El partido más importante de la historia

Lo hecho por Colombia en la primera fase, a pesar de lo brillante, quedó en el pasado. Comienza otra historia en la que no hay margen de error. Uruguay es un rival temible por su potencial y, en especial, por su fortaleza mental y espiritual.

LibroEl de este sábado 27 de junio de 2014 es el partido más importante de la historia del fútbol colombiano. Como en su momento lo fue el que se jugó 13 días atrás contra Grecia, porque significaba el regreso a los Mundiales después de un ayuno de 16 años. Como lo fue el que se libró poco después contra Costa de Marfil, porque garantizó la clasificación anticipada a los octavos de final. Y como el que nos enfrentó a Japón, a comienzos de la semana, porque sirvió para confirmar el primer puesto en el grupo. Pero este, contra Uruguay, es el partido más importante de la historia del fútbol colombiano como después lo será el de cuartos de final, si se avanza.

Lo lindo del fútbol es que cada noventa minutos nos ofrece una oportunidad de revancha, algo que nos gustaría hiciera también la vida, que a veces se demora mucho más que eso en reivindicarnos. Algunos podrán decir que no es agradable, porque los hechos suceden tan rápido que casi no hay tiempo para disfrutar un triunfo o para digerir una dolorosa derrota cuando ya estamos frente al nuevo reto. Pero, sin duda, así es mucho mejor: no hay tiempo de dormirse en los laureles y es obligatorio pasar la página rápido y comenzar de nuevo, otra vez de cero, en procura de un objetivo distinto.

A veces, a uno le gustaría que la vida se detuviera en los momentos felices, que los perpetuara para nunca dejar de experimentar esas sensaciones. Pero, por fortuna, la vida nunca se detiene y, como el fútbol, nos ofrece una nueva oportunidad. Para levantarnos, si el paso anterior fue una caída; para confirmarnos, si fue un avance; o, como en el caso de este duelo entre Colombia y Uruguay, para permitirnos seguir soñando, disfrutando, gozando. Porque si algo ha vivido el país en estas dos primeras semanas del Mundial Brasil-2014 es un estado de felicidad pocas veces visto. Tanta felicidad, que hasta las extremas polarizaciones surgidas de la campaña presidencial quedaron atrás, al menos por un tiempo, por cuenta de las alegrías que nos depara el rodar del balón.

Colombia ganó sus tres partidos, goleó a dos de sus rivales y se puso en boca de todos. La actuación de los pupilos de José Néstor Pékerman es tan buena que muchos ya olvidaron que Radamel Falcao García, el ídolo, el goleador, el referente de la eliminatoria, no está en el Mundial por una lesión. James Rodríguez, David Ospina, Juan Guillermo Cuadrado, Pablo Armero y Jackson Martínez, entre otros, se echaron el equipo al hombro y lo condujeron de manera perfecta durante la primera ronda. La FIFA, para rematar, escogió a James como el mejor jugador de esas dos primeras semanas, así que podríamos decir, sin mucho riesgo de equivocarnos, que Colombia es la novia bonita de Brasil-2014: la niña hermosa con la que todos quieren estar.

James Rodríguez y Jackson Martínez, piezas vitales de la Tricolor para enfrentar al duro Uruguay (FIFA.com).
James Rodríguez y Jackson Martínez, piezas vitales de la Tricolor para enfrentar al duro Uruguay (FIFA.com).

Pero el Mundial no es una pasarela farandulera, sino el máximo reto al que puede enfrentarse un futbolista en su trayectoria. Y en el Mundial es posible pasar de la alegría a la tristeza en cuestión de segundos, de partidos. O, si no, pregúntenles a los españoles, que llegaron con la ilusión de revalidar la corona y al cabo de 90 minutos listos para chequearse en el aeropuerto, de regreso a casa. O a Cristiano Ronaldo, al que una penosa actuación le abolló la corona de mejor jugador del mundo. Y más aún cuando la competencia entra en esta nueva fase, en la que ya no hay margen de error: el que se equivoca, pierde; y el que pierde, se devuelve para la casa.

