El peor Brasil de la historia

Durante décadas, por la prepotencia y soberbia con que se embriagó producto de sus triunfos y títulos, tapó sus oídos y no escuchó las voces de alerta, y llegó un día en que tocó fondo. No cabe duda: el de este 8 de julio contra Alemania, el de este Mundial-2014, es el peor Brasil de la historia.

LibroEl fútbol, y no solo el brasileño, jamás volverá a ser lo que fue, lo que conocimos hasta este martes 8 de julio de 2014. La lección que Alemania le propinó a un prepotente Brasil traerá consecuencias insospechadas, incalculables, a lo largo y ancho del planeta fútbol. Porque el mensaje es muy claro: la pelota no se mancha, a la pelota no se le puede ser infiel. Y este Brasil de 2014, con Luiz Felipe Scolari a la cabeza, es el peor de la historia de la Copa Mundo con sobrados méritos que quizás nunca otro equipo brasileño pueda igualar.

Puede que hoy resulte difícil convencerlas, especialmente porque el material filmográfico no es de la calidad que a uno le gustaría, pero las nuevas generaciones deben saber que hubo un día, ya lejano, en el que Brasil, en buena ley, sin ayudas de la FIFA, sin conciertos de patadas, sin despejarla de punta para arriba, fue el mejor equipo del mundo, el rey de reyes, el dueño exclusivo del jogo bonito que a todos encantó, que a muchos enamoró. Un Brasil que imponía récords (positivos, claro está), que aplastaba a sus rivales, que devoraba títulos, que coleccionaba trofeos y, lo más importante, que nos ofrecía una inagotable fuente de talento, de fantasía, de magia.

Desde 1938, con Leónidas, pasando por 1950 (a pesar de que sufrió la frustración de perder el título en su casa) y llegando a 1958, 1962 y 1970, los años en los que conquistó la Copa Jules Rimet, Brasil fue el mejor equipo de la Copa Mundo. Ganaba, empataba y perdía como cualquiera, también fue eliminado en primera ronda, pero no había otro como el Scratch en aquellas épocas. Sus equipos eran fabulosas constelaciones a las que no les cabía una estrella más y se daba el lujo de perder a Pelé, su joya más preciada, pero igual salir campeón con un desconocido Amarildo que brilló con luz propia. Por decirlo de alguna manera, su banquillo técnico era la titular de cualquier rival que enfrentara, porque mejores futbolistas que los brasileños no había. Y jugaban bonito, vaya si lo hacían.


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Luiz Felipe Scolari pasará a la historia como el DT que asesinó la ilusión de la torcida en su terco intento por desterrar el 'jogo boito' del ADN del futbolista brasileño (FIFA.com).
Luiz Felipe Scolari pasará a la historia como el DT que asesinó la ilusión de la torcida en su terco intento por desterrar el ‘jogo boito’ del ADN del futbolista brasileño (FIFA.com).

Sin embargo, todo cambió en las décadas de los años 70 y 80, en las que Brasil descubrió un defecto que no le conocíamos: estaba tan acostumbrado a ganar, que nunca aprendió a perder. Y en esos años perdió. En Alemania-1974, el primer Mundial de la era pos-Pelé, debió conformarse con el cuarto lugar, logro que para otro país sería motivo de orgullo y felicidad, pero que a Brasil le produjo pena, en especial por el nivel de su juego: el jogo bonito empezó a escasear. La historia se repitió caprichosamente en Argentina-1978, otra vez limitado al último escalón del podio. Y el punto de quiebre, la bisagra como dirían los argentinos, fue España-1982: por segunda vez desde que ostentaba el rótulo de campeón mundial, Brasil se quedó por fuera de los cuatro mejores y fue producto de una derrota muy dolorosa que le hizo perder la perspectiva, que lo desvió del camino y lo condujo a esta vergonzosa versión de 2014.

El técnico Telé Santana, el último gran precursor del jogo bonito , conformó un elenco que muchos en su país dijeron era mejor que el de México-1970: no tenía a Pelé, ni a Jairzinho, ni a Rivelino, Tostao o Gerson, pero sí a Zico, Socrates, Falcao, Junior, Toninho Cerezo, Dirceu, Renato, Edinho y Roberto Dinamite, entre otros. Hasta tenía un buen arquero: Waldir Peres. Ese equipo, equilibrado y poderoso, era un Leonardo Da Vinci con los guayos puestos, porque cada avance, cada combinación de sus talentosos, resultaba una pintura sinigual, irrepetible. Pero, por aquellos caprichos del fútbol, insondables e inexplicables, ese Brasil modelo 82 se despidió sin llegar a la final: en la segunda ronda, que disputó contra Italia y Argentina, se estrelló contra un inmenso Paolo Rossi que en una tarde de inspiración y redención condujo a la Azzurra a una sorpresiva victoria 3-2. Sorpresiva porque nadie concebía que ese Brasil pudiera ser vencido, no porque el vencedor fuera Italia, el país que a la postre se adjudicó los honores del título.

Desalmado, sin jerarquía, sin honor, el Brasil-2014 tocó fondo. Es, sin duda, el peor de la historia (FIFA.com).
Desalmado, sin jerarquía, sin honor, el Brasil-2014 tocó fondo. Es, sin duda, el peor de la historia (FIFA.com).

