¡Nos faltan cinco centavitos para Rusia-2018!

Colombia no jugaba bien, pero era superior a Paraguay. Era el único que había hecho algo por el triunfo, pero no supo capitalizar las opciones. Logró un sufrido gol y, qué ironía, no lo supo aguantar. Ahora, a resetear la cabeza y viajar a Lima a echar los restos.

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018Pocas veces antes aquello de que la vida cambia en un abrir y cerrar de ojos fue tan cierto, tan dolorosamente cierto. Sin brillantez, con varios gritos de gol atragantados en la garganta, pero con un desahogo del corazón después del gol de Radamel Falcao García, Colombia vencía a Paraguay y clasificaba a Rusia-2018. Sin embargo, parpadeó y en solo 3 minutos vio cómo el visitante volteó el marcador para ganar 2-1.

Ahora, aunque sigue dependiendo de sí misma (¡Increíble!), existe la posibilidad de que el equipo de José Pekerman se quede por fuera de la próxima Copa Mundo. ¿Cómo se daría esto? Si Colombia cae en Perú y a ese resultado se suman triunfos de Argentina contra Ecuador y de Paraguay frente a Venezuela, la Tricolor caería al sexto puesto. Ni Mundial, ni repesca: ¡sin el pan y sin el queso! Ese, claro, es el peor de los escenarios.

Una victoria o un empate en Lima, frente al duro Perú de Ricardo Gareca, aliviarían las penas. Esos dos resultados garantizan el viaje a Rusia el año próximo, salvo que los guaraníes le propinen a la Vinotinto una goleada de características históricas (7-0), lo cual se antoja improbable a estas alturas. Una derrota, inclusive, alcanzaría para mantener viva la ilusión, aún de manera directa: si no ganan Argentina y Paraguay el martes.

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No fue bueno el partido de James Rodríguez, cuya claridad, liderazgo y jerarquía se echaron de menos (FIFA.com).

Es más: Colombia puede darse el lujo de perder y tener la chance de jugarse el cupo contra Nueva Zelanda, el próximo mes de noviembre en la repesca, si solo hay un vencedor entre argentinos y paraguayos. La mala noticia es que, si se sufre otra derrota y la Albiceleste y la Albirroja triunfan, nos despedimos de la fiesta ecuménica. Este juego de probabilidades, doloroso y sufrido, se llegó por culpa de un inoportuno parpadeo.


¡Que sea un día de fiesta, uno inolvidable, Colombia!


Setenta y nueve minutos se demoró Colombia en abrir el cerrojo paraguayo. Y no porque fuera infranqueable, sino porque se conjugaron dos factores: el desacierto de los finalizadores y las atajadas del portero Ánthony Silva, figura del partido. A cuenta gotas, producto de esporádicos chispazos, Colombia había hecho méritos para ir arriba en el marcador, pero ya sabemos que en el fútbol los méritos y la justicia no juegan.

James Rodríguez jugó un flojo partido, sin claridad, sin desequilibrio. Juan Guillermo Cuadrado se dejó llevar por la ansiedad y fue más lo que chocó con los defensores rivales que lo que aportó en ataque. Y Edwin Cardona volvió a demostrar (¡otra vez, una más, otra más!) que no es jugador de selección por su frialdad, por su apatía, por su pecho frío. Y Falcao, abandonado a su suerte entre la zaga visitante, no podía hacer milagros.

Se requería algo más, un plus que ninguno de los jugadores que estaba en el campo estaba en capacidad de entregar. De ahí que el técnico Pekerman se la jugó por Teo Gutiérrez, el consentido de la casa, en lugar de Cuadrado. Pronto, sin embargo, se dio cuenta de que esta modificación no había dado resultado (Teo parecía un turista en el Carnaval) y, entonces, echó mano de Yimmy Chará, que ocupó el lugar de Cardona.

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Carlos Sánchez fue de más a menos, por el cansancio. Es uno de los comprometidos en los golpes de Paraguay (FIFA.com).

A diferencia del juego anterior, Chará mostró ganas y personalidad, pidió la pelota y se atrevió a asociarse en ataque. Y fruto de un magistral pase suyo, que tomó a la defensa a contrapié, Falcao enfrentó mano a mano al arquero Silva y lo venció. ¡Se prendió la fiesta!, porque el 1-0 aseguraba la inscripción en Rusia-2018. Pero, claro, había que terminar la tarea, había que cerrar el partido, había que evitar sorpresas. Y no se pudo.

