James y Costa Rica, gratas noticias de los octavos

El colombiano es la figura de Brasil-2014, hasta ahora por encima de Neymar y Messi. No hubo sorpresas en la segunda fase y se configuraron unos duelos más que interesantes para los cuartos. Quedan solo 8 partidos, justamente los mejores del torneo.

LibroBrasil, Colombia, Francia, Alemania, Argentina, Bélgica, Costa Rica y Holanda. Tres suramericanos, cuatro europeos y un representante de Centroamérica. Cuatro excampeones y dos viejos conocidos en procura de revancha y dos nuevos protagonistas. James Rodríguez, Ángel Di María, Lionel Messi, Neymar y Keylor Navas, los ases que se apuntan a la carrera por el Balón de Oro. Ese es el balance al cabo los octavos de final de Brasil-2014, que cada vez está más interesante.

Salieron de carrera los africanos, que una vez más provocaron decepción en la mitad del camino. Poseen talento, han mejorado mucho en lo táctico, pero carecen del más importante ingrediente para avanzar en estas instancias: jerarquía. Nigeria se despidió contra Francia con la satisfacción de haber luchado, pero consciente de que estuvo lejos de la hazaña. Muy cerca, en cambio, estuvo Argelia, que vendió cara, muy cara, su derrota frente a Alemania. Los leones del desierto sacaron pecho por su continente y, con un elenco joven, dejaron claro que, si saben capitalizar lo bueno que tienen, en Rusia-2018 pueden ser protagonistas.

No hubo sorpresas en la segunda fase del Mundial, y esa es una sorpresa. Habitualmente, al menos se produce un garrotazo: en Alemania-2006, Holanda y Francia sacaron a Portugal y España, respectivamente, que eran favoritos. En Corea del Sur y Japón-2002, Senegal tumbó a Suecia, Estados Unidos hizo lo propio con México y los surcoreanos eliminaron a Italia. En Francia-1998, Croacia dejó el rótulo de cenicienta y se graduó de candidato al eliminar a Rumania. Y en Estados Unidos-1994, para no ir más atrás en la historia, los rumanos despidieron prematuramente a una Argentina que no supo reponerse de la baja de Diego Armando Maradona.

James Rodríguez es pieza vital de una Selección que  tiene soñando y gozando a toda Colombia (FIFA.com).
James Rodríguez es pieza vital de una Selección que tiene soñando y gozando a toda Colombia (FIFA.com).

Esta vez, sin embargo, los resultados se ajustaron a la lógica. Que se lea bien: los resultados. Porque el trámite de los partidos ofreció mil y una alternativas emocionantes, cambiantes, apasionantes. Brasil, el archifavorito, tuvo que llegar hasta la serie con tiros desde el punto penalti para superar el durísimo escollo de Chile, al que había goleado las dos últimas veces que se habían visto las caras. Holanda, finalista de Suráfrica-2010, no está en casa gracias a las gentilezas de México, que en los tres últimos minutos regaló una victoria que tenía bien guardada en el bolsillo. Antes, eso sí, la Naranja Mecánica tuvo que exprimir hasta la última gota de su jugo, de sus energías.

Costa Rica, que había tumbado con pasmosa suficiencia a Italia y Uruguay, y que no sucumbió contra Inglaterra, pasó las duras y las maduras contra una aguerrida Grecia. Con el partido a su favor, una expulsión trastocó los planes de los pupilos de Jorge Luis Pinto y los obligó a llegar a los disparos desde el punto penalti. Allí, afortunadamente para ellos, exhibieron una jerarquía que no se les conocía. Francia, que venía embalada, necesitó 80 minutos para descifrar el acertijo que supuso una inofensiva Nigeria, a la que la falta de punch le impidió soñar con algo mejor. ¿Y Alemania? Lo suyo fue un canto al sufrimiento. Qué descompuesto, a ratos, se vio el cuadro de Joakim Loew, al que los rivales africanos le cuestan un ojo de la cara (no olvidar el partido contra Ghana, en primera fase).

