El mejor jugador del mundo, hace 70 años

Efemérides 3 de agosto: más argentino que el tango, José Manuel ‘el Charro’ Moreno vivió una vida a ritmo de ranchera. Hincha confeso de Boca Juniors, triunfó con la camiseta de River Plate. Fue campeón en cuatro países: Argentina, México, Chile y Colombia.

ColombiaMundial(2)Lo suyo era el baile, pero se hizo famoso por sus hazañas en los campos de fútbol. La Federación International de Historia y Estadísticas del Fútbol (IFFHS, por su siglas en inglés) lo ubicó como el quinto mejor jugador del siglo XX, por detrás de Pelé, Diego Armando Maradona, Garrincha y Alfredo Di Stefano. Su vida, más que una novela, fue el guion de una película de Hollywood, porque si algo distinguió a José Manuel Moreno Fernández fue que brilló con estrella sobre el césped y también fuera de él.

Le decían Charro, pero bien pudieron haberlo llamado Chaplin, porque era la creatividad en su más fina esencia, puro potrero. Nació en el 3 de agosto de 1916 en el barrio La Boca, de Buenos Aires, y, por supuesto, fue un declarado hincha xeneize. Sin embargo, fue en la otra orilla, con River Plate, el club de la banda roja, con el que alcanzó notoriedad y fama, con el que desplegó su mejor fútbol, con el que conquistó la mayor cantidad de sus títulos. “Por cuestiones de la vida, me tocó jugar y triunfar en la otra vereda”, decía sin reparar en la rivalidad de los dos equipos más populares del país, pues las dos hinchadas lo adoraban.

Era apenas un niño cuando en los alrededores de las canchas en que jugaba se agolpaban los aficionados para ver esa naciente maravilla. Así era en los picados del colegio San Juan Bautista o también con los colores del Estrella de Brandsen. Fue la época en la que llegó a Boca Juniors para probarse en la quinta categoría, pero no lo aceptaron a pesar de que en la práctica fue la figura y anotó dos goles. Desconsolado, regresó a casa seguro de que el directivo que lo devolvió y todos en la Boca algún día se iban a arrepentir. Y se dio la mejor revancha (¿o la peor?): siendo gran figura en River Plate, club en el que debutó con solo 18 años, el 17 de marzo de 1935: le marcó un gol a Platense y fue triunfo 2-1.

Un jugador de leyenda fue José Manuel 'el Charro' Moreno. La IFFHS lo declaro el quinto mejor del siglo XX, al lado de Pelé, Maradona, Garrincha y Di Stefano.
Un jugador de leyenda fue José Manuel ‘el Charro’ Moreno, un de los más grandes idolos de River Plate. La IFFHS lo declaro el quinto mejor del siglo XX, al lado de Pelé, Maradona, Garrincha y Di Stefano.

¿Cómo era en el campo de juego? Un demonio. Fue, quizás, el primer jugador que se ajustó a ese perfil que se hizo popular muchísimos años después: el del futbolista completo, el todoterreno, el fútbol total. El propio Adolfo Pedernera, que se maravilló con él cuando fueron compañeros en River, lo definió como “un jugador de toda la cancha. Poseía todas las condiciones: habilidad, velocidad e inteligencia, era un excelente cabeceador y como pocos encarnaba la picardía propia del potrero”. Algunos decían que era un bailarín de los campos, porque le gustaba juguetear con los defensores rivales, a los que eludía una y otra vez hasta dejarlos exhaustos. Y colaboraba unos metros más atrás de la línea delantera, porque también poseían una gran visión de juego y era un pasador efectivo.

El suyo era un juego que enamoraba a los hinchas, inclusive a los de aquellos equipos que lo padecían cada fecha. Y cuando abandonaba los terrenos también enamoraba a miles de jovencitas que se rendían a sus atributos, pues cuentan que también era muy hábil con el verso. Ya no con gambetas y goles, sino con frases cargadas de romanticismo y haciendo gala de su estampa de galán, en la que un bigote vistoso y el pelo engominado le imprimían un sello muy personal, también hacía estragos. Por eso, de noche, en los boliches, con la complicidad de las sombras, también era figura. “El tango es el mejor entrenamiento: llevás el ritmo, lo cambiás en un instante, manejás todos los perfiles y hacés trabajo de cintura y de piernas”, solía decir para acallar las críticas.

