Holanda hurgó en la herida de Brasil

Antes del comienzo del Mundial, Brasil era un equipo admirado por doquier, temido y respetado, y a la vuelta de cuatro semanas es el hazmerreír del fútbol mundial, a nadie asusta y producto de la soberbia y la petulancia se ganó la antipatía de muchos. Holanda, por primera vez, terminó invicta.

LibroSi en la vida al que no quiere caldo se le dan dos tazas, en el fútbol al que no aprende de su prepotencia y su soberbia, al que se niega a ver y reconocer sus errores, al que se preocupa más por lo que hace y obtiene el de enfrente lo golean dos veces seguidas. Y este equipo de Luiz Felipe Scolari, el peor Brasil de la historia de los Mundiales, no aprendió la lección después de caer con Alemania en semifinales y, en el partido por el tercer puesto, ni siquiera pudo salvar el honor: Holanda lo venció por 3-0.

Nunca antes, en la historia de la Copa Mundo, un local había sido goleado dos veces consecutivas. Nunca antes, en la historia de la Copa Mundo, un excampeón mundial había perdido por goleada dos partidos seguidos. Nunca antes, en la historia de la Copa Mundo, un arquero brasileño había encajado 14 goles en una edición. Nunca antes, en la historia de la Copa Mundo, había sido derrotado tres veces por el mismo rival, algo que consiguió Holanda con la victoria de este 12 de julio en el estadio Nacional de Brasilia. Ahora, Brasil hace parte del selecto club que era privilegio de México como los únicos países que albergaron la Copa Mundo en dos ocasiones, pero no la pudieron ganar ante sus hinchas.

El caso de México es entendible, pues se trata de un país que ya ni siquiera en el ámbito de la Confederación Centroamericana y del Caribe (Concacaf) puede hacer valer su poderío. El caso de Brasil es imperdonable, porque en ese país todos dicen que juegan el mejor fútbol del mundo, que tiene los mejores jugadores, que son invencibles, pero esos conceptos quedaron revaluados después de esta penosa participación del otrora poderoso Scratch en la vigésima edición del torneo. Brasil solicitó la sede de la Copa Mundo para limpiar su palmarés y borrar la dolorosa afrenta de 1950, cuando Uruguay lo derrotó en el episodio que se conoce como Maracanazo y se llevó el trofeo.

Sin embargo, lo único que consiguió fue sumar una mancha mayor, más negra aún si es posible, a su palmarés. Nunca nadie podrá quitarle la gloria de los cinco títulos cosechados, pero de igual manera Brasil nunca podrá borrar tales afrentas, especialmente esta del Mundial-2014, un certamen en el que el dueño de casa se empeñó en establecer antirrécords. Lo peor es que antes de que rodara el balón el pasado 12 de junio Brasil era un equipo admirado por doquier, temido y respetado, y a la vuelta de cuatro semanas es el hazmerreír del fútbol mundial, a nadie asusta y producto de la soberbia y la petulancia de algunos de sus integrantes (con el DT Scolari a la cabeza) y de las vergonzosas ayudas de la FIFA para llevarlo en coche hasta las instancias decisivas, se ganó la antipatía de muchos.

Los holandeses, que antes del partido estaban muy disconformes, terminaron sonriendo. Por primera vez, la 'Oranje' acabó invicta en una Copa Mundo (FIFA.com).
Los holandeses, que antes del partido estaban muy disconformes, terminaron sonriendo después de golear 3-0 al peor Brasil de la historia. Por primera vez, la ‘Oranje’ acabó invicta en una Copa Mundo (FIFA.com).

El duelo contra Holanda era preferible no jugarlo, como decían los dos entrenadores. Las heridas provocadas por la eliminación de la final, especialmente en el caso de los anfitriones, aún estaban abiertas y se corría el riesgo de profundizarlas, de causar más dolor. Aunque también era la oportunidad para reivindicarse y despedirse del torneo con una sonrisa dibujada en el rostro, o al menos con la satisfacción de saber que se dejó una impresión positiva. Así lo entendió Holanda, que desde que el árbitro argelino Djamel Haimoudi dio el pitazo inicial salió en procura de la victoria, así el enojo y el sinsabor por verse afuera del partido soñado y condenada al juego que nadie quiere disputar flotara en el ambiente.

A los 3 minutos, luego de que Robin van Persie aguantó el balón de espaldas y esperó a que Arjen Robben picara entre los zagueros, lo habilitó para que encarara mano a mano. Antes de ingresar al área, el torpe Thiago Silva lo derribó y el árbitro, equivocado, pitó penalti. Y más equivocado aún, no expulsó al brasileño, que era el último obstáculo camino del gol. Cobró Van Persie y anotó. Luego, a los 17 minutos, cuando Brasil ya era presa de los nervios y se manifestaba como una fiel copia de la comparsa a la que Alemania le dio un soberano baile, David Luiz rechazó para el centro del área (mejor dicho, hizo un pase-gol) y Daley Blind, zurdo como pocos, tuvo tiempo y espacio para acomodarse y mandarla arriba a un ángulo, con la derecha. Los fantasmas del 7-1, entonces, comenzaron a volar por el escenario y los brasileños, los que estaban en las tribunas y, especialmente, los que estaban en el campo de juego, se llenaron de pánico.