Hasta ahora, a Colombia todo le funcionó a la perfección. Pero, claro, Uruguay no es Grecia, ni Costa de Marfil, ni Japón. Es Uruguay, un excampeón mundial, el actual rey de América, un equipo de tradición e historia, de comprobada jerarquía y con un plantel muy talentoso dirigido por un viejo zorro como el Maestro Tabárez. Un cúmulo de virtudes que lo convierten en un rival muy peligroso, en especial ahora que llega herido. Como el toro que ha reaccionado al efecto de las banderillas, la Celeste es un contendor de mucho riesgo aun sin Luis Suárez, o precisamente por la ausencia de su mejor jugador. Porque es, entonces, cuando aparece la temible garra charrúa, que siempre está, que se transmite de generación en generación, que figura en el ADN del futbolista uruguayo, que le ha permitido alcanzar hazañas como el Maracanazo de 1950 y muchas más.

La muestra de la capacidad de Uruguay para recuperarse es la eliminatoria. El 16 de octubre de 2012, luego de caer por goleada de 4-1 con Bolivia en La Paz, parecía que la Celeste se iba a quedar por fuera de la fiesta de Brasil-2014. Ese primer año de competencia lo cerró con tres triunfos, tres empates y tres derrotas, todas por goleada, incluida una contra Colombia, en Barranquilla (4-0). Y el 2013 no lo empezó mejor: empate en casa con Paraguay y derrota en Chile. En los últimos cinco partidos, sin embargo, se vio la mejor versión de la garra charrúa y con cinco triunfos, dos de ellos a domicilio, logró pellizcar el repechaje. Y en esa instancia se inscribió entre los 32 participantes de la vigésima Copa Mundo, la duodécima de su palmarés.

Hoy, como cada vez que juega la Selección, Colombia es una fiesta, es pura alegría. Un equipo de 44 millones de jugadores (FIFA.com).
Cada vez que juega la Selección, Colombia es pura alegría. Un equipo de 44 millones de jugadores (FIFA.com).

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Uruguay no juega a la velocidad de los japoneses, no tiene la fortaleza física de los africanos, no posee el esquema defensivo de los griegos. Tampoco tiene mucho talento en el medio y le faltan variantes ofensivas. Sin embargo, sabe a lo que juega y, mejor aún, es consciente de lo que tiene, y sabe cómo explotarlo. Costa Rico lo sorprendió en el debut, pero luego se recuperó para derrotar a Inglaterra y, cuando parecía sentenciado a regresar a casa, sacó a relucir la jerarquía para despachar a una renovada Italia que había despertado expectativas positivas. Y aquí está, otra vez, en estas instancias decisivas, el terreno que más le gusta, en el que mejor se desenvuelve. Y como lo anunció la víspera el Maestro Tabárez, suplirá la ausencia del suspendido Suárez con esa fortaleza que los caracteriza (no solo la física, sino la mental y la espiritual).

Colombia ya marcó una historia que será imborrable. El retorno a los Mundiales ha sido una feliz experiencia. Pero esa es historia pasada, porque en el fútbol solo se puede vivir el presente y el presente es Uruguay. Un rival al que seguramente nadie de la Selección Tricolor hubiera querido enfrentar en Brasil-2014 por las características de su juego, por la raza de sus jugadores. Pero el destino nos lo puso enfrente y nada menos que en el Maracaná, el mítico escenario de Río de Janeiro, el mismo que en dos semanas acogerá la final. El mismo, por supuesto, en el que Uruguay logró el Maracanazo, la más importante victoria de su historia.

Colombia tiene que salir a jugar de la misma manera que lo hizo contra sus anteriores rivales: con alegría, con responsabilidad, con seriedad, consciente de sus posibilidades, confiando en sus virtudes. Y más que contra Grecia, Costa de Marfil o Japón, tendrá que cuidarse de no caer en el juego del rival: el choque, el juego aéreo, la provocación. La paciencia y la tranquilidad son dos virtudes que Colombia requiere a lo largo de los 90 minutos, especialmente porque este es el partido más importante de su historia, el más importante de la vida de esta brillante generación de futbolistas. Por ahora, porque todos esperamos que el más importante sea el siguiente, el de los cuartos de final…

Édinson Cavani será la referencia ofensiva de Uruguay por la ausencia de Luis Suárez (FIFA.com).
Édinson Cavani será la referencia ofensiva de Uruguay por la ausencia de Luis Suárez (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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