El título de la Selección Colombia

Un título deportivo es algo que marca un momento de la vida, pero una vida marcada por los valores que nos enseñó esta Selección Colombia es la felicidad más grande a la que se puede aspirar.

LibroLa vida en ocasiones nos da mucho menos de lo que esperamos y por eso andamos por ahí pidiéndole cuentas, exigiéndole que se ponga al día. Esta vez, sin embargo, recibimos más, bastante más de lo que el sempiterno optimismo colombiano hubiera podido imaginar. La larga y angustiosa espera, de casi 16 años, se vio largamente recompensada con esa fantástica actuación de la Selección Colombia, que acumuló tantos méritos que se puso en boca de todos en el planeta fútbol, a la par de los finalistas, por encima de los más encopetados.

Tras una excelente eliminatoria y de haber recibido el honor de encabezar un grupo, en virtud de su lugar en el ranquin de la FIFA, es cierto que las expectativas eran altas. Llegar a los cuartos de final, una instancia en la que jamás Colombia había conseguido inscribir su nombre, no era descabellado. Inclusive, el récord de Faryd Mondragón estaba entre los planes, pero a nadie se le hubiera ocurrido pensar que James Rodríguez iba a terminar como goleador, con la Bota de Oro en sus manos, o que Juan Guillermo Cuadrado iba a ser líder de asistencias en el torneo.

“Saber que se puede, querer que se pueda, quitarse los miedos, sacarlos afuera, pintarse la cara color esperanza, tentar al futuro con el corazón”, dice una estrofa de la canción Color esperanza, compuesta e interpretada por el argentino Diego Torres. A comienzos de 2012, cuando desembarcó en el aeropuerto Eldorado para asumir las riendas de la Selección Colombia, el DT argentino les enseñó a los jugadores colombianos que se puede, si se quiere; que los miedos hay que expiarlos, que no hay un futuro distinto al que somos capaces de construir. La eliminatoria fue la mejor muestra: después de un comienzo lleno de incertidumbre, se pasó a un final pletórico de felicidad.

Colombia fue uno de los cuatro equipos que terminó la primera ronda con récord perfecto de 9 puntos, junto con Holanda, Argentina y Bélgica. Como si fuera un fogoso potrillo en medio de una extensa y retadora pradera, continuó su elegante galope con una victoria que quedará para la posteridad: contra Uruguay, fue la primera vez que la Tricolor venció a un excampeón mundial. Y se llegó a esos cuartos de final que parecían tan lejanos, para enfrentar nada menos que a Brasil, el dueño de casa, el favorito de siempre, el que en el pasado infundía temor y respeto. Y se le enfrentó con mucho respeto, el que merece cualquier rival, pero a sabiendas de era posible derrotarlo.

James Rodríguez fue la gran figura de un equipo que fue protagonista de la Copa Mundo. Fue un mes inolvidable,una motivación para las nuevas generaciones (FIFA.com).
James Rodríguez fue la gran figura de un equipo que fue protagonista de la Copa Mundo. Fue un mes inolvidable,una motivación para las nuevas generaciones (FIFA.com).

“Es mejor perderse que nunca embarcar, mejor tentarse a dejar de intentar, aunque ya ves que no es tan fácil empezar. Sé que lo imposible se puede lograr, que la tristeza algún día se irá y así será la vida cambia y cambiará”, continúa el popular tema de Torres, que ha servido de inspiración de muchos episodios con final feliz. Cuando Colombia abandonó el terreno de juego del estadio Mineirao, de Belo Horizonte, tras caer 1-2 con un descompuesto Brasil, parecía la derrota más dolorosa de todas. Con el paso de los días, sin embargo, con el desarrollo de las semifinales y la final, logramos entender que se había cometido una gran injusticia, pero que fue lo mejor que le pudo pasar a la Selección.

