Es día de fiesta, porque juega la Tricolor

Colombia se enfrenta a Costa de Marfil con la mira puesta en los octavos de final. Apegarse a la identidad de su juego será la clave para obtener un buen resultado.

LibroCuando rodó el balón en el estadio Mineirao de Belo Horizonte el pasado sábado, uno podría pensar que la ansiedad de los aficionados colombianos había llegado a su fin. Después de casi 16 años de espera, la Selección Colombia regresó a la Copa Mundo y lo hizo por la puerta grande: goleó 3-0 a Grecia, confirmó sus buenos antecedentes y respaldó su chapa de candidato. La ansiedad, sin embargo, aumentó al cabo de esos 90 minutos y ahora que la cita es en Brasilia, contra la temible Costa de Marfil, los corazones continúan latiendo más rápido que de costumbre.

Los primeros cinco días del Mundial de Brasil-2014 fueron como el primer asalto de una pelea de boxeo: de estudio para la mayoría de los competidores. Algunos, sin embargo, flaquearon y quedaron literalmente al borde del nocaut. Otros, en cambio, ganaron los puntos y reforzaron la confianza, como fue el caso de Colombia. La segunda ronda de enfrentamientos, en todo caso, suele ser más interesante que la primera, por varias razones: es posible que algunos sentencien el prematuro regreso a casa, como ocurrió con Australia, España y Camerún.

Puede hablarse de sorpresas, de que el nivel del fútbol mundial se niveló, de que los ciclos exitosos ahora son más cortos, en fin. Argumentos puede haber mil y uno, pero lo único cierto es que aquella vieja premisa de que en primera ronda gano un partido y empato otro y estoy en los octavos de final ya no es tal. Por eso, la segunda salida ha adquirido mayor importancia, así en la primera se haya ganado. Por eso, entonces, Colombia está en vigilia, a la espera de que el controvertido árbitro inglés Howard Webb dé el pitazo inicial en el estadio Nacional Mané Garrincha de Brasilia y comience la función contra los ‘elefantes’ africanos.

A pesar de los baches en el juego, especialmente en el primer tiempo, el balance de Colombia contra Grecia fue satisfactorio, más allá del resultado. Lo fue, principalmente, porque el grupo, conformado en su totalidad por novatos, respondió a las expectativas, a la responsabilidad, a la ilusión, y superó a un duro rival. Lo cierto, en todo caso, es que los europeos son el escollo menos difícil en este tránsito, porque el estilo de juego de Costa de Marfil y de Japón es de aquellos que puede provocar que Colombia refunda el libreto de su juego. Y cuando eso ocurre, se abre la puerta a las noticias desagradables.

Colombia le dio vida a Grecia cuando no se adueñó del balón, cuando jugó en el estilo y al ritmo que les servía a los helénicos. Luego, cuando se aplomó, cuando James Rodríguez apareció, cuando sus compañeros se asociaron, cuando hubo movilidad, se vio la mejor versión del elenco dirigido por José Néstor Pékerman. Una versión que ojalá se repita este jueves 19 de junio a lo largo de los 90 y pico minutos de juego para asegurar de una vez la clasificación y, entonces, acabar con esa ansiedad que produce una sensación parecida a la de las mariposas en el estómago cuando uno se enamora.

El único error que no puede cometer la Tricolor es entrar en el juego de Costa de Marfil. ¿Eso qué significa? No puede jugar al pelotazo, no puede entrar en el choque o en el enredo en la mitad del campo, no puede abusar del juego aéreo en ataque. Más que en cualquier otro partido, en este los discípulos de Pékerman deben ser muy disciplinados y, sobre todo, muy fieles al estilo que les permitió acabar con el ayuno de 16 año sin acudir a la Copa Mundo y que les brindó la posibilidad de debutar con una victoria. Apelar a su ADN futbolístico, a la tenencia del balón con cambio de ritmo, profundidad y sorpresa es, entonces, la fórmula del éxito.

Un hecho interesante del partido es que ambos vienen de ganar (los africanos derrotaron 2-1 a Japón). Entonces, dentro de lo normal, ninguno estaría interesado en especular y, más bien, los dos deben buscar una victoria que, de una vez por todas, les asegure un lugar entre los 16 mejores del torneo. Contra rivales africanos, Colombia acredita una victoria y una derrota. La celebración fue contra Túnez, en Francia-1998 y la derrota, contra Camerún en los octavos de final de Italia-1990. Y es claro que Costa de Marfil se parece más a Camerún que a Túnez, por lo que no puede esperarse un partido fácil.

Para aquellos que creen en agüeros, el 19 de junio en los Mundiales ofrece un muy grato recuerdo para Colombia. Esa fecha, en 1990, se dio el épico empate 1-1 contra Alemania, que permitió avanzar a la segunda ronda. Fue el día del fantástico gol de Freddy Rincón, en tiempo de reposición, en el estadio Giuseppe Meazza, de Milán. Para quienes se apegan a las estadísticas, una mala noticia: siempre después de una victoria en la Copa Mundo Colombia continuó con una derrota. Habrá que esperar, entonces, el desarrollo de los 90 minutos de juego para saber cuál de los dos antecedentes se confirma.

Lo claro es que, sin importar el resultado del partid contra Costa de Marfil, frente a Japón, el martes de la próxima semana, Colombia gozará de otra oportunidad para asegurar la clasificación, si es necesaria. Lo importante es no perder la perspectiva, entender que se trata de un Mundial, aceptar que cualquier país es un rival al que se debe ofrecer respeto y confiar en las capacidades de este grupo, que tantas alegrías no ha dado a los colombianos en los dos últimos años. Es un día de fiesta para Colombia, porque juega la Tricolor, y los corazones palpitan más rápido que de costumbre…

Brasilia será colombiana por un día, como ya lo fue Belo Horizonte (FIFA.com)
Brasilia será colombiana por un día, como ya lo fue Belo Horizonte (FIFA.com)

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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