Costa Rica venció a dos excampeones mundiales (Uruguay e Italia); Ecuador igualó con Francia y Chile terminó de enterrar a España (2-0) y vendió muy cara su salida del Mundial contra Brasil (en la tanda desde el punto penalti). Lo mejor es que esos resultados positivos se consiguieron jugando buen fútbol, proponiendo, pues al menos en esta ocasión esa vieja estrategia de arrumarse atrás y esperar un milagro en el contragolpe pasó de moda. Holanda, que parecía aplicar esa fórmula a la perfección, sufrió lo indecible con Costa Rica y luego se desquició con Argentina, que le montaron sólidos bloques y la atacaron.

Colombia fue el equipo que mejor juego aportó. Los dirigidos por José Néstor Pékerman le pusieron un sabor muy especial a la Copa Mundo y marcaron varios hitos en el torneo (FIFA.com).
Colombia fue el equipo que mejor juego aportó. Los dirigidos por José Néstor Pékerman le pusieron un sabor muy especial a la Copa Mundo y marcaron varios hitos en el torneo (FIFA.com).

¿Los fiascos? A nivel individual, dos muy claros: el brasileño Diego Costa, que fue vendido como gran solución de ataque de España y fue uno de los peores de la Roja; y el portugués Cristiano Ronaldo, que por tercera Copa Mundo pasó con mucha pena y ninguna gloria. La lección es que no cualquier jugador que brille con su equipo tiene garantizado el éxito en el Mundial. De hecho, quedó claro que el Mundial es un reto que les queda grande a algunos. A nivel colectivo, Italia, Inglaterra (a pesar de que hizo buenos partidos), Rusia y Japón se rajaron. La Azzurra comenzó bien y después se desdibujó por completo; los ingleses pagaron el alto precio de su ineficacia ofensiva, mientras que rusos y nipones nos confirmaron que una historia es la que se escribe en las eliminatorias y en los amistosos y otra bien diferente la de la Copa Mundo. Y a esta lista hay que agregar, sin duda, a la propia FIFA: de tanto explotar a la gallinita de los huevos de oro la está ahogando. Sus presiones son cada vez más descaradas e inoportunas y su credibilidad corre riesgos. Aquí se aplica aquella máxima de que en casa de herrero, azadón de palo, porque en la rectora universal lo que menos abunda es el juego limpio.

Un buen Mundial, en suma, que nos dejó inolvidables recuerdos, que marcó hitos extraordinarios, que retribuyó el fervor del hincha con partidos bien jugados y muchas emociones. El de la reivindicación, porque Suráfrica-2010, Corea del Sur y Japón-2002 y Alemania-2006, en menor medida, habían dejado un sabor agridulce, por el pobre espectáculo que se observó, por la baja calidad del juego, por la ausencia de grandes figuras, por las pocas emociones. Obviamente, como siempre ocurre, cada cual hablará de esta Copa Mundo según le haya ido en ella, por eso a los colombianos no nos va a faltar razón si decimos que fue el mejor de todos los tiempos. Cerrada esta historia, comienza una nueva que esperamos sea tan emocionante y gratificante: el camino hacia Rusia-2018.

El portugués Cristiano Ronaldo llegó como mejor jugador del mundo y se regresó a casa con el rabo entre las piernas como el gran fiasco de Brasil-2014. Por tercera vez, mucha pena y nada de gloria (FIFA.com).
El portugués Cristiano Ronaldo llegó como mejor jugador del mundo y se fue con el rabo entre las piernas como el gran fiasco de Brasil-2014. Por tercera vez, mucha pena y nada de gloria (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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