Cuando había que tener el balón, cuando había que juntar las líneas para no darle espacios al rival, cuando había que tener tranquilidad en el tránsito de la pelota, Colombia se equivocó. Parpadeó y perdió. En los dos goles está comprometido el arquero David Ospina, que no suele fallar así, pero esta vez pifió feo. Pero, con él, se compromete todo el sistema defensivo, volantes incluidos, por la pasividad, por las facilidades concedidas.


Día D-1 en la eliminatoria, con varias ‘finales mundiales’


Es increíble que Paraguay empate con un lanzamiento del arquero rival, una jugada que suele ser resulta con simpleza por la defensa. Y más increíble resulta que, en tiempo de reposición, a sabiendas de que el empate no es un mal negocio, se regale un balón que deja mal librada a la zaga y, de nuevo, Ospina dé papaya. En el minuto 89 era victoria y fiesta; en el 90, un empate con sabor agridulce; en el 90+2, una dolorosa derrota.

Faltó tranquilidad, faltó intensidad en esos últimos minutos, faltó un jugador que se atreviera a dar una patada e impusiera respeto, faltó inteligencia para provocar faltas lejos del arco. Pero, sobre todo, faltó jerarquía. Y esa, claro, no la venden en las droguerías, no se aprende, no se transmite: se posee o no se posee. Y en el caso de varios jugadores de esta Selección es claro que no hay jerarquía, más allá de que jueguen en el exterior.

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Pésimo partido el de Edwin Cardona (21), de exasperante frialdad, de vergonzosa pasividad. Se demoraron en relevarlo (FIFA.com).

En la víspera, se temía por el poderío que Paraguay había exhibido en sus victorias en Santiago y Buenos Aires, pero el que jugó este martes contra Colombia en Barranquilla fue distinto. Fue el Paraguay de eliminatorias anteriores, demasiado precavido, limitado a un contragolpe, sin mayor ambición. Ni siquiera cuando estuvo en desventaja reaccionó, y solo espabiló luego del tanto del empate, que le indicó que podía ir por más. Y fue.

A diferencia del camino hacia Brasil-2014, que estuvo colmado de alegrías y festejos, aunque la clasificación solo se pudo celebrar en la penúltima jornada, rumbo a Rusia-2018 Colombia no ha hecho algo distinto a sufrir. Y tendrá que aportar una dosis extra de sacrificio, de dolor, si quiere acudir a la próxima Copa Mundo. El alumno desaplicado perdió el examen final y, para no perder el curso, deberá aprobar el remedial.

Durante 10 minutos, Colombia vibró con una eventual clasificación al Mundial, que luego se escapó como el agua entre los dedos. No se jugaba bien, pero claramente era superior a un pobre Paraguay. Era el único que había hecho algo por el triunfo, pero no supo capitalizar las opciones. Logró un sufrido gol y, qué ironía, no lo supo aguantar. En un abrir y cerrar de ojos dejó escapar los puntos y le echó leña a la hoguera del sufrimiento.

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Radamel Falcao García nos puso a celebrar con su gol, pero no alcanzó, increíblemente fue insuficiente. Él cumplió (FIFA.com).

Hay una oportunidad más, sin embargo, esta sí la última, frente a Perú. Ya se dijo: se puede clasificar incluso perdiendo, pero esas son unas cuentas masoquistas. Solo queda resetear la cabeza (los jugadores, el técnico, los hinchas), digerir el trago amargo e ir a Lima a tratar de sacar provecho del dueño de casa, que es el de la obligación. Y echar los restos, lo que quede, porque después del martes 10 de octubre ya no habrá mañana.

Esta nueva versión de la Selección, que no termina de cuajar, que el técnico no terminar de construir, está frente al dilema de su vida: clasificar e inmortalizarse o permitir que la eliminen y pasar al baúl de los amargos recuerdos, una versión más de la tan colombiana fábula de “Nos faltaron cinco centavitos para el peso”. A pesar de sus limitaciones, a pesar de sus errores, Colombia depende de sí misma para clasificar a Rusia-2018. ¡Increíble!

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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