Cuando Colombia salió de Brasil, de vuelta a casa, la alegría y el buen fútbol tomaron un asiento en el mismo avión, en primera clase. El torneo continuó, porque así debía ser, y Alemania salió campeón porque había que consagrar uno, pero fue de Colombia, de sus jugadores, de su juego, de su honestidad y su espíritu que se habló durante esos días. “Sentirás que el alma vuela por cantar una vez más, vale más poder brillar que solo buscar ver el sol”, termina la composición de Diego Torres, que parece premonitoria. La huella que Pékerman y sus muchachos dejaron en el Mundial de Brasil-2014 se había tatuado en el corazón de los hinchas de todo el mundo, que los acogieron con cariño, que les agradecieron haber enaltecido el juego, que les reconocieron su lealtad y pundonor. Por eso, a la hora de los balances, el nombre de Colombia brilló con intensidad.

Thomas Mueller, Lionel Messi, Neymar y Robin van Persie, estrellas consagradas del fútbol internacional, se quedaron cortos. Por más que disputaron dos partidos más que el colombiano (a excepción del brasileño, lesionado), no pudieron darle caza. Así, James, el de la sonrisa contagiosa, el del llanto conmovedor, el del corazón esperanzador, se consagró como el máximo anotador de la Copa Mundo. A Colombia, en un no declarado desagravio de la FIFA luego del despojo de que fue objeto contra Brasil, le entregó el premio al Juego Limpio que esta vez, como nunca antes, lo recibió al único equipo que lo merecía.

El técnico José Pékerman le enseñó al grupo, y a través de él al país, que los sueños solo son imposibles de alcanzar cuando no se lucha. Y si se lucha, la recompensa en mayor que alcanzarlos (FIFA.com).
El técnico José Pékerman le enseñó al grupo, y a través de él al país, que los sueños solo son imposibles de alcanzar cuando no se lucha. Y si se lucha, la recompensa en mayor que alcanzarlos (FIFA.com).

La vida en ocasiones nos da menos de lo que esperamos y por eso andamos por ahí pidiéndole cuentas, exigiéndole que se ponga al día. Esta vez, sin embargo, recibimos más, bastante más de lo que el sempiterno optimismo colombiano hubiera podido imaginar. Tras 16 años, Colombia regresó a la Copa Mundo y lo hizo por la puerta grande: por allí entró, por allí salió (que es más importante). Mostró un fútbol que enamoró, un corazón que contagió, un espíritu que conmovió; puso a bailar a los colombianos, inyectó la alegría del Ras tas tas en el resto de hinchas del planeta fútbol; exigió lo mejor a los comentaristas más avezados del mundo para evitar caer en los lugares comunes a la hora de relatar sus hazañas, de hablar de sus protagonistas.

La larga y angustiosa espera, de casi 16 años, se vio largamente recompensada con esa fantástica actuación de la Selección Colombia, que acumuló tantos méritos que se puso en boca de todos en el planeta fútbol, a la par de los finalistas, por encima de otros muy encopetados. Los alemanes están felices porque ganaron el título, el cuarto de su historia. Pero salvo Costa Rica y Colombia, todos los demás regresaron a casa con una mueca dibujada en el rostro, con el ceño fruncido por la frustración. Costarricenses y colombianos superaron las expectativas, dieron muestras de una desconocida grandeza y marcaron puntos altos que ahora son una motivación para las nuevas generaciones.

Los colombianos tenemos la característica de sentirnos felices por muchos motivos, por pequeñas cosas, por logros insignificantes. Esta Selección Colombia, por el contrario, nos enseñó a soñar en grande, nos demostró que es posible alcanzar lo impensado, nos hizo sentir una felicidad que nunca antes habíamos experimentado, nos dejó claro que a pesar de vivir en el país de la diversidad somos uno solo. La alegría vivida durante este mes, el fantástico recibimiento que se le brindó al equipo (a cada lugar adonde llegó un jugador, la multitud fue incontable y el cariño, inenarrable) y el orgullo que sentimos los colombianos son la mejor victoria que se podría esperar. Un título deportivo es algo que marca un momento de la vida, pero una vida marcada por los valores que nos enseñó esta Selección es la felicidad más grande a la que se puede aspirar.

Una lección de lo que en realidad significa ser colombiano fue la que nos brindó la Tricolor. El ciudadano del común, no solo del hincha del fútbol, se sintió plena y dignamente representado por este grupo.
Una lección de lo que en realidad significa ser colombiano fue la que nos brindó la Tricolor. El ciudadano del común, no solo del hincha del fútbol, se sintió plena y dignamente representado por este grupo.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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