Gracias a Dios, Pékerman no es colombiano

Esta brillante generación de futbolistas, que en otras manos navegaba a la deriva, hoy nos llena de orgullo y nos brinda grandes alegría. Y, lo mejor de todo, se comporta dentro y fuera del campo de acuerdo con el libreto diseñado por el DT argentino.

LibroLo mejor que tiene José Néstor Pékerman, el DT de la Selección Colombia en el Mundial de Brasil-2014, es que es argentino. Y no precisamente porque haya nacido en aquel país del sur del continente, que entre los colombianos despierta amores y odios, sino porque no nació en nuestro bello territorio. Eso significa que es ajeno al tropicalismo, a las pasiones extremas, a los análisis apresurados, al triunfalismo sin límite, a las polarizaciones que nos caracterizan. Y eso, está claro, es lo mejor que le puede ocurrir al equipo que nos representa en la Copa Mundo.

No había terminado de sonar el silbato del árbitro inglés Howard Webb para dar por terminado el partido del pasado 19 de junio contra Costa de Marfil cuando ya los medios de comunicación del país y los hinchas a través de las redes sociales estaban ‘ganando’ el partido de los octavos de final. Y desde ese día, ríos de tinta han corrido y cientos de miles de bytes se han llenado indicando cuál es la estrategia indicada (la tangente del rombo cuadrado de la hipotenusa de la defensa) para vencer a un rival ¡del que todavía no se sabe el nombre!

Vieja es esa maña de los colombianos, especialmente de los aficionados al fútbol, y hoy en día de los medios de comunicación, de querer ser los primeros en todo. Adivina adivinador, para después poder cobrar con el consabido ‘Yo ya lo había dicho’. Para que a la hora de la verdad todo salga al revés y, entonces, toque salir a dar explicaciones que nadie entiende o, peor aún, a acomodarse con más pericia que un borracho en un sofá estrecho. Y nos queda un mal sabor, un recuerdo negativo, porque los hechos no ocurrieron de la forma en que los teníamos previsto. No sabemos disfrutar los momentos felices, porque vivimos preocupados de los malos que pueden llegar.

Pékerman, mientras, vive en un planeta muy distinto al de muchos de los colombianos. Para empezar, anda con los pies sobre la tierra (aquí la mayoría levita), no pierde la perspectiva de los hechos, no se obnubila con los resultados, no se deja arrastrar por las emociones de los acontecimientos. Es un ser humano, claro, que sufre, que llora, que ríe, que se alegra, que se equivoca, que se preocupa, pero todo en la debida medida, en su momento, con mesura, a sabiendas de que en la vida, y muy especialmente en el fútbol, cada partido es una historia diferente. Y ese es un mensaje que desde que desembarcó en el aeropuerto Eldorado, a comienzos de 2012, les transmitió a los jugadores. Y caló.

Ríe José Néstor Pékerman, gana la Selección Colombia, goza todo el país (FIFA.com).
Ríe José Néstor Pékerman, gana la Selección Colombia, goza todo el país (FIFA.com).

El grupo con el que Pékerman logró la clasificación al Mundial, después de un ayuno de 16 años, es prácticamente el mismo que había estado en las eliminatorias a Suráfrica-2010 y, especialmente, el mismo que con Leonel Álvarez iba camino de un nuevo fracaso. Pero desde que el DT argentino asumió, el comportamiento de los jugadores cambió radicalmente, especialmente en el campo de juego, y para bien. Hasta los directivos, que históricamente tiraron para su lado y convirtieron la Selección en un negocio particular, se alinearon con el argentino. Y, claro, desde algunos círculos, desde la mayoría de los medios de comunicación, volaron rayos y centellas.

Las críticas no se hicieron esperar y a Pékerman le reprocharon hasta el aroma de la colonia que usaba. Y el DT se la bancó, como dicen los argentinos, y jamás respondió a las provocaciones, que fue lo más importante. Se blindó y blindó al grupo, manteniéndolo alejado del mundanal ruido, de los ególatras de las cámaras y el micrófono, y se dedicó a hacer la tarea por la cual llegó al país: a trabajar, trabajar y trabajar. Un estilo al que los colombianos no estamos acostumbrados y al que hoy todavía algunos no se acomodan. Afortunadamente, los resultados le dieron la razón al entrenador y la Selección Colombia vive un presente que nos hace felices a la gran mayoría, a los hinchas de la Tricolor.