Los alemanes se salvaron en los 90 minutos reglamentarios por la buena actuación del portero Manuel Neuer y la falta de pericia de los argelinos, que rebosaron méritos para alzarse con la victoria. Perdonaron, y eso es algo que contra Alemania se paga, y caro. Y Bélgica, el último pasajero del bus, también tuvo que sudar la gota gorda frente a Estados Unidos. Lo pudo definir con comodidad antes de la prórroga, pero fue incapaz y le tocó exigirse al máximo. Y luego, cuando se puso 2-0, permitió el descuento y terminó pidiendo tiempo. Es, en todo caso, un equipo de tradición que, junto con Holanda, tiene ansias de revancha.

El que menos sufrió, o quizás el único que gozó, fue Colombia. Uruguay no fue el duro rival que se esperaba y de la mano de un genial James Rodríguez la Tricolor hizo historia al asegurarse un quinto partido por primera vez en sus cinco participaciones en la Copa Mundo. Con una madurez que sorprende, con una magistral conducción del técnico José Néstor Pékerman, Colombia adquirió chapa de candidato y ahora hasta hay quienes apuestan por que elimine a Brasil.

Ángel Di María le arrebató protagonismo a Messi, del que se convirtió en socio ideal (FIFA.com):
Ángel Di María le arrebató protagonismo a Messi, del que se convirtió en socio ideal (FIFA.com):

Esa formidable producción de Colombia, que es fruto de un trabajo colectivo, tiene un pico alto, muy alto, que se llama James Rodríguez. El zurdo cucuteño, al que muchos tildaban de biche para asumir la responsabilidad de llevar esa camiseta 10 que el Pibe Valderrama paseó con lujo de detalles por doquier, es la gran figura de lo que va corrido del Mundial. Y no solo de Colombia, y no solo por sus cinco goles que lo convierten en el máximo anotador del certamen, sino por una sumatoria de cualidades y méritos. Al cabo de la primera fase decíamos que tenía todo para ganar el trofeo que la FIFA le entrega al mejor joven, pero rápidamente ascendió un escalón y ahora opta por el de figura del torneo. Para seguir aspirando, eso sí, necesita que Colombia llegue a las semifinales, al menos, porque nunca se entregó el premio a un jugador integrante de un equipo que no estuvo entre los cuatro más destacados.

Neymar y Messi, los candidatos naturales, ahí siguen en carrera, pero unos pasitos detrás del colombiano. El brasileño, inclusive, tiene en duda su continuidad en el certamen, pues arrastra molestias físicas que a esta altura del torneo significan despedida prematura. Contra Colombia va a jugar, pero corre el riesgo de protagonizar episodios que ya vimos antes, es decir, jugadores a los que el cuerpo no les aguanta más y terminan relegados. Es, en todo caso, el mejor de Brasil, prácticamente la única cuota de talento y desequilibrio, como quedó reflejado contra México y Chile.

Messi, que contra Suiza por primera vez no marcó en el torneo, también labra su camino. Muchos pretenden que cada vez que agarra el balón repita el segundo gol de Diego Armando Maradona contra los ingleses en 1986, pero eso no es posible. Él, en cambio, con gran inteligencia y humildad, ha puesto todo su talento al servicio del colectivo, al punto que Di María ha conseguido arrebatarle protagonismo. Messi sabe que en Argentina nadie le va a agradecer que él sea goleador y figura si el equipo no está entre los cuatro primeros, algo que no ocurre desde 1990. Por eso, enfocó sus esfuerzos en conducir al conjunto hasta las últimas instancias, y mal no le ha ido.

Además de James Rodríguez, el ramillete ofrece un inesperado miembro: el arquero costarricense Keylor Navas. Aunque no se le pueden restar méritos al colectivo, tampoco a la tarea del técnico Pinto, la verdad es que gran parte de la responsabilidad de que Costa Rica esté entre los ocho mejores del Mundial es de Navas. Esta vez sí que se hace realidad aquella premisa de Gabriel Ochoa Uribe, según la cual un buen equipo se construye a partir de un muy buen arquero. Y Navas lo es. Ahora, eso sí, tendrá un reto supremo: enfrentará la poderosa artillería naranja de Holanda, con Sneijder, Van Persie y Robben. Avanza el Mundial, crece la espuma de las emociones. Y falta lo mejor…

La atajada que consagró a Keylor Navas y puso a Costa Rica en los cuartos de final (FIFA.com).
La atajada que consagró a Keylor Navas y puso a Costa Rica en los cuartos de final (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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