Pero, para fortuna de este Brasil, Holanda no es Alemania. No lo es, al punto que poco o nada más se arrimó con peligro al arco de Julio Cesar (que en este Mundial fue un peligro para su peligrosa defensa) y permitió una tímida reacción del dueño de casa. A diferencia de lo ocurrido contra los germanos, esta vez Brasil expuso al menos una mínima dosis de vergüenza, de pundonor deportivo, de amor propio. Y eso, cuando se carece absolutamente de argumentos futbolísticos, como es el caso del elenco de Scolari, es lo mínimo que se le puede exigir a un equipo, lo mínimo que puede ofrecerles a sus hinchas un grupo.

Agobiados por la derrota, nublados por la prepotencia y la soberbia, los jugadores brasileños abandonaron el campo sin esperar que los holandeses recibieran las medallas por haber alcanzado el tercer lugar. ¡Malos perdedores! (FIFA.com)
Agobiados por la derrota, nublados por la prepotencia y la soberbia, los brasileños abandonaron el campo sin esperar que los holandeses recibieran las medallas por haber alcanzado el tercer lugar. ¡Malos perdedores! (FIFA.com).

Curiosamente, este partido tuvo muchas similitudes con el que Brasil disputó, y perdió, hace justamente 16 años (también un 12 de julio), en la final de Francia-1998 contra el dueño de casa. Aquella vez, se recuerda, el astro Zinedine Zidane mató las ilusiones auriverdes con dos tantos de cabeza en tan solo 18 minutos (27 al 45). Luego, el encuentro entró en un letargo, en un ir y venir sin ton ni son, porque la incapacidad del perdedor era abrumadora. Y solo regresaron las emociones en tiempo de reposición, cuando Petit, un volante que pocas veces pisaba el área rival y que muchas menos anotaba un gol, clavó el puntillazo.

Esta vez, el libreto se repitió casi al pie de la letra. El segundo tiempo fue para el bostezo, porque Holanda se conformó con el resultado a su favor y le entregó la responsabilidad a Brasil, a ver qué era capaz de hacer. Pero, claro, la responsabilidad le pesó mucho a este equipo tan discreto y, obvio, no fue capaz de hacer algo. Entonces, la Oranje se animó en el cierre del partido y Georginio Wijnaldum, una de las más gratas relevaciones de sus filas y del torneo, encontró premio a su esfuerzo y sacrificio: recogió un pase de Daryl Janmaat y clavó el lapidario 3-0. Misma fecha, mismo libreto, mismo desarrollo, mismo fantasma, mismo marcador.

Aunque antes de comenzar el encuentro a los holandeses se les notaba que estaban allí solo por obligación, por un deber profesional, al final se olvidaron de las penurias vividas y disfrutaron el triunfo. Por primera vez en la historia de sus participaciones en la Copa Mundo, la Oranje terminó invicta. Aunque esta versión está lejos, muy lejos de aquella de los años 70 que instauró el concepto del fútbol total y que le dio lustre al apelativo de Naranja Mecánica, al menos encontró un consuelo por partida doble: el tercer lugar a costa del dueño de casa y el regreso a casa con la satisfacción de saber que ninguno de sus rivales pudo derrotarla.

Brasil concluyó de la misma manera que lo había hecho contra Alemania: completamente desconsolado y sin encontrar respuestas a tantos interrogantes. Fruto de la mentalidad de su DT, el otrora Scratch asumió este partido como si nada hubiera pasado en el anterior, como si su obligación fuera cumplir con el calendario, como si no se hubiera preparado esta fiesta para volver a alzar el trofeo. Peor aún, demostró que le va a ser muy difícil digerir el desenlace y las derrotas, porque nunca aprendió a perder, y se despidió del torneo con el rabo entre las piernas, cabizbajo, sin siquiera tener la cortesía de acompañar a su rival mientras recogía los trofeos que bien se había ganado. Derrotados deportiva y moralmente, los jugadores brasileños voltearon la espalda y, en un gesto de prepotencia y arrogancia (ausencia absoluta de Juego Limpio), se fueron a llorar su pena en el camerino.

Afortunadamente para Brasil se acabó su participación en el Mundial, aunque por lo visto contra Holanda es casi seguro que las tristezas, los golpes y las vergüenzas van a continuar. La escandalosa goleada que Alemania le propinó a Brasil es el mejor argumento para cortar de un tajo esta tendencia negativa, para terminar con esta nefasta tendencia que ya acabó con el jogo bonito y está camino de acabar también con el fútbol brasileño. Pero ni las autoridades de la Confederación Brasileña de Fútbol, ni mucho menos el DT Scolari lo ven así. Es cierto que la vida continúa a pesar de las dificultades, de los malos momentos vividos, de los dolores sufridos; lo que no puede ocurrir es que la vida siga igual, como si nada hubiera ocurrido. En Brasil estaban convencidos de que lo de Alemania fue un accidente y se tragó otra goleada…

Sin respuestas futbolísticas, Brasil volvió a ser la misma comparsa a la que Alemania le dio un soberano baile. Holanda la despidió con otra goleada (FIFA.com).
Sin respuestas futbolísticas, Brasil volvió a ser la misma comparsa a la que Alemania le dio un soberano baile. Holanda, que jugó a media marcha la mayor parte del tiempo, la despidió con una nueva goleada (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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