Un presente que, muy especialmente este 24 de junio, hay que vivir en el día a día, es decir, en lo que los técnicos del fútbol argentino llaman el paso a paso: primero el encuentro contra Japón, en el estadio Arena Pantanal de Cuiabá, y después nos preocupamos de lo que pueda ocurrir en la fase de octavos de final en Río de Janeiro o Recife. Y que toque el rival que sea, porque al fin y al cabo eso es algo que está más allá de nuestros deseos: Italia, Costa Rica o Uruguay, el que sea, será el contendor más duro que se pueda encontrar y habrá que enfrentarlo con respeto, pero sin miedo.

El grupo de jugadores se apropió del discurso del DT y ahí están los resultados (FIFA.com).
El grupo de jugadores se apropió del discurso del DT y ahí están los resultados (FIFA.com).

A millones de jóvenes colombianos que están disfrutando por primera vez de un Mundial con Colombia entre los participantes les resulta difícil entender lo que ocurrió en la década de los 90 con esa fantástica generación encabezada por Carlos ‘Pibe’ Valderrama, quizás más brillante que la actual. Y no es una tarea fácil explicar por qué teniéndolo todo alcanzaron tan poco, o al menos no tanto como podrían haber logrado. Es, entonces, cuando hay que voltear la mirada hacia este grupo que dirige Pékerman y agradecer que el mensaje del DT les haya calado tan hondo, se haya convertido en un libreto de vida para estos nuevos héroes nacionales.

Una de las razones por las cuales los equipos de Pacho Maturana y Bolillo Gómez se quedaron en la mitad del camino es que se incorporaron al carnaval de hinchas y medios de comunicación. Fueron los payasos útiles de un circo en el que, a la postre, fueron también los únicos perdedores. Se dejaron enredar en la parafernalia mediática, en la figuración farandulera, en el festín de dinero que brotaba por doquier, y eso que todavía no existían Facebook ni Twitter. Por eso, entonces, cuando llegaban al Mundial, cuando llegaban los partidos, el fútbol era lo menos importante, era su última prioridad. Y nos fue como nos fue.

Hoy, en cambio, el blindaje implementado por Pékerman tiene perfectamente protegido el grupo. No hay distracciones (al menos, no más de las normales, de las necesarias, de las positivas) y dentro del grupo no se compite por ser el más popular, el más entrevistado, el más… Desde Faryd Mondragón (el único con experiencia mundialista) y Mario Yepes, los más experimentados, hasta Santiago Arias y Éder Álvarez Balanta, los más biches, el grupo sigue al pie de la letra el libreto de Pékerman y vive el día a día, el paso a paso. Los partidos solo se juegan cuando el equipo sale al campo, no con la anticipación que lo hacen aficionados y medios de comunicación.

Tras 16 años de espera, llegó un día en el que Colombia regresó a la Copa Mundo, y fue una gran felicidad: goleada 3-0 sobre una Grecia de la que decían nadie le marcada más de un gol. Luego, confirmación con otro triunfo (2-1) sobre Costa de Marfil, a la que habían vendido como el coco negro, que nos iba a pasar por encima con su fortaleza y potencia. Y llegó Japón, el presente este 24 de junio. Noventa minutos para vivir, sufrir y disfrutar como si fueran los primeros, como si fueran los últimos. Y para festejar con decencia si se gana, tragar con resignación si se pierde, que ya habrá tiempo para pensar en el próximo partido. Gracias a Dios, Pékerman no es colombiano…

La mancha amarilla está otra vez de fiesta: juega la Tricolor (FFA.com).
La mancha amarilla está otra vez de fiesta: juega la Tricolor (FFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Un comentario sobre “Gracias a Dios, Pékerman no es colombiano”

  1. Don nono que bien escribe usted,gracias por estos artículos ,lástima que seamos pocos los que tenemos el gusto de disfrutarlos,lástima que el el tiempo prefieran lo que tienen y no la excelente calidad como la suya.feliz dia

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