Fue, entonces, cuando entraron en acción los peores actores del fútbol, los más dañinos: los dirigentes. Esos que siempre toman las decisiones, pero que a la vez son los que menos saben sobre el juego, decidieron que Brasil tenía que cambiar si quería volver a ganar una Copa Mundo. Y se inventaron que Brasil debía ‘europeizarse’, es decir, dejar a un lado el talento innato de sus futbolistas y poner más atención en la preparación física y, sobre todo, en los esquemas tácticos. ¡CRASO ERROR!, así, en mayúsculas. El primer eslabón de la cadena de desaciertos fue Sebastiao Lazaroni, que dirigió al Scratch en Italia-1990, torneo en el que un desalmado Brasil fue eliminado por una discreta Argentina en octavos de final.

Y como no habían obtenido el resultado esperado, buscaron una alternativa más radical: Carlos Alberto Parreira. El actual asistente técnico de Scolari en Brasil-2014 renegó abierta y decididamente del jogo bonito. Lo peor fue que terminó con el trofeo en sus manos, luego de que el gran Roberto Baggio erró el quinto tiro de la serie desde el punto penalti. Veinticuatro años después, Brasil celebró el tetracampeonato y creía haber encontrado el camino para reinar por siempre. Con Mario Zagallo, compañero de Pelé en el Brasil tricampeón, perdió la final de Francia-1998, la primera vez que el Scratch sufrió una goleada.

Para Corea del Sur y Japón-2002, echaron mano de Scolari, que había llevado al Palmeiras a brillar en el concierto suramericano. Con su disciplina militar, con su estilo rocoso y áspero, marcó un avance en el proceso por desterrar definitivamente del ADN del futbolista brasileño aquel gen del jogo bonito. Y ganó el título, como Parreira en 1994, así que no hubo crítica que valiera. El problema es que este Brasil del siglo XXI no solo jugaba feo, muy distinto de aquellos que le dieron lustre a la bandera futbolística en el siglo pasado, sino que empezó a jugar mal, verdaderamente mal. Parreira regresó en Alemania-2006 y un desteñido Brasil se despidió en cuartos de final, derrotado por Francia.

En Suráfrica-2010 fue el turno de Dunga, dilecto discípulo de Parreira y Scolari, que tropezó con la misma piedra: Holanda lo despachó en los cuartos de final. El proceso hacia Brasil-2014 lo comenzó Mano Menezes, un DT que había sacado al Corinthians campeón de segunda división y de la Copa de Brasil. Estuvo al frente de la Selección entre 2010 y 2012, pero su estilo nunca convenció y las reiteradas críticas de hinchas y periodistas provocó el cambio de timonel: regresó el sargento Scolari, el gran artífice de la peor humillación de la historia del fútbol brasileño, el hombre que consiguió que los aficionados olvidaran el Maracanazo, porque él se inventó una tragedia peor.

Durante décadas, Brasil manchó la pelota y llegó el día que tuvo que pagar el precio, uno muy alto. Durante décadas, Brasil renegó de su ADN, el del talento silvestre y fútbol jugado con pinceles (ya no con guayos), y llegó el día en que se le olvidó jugar al fútbol. Durante décadas, Brasil fue infiel a su fútbol y se engañó creyendo que las victorias y los títulos iban a ser eternos y que nunca iba a morder el polvo de la derrota, y llegó el día en que asesinó la ilusión del hincha con la derrota más humillante que equipo alguno haya sufrido en la historia del deporte. Durante décadas, Brasil, por la prepotencia y soberbia con que se embriagó producto de sus triunfos y títulos, tapó sus oídos y no escuchó las voces de alerta, y llegó un día en que tocó fondo. No cabe duda: el de este 8 de julio contra Alemania, el de este Mundial-2014, es el peor Brasil de la historia. Más bajo no puede caer, así que solo tiene una opción: reinventarse. Eso sí, con la condición de regresar al comienzo, de recuperar la esencia. Es eso o desaparecer…

Hace décadas Brasil perdió el norte, pero los títulos le hicieron creer que iba por el camino correcto. Hasta que llegó el día que se estrelló, y ahora le toca reinventarse (FIFA.com).
Hace décadas Brasil perdió el norte, pero los títulos le hicieron creer que iba por el camino correcto. Hasta que llegó el día que se estrelló, y ahora le toca reinventarse (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

3 comentarios sobre “El peor Brasil de la historia”

  1. Gran nota, pero debo darle aclaraciones: Brasil fue cuarto y no tercero en el ’74. Y Mano Menezes no hizo a Corinthians el mejor club del mundo: con él el club ganó la segunda división brasileña, un campeonato provincial y la Copa de Brasil. El DT que sí hizo a Corinthians campeón brasileño, de Libertadores y del mundo fue Tite. Saludos!

    1. Ciao: Muchas gracias por el comentario, por leer la nota y por las correcciones. Corregiremos lo que corresponde.Cordial saludo.

  2. Lo que dices en la nota es un criterio subjetivo al considerar la selección de España 82 como el punto de inflección del declive en la efectividad de la selección de Brasil, recuerde que El equipo de Brasil de 1982 y 1986 era un gran equipo con jugadores talentosos que le daban una delantera habilidosa y asombrosa con su juego bonito , pero se descuidaron de el aspecto defensivo, las debilidades defensivas provocaron que Brasil fuera Eliminado, si recueras Toñiño Cerezo regaló un balon hacia a tras y Paolo rossi lo aprovechó, en cambio el Brasil de 1994 y 2002 era mas equilibrado aunque no tenia una delantera tan efectiva como la de Tele Santana, pero si era mejor en defensa . por lo tanto el declive no se origina en 1982 si no en la era de Dunga en 2010

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