En River permaneció durante nueve temporadas, período en el que cosechó cinco títulos nacionales: los de 1936 (la Copa de Campeonato y la Copa de Oro), 1937, 1941, 1942 y 1947. Fue el más popular de los integrantes de la Máquina, aquella fabulosa delantera que completaron Juan Carlos Muñoz, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau. Aunque este grupo solo jugó 18 partidos entre 1941 y 1945, marcó una profunda huella en el fútbol argentino (no solo en la historia del club de Núñez), porque más que fútbol cada vez que estos cinco genios se juntaban producían magia. En 1944, armó maletas y se fue para el Club España, de México, con el que fue campeón en 1946. En ese país causó gran suceso, y no solo por su nivel deportivo, sino porque se convirtió en una celebridad farandulera. Allí fue que lo llamaron Charro, por su mote muy al estilo mexicano y también como muestra del cariño que despertó en los hinchas.

La famosa Máquina de River Plate, el quinteto ofensivo que hizo historia en tan solo 18 partidos entre 1941 y 1945. Moreno fue, sin duda, el más popular de todos. Muñoz, Pedernera, Labruna y Loustau eran sus compañeros.
La famosa Máquina de River Plate, el quinteto ofensivo que hizo historia en tan solo 18 partidos entre 1941 y 1945. Moreno fue, sin duda, el más popular de todos. Muñoz, Pedernera, Labruna y Loustau eran sus compañeros.

Regresó a River en 1946 y fue recibido como lo que era: un ídolo. Un año después, con Di Stefano acompañándolo en el frente de ataque, volvió a dar la vuelta olímpica. La huelga de jugadores profesionales, en 1948, sin embargo, impidió que cosechara más éxitos con el club de la banda roja. Entonces, no hubo más remedio que emigrar y cruzó la frontera para regalarle su talento a Universidad Católica, con el que también fue campeón. Ya en el ocaso de su carrera, de nuevo en Buenos Aires, cumplió el sueño de pibe: jugó con Boca Juniors, y fue subcampeón. Defensor de Montevideo y Ferro Carril Oeste fueron otras paradas de su viaje antes de emprender la última aventura: Deportivo Independiente Medellín, en Colombia.

Con la camiseta del Rojo de la montaña jugó su último partido, en 1961, cuando tenía 44 años, y por capricho del destino contra su amado Boca Juniors, en un amistoso. Los aficionados lo idolatraban, pues había sido el gran artífice de los dos primeros títulos de la institución, conquistados en 1955 y 1957. Luego se puso el buzo de DT, pero aquel día contra los xeneizes protagonizó un episodio único, reservado para alguien genial como él: su equipo perdía 1-2 y no pudo contener la impotencia. Entonces, se puso los cortos, entró al campo, anotó dos goles y sirvió otros dos para asegurar la victoria (5-2). Para rematar, cinco minutos antes del final del encuentro levantó los brazos, saludó al público (o se despidió) y abandonó el terreno. Nunca más volvió a jugar.

Más de medio siglo después, hasta los más jóvenes hinchas del Medellín saben que el mejor jugador que alguna vez vistió esa camiseta se llama José Manuel Moreno, el Charro. Y saben, también, que el ídolo dejó un legado imborrable en esa ciudad: dos hijos. José Manuel, que nació en Buenos Aires en 1957, y José Luis, esté sí tan paisa como la arepa y los fríjoles. Adriana también nació allí, pero está radicada en Argentina. El mayor trabajó en el negocio de la propiedad raíz y, cuando se jubiló, se dedicó al cuidado de su finca que, no podía ser de otra manera, se llama El Charro. El menor es comerciante de muebles. Los cinco nietos, todos colombianos, son felices contando las historias de las hazañas de su abuelo y, claro está, sufriendo por su Medellín del alma.

El bailarín del área, podría habérsele llamado al Charro Moreno. Amante de la juerga noctura, decía que balar tango era el mejor métido de entrenamiento.
El bailarín del área, podría habérsele llamado al Charro Moreno. Amante de la juerga noctura, decía que bailar tango era el mejor métido de entrenamiento.

Los últimos años, Moreno los vivió en Merlo, su otro lugar en el mundo. En los años 1977 y 1978 dirigió al Deportivo Merlo, en la divisional C del fútbol argentino, antes de que la muerte lo sorprendiera el 26 de agosto de ese año, justamente dos meses después de que Argentina, como dueño de casa, ganó la Copa Mundo, un torneo que por culpa de la Segunda Guerra Mundial no pudo disputar (su época dorada fue la década de los 40, justamente el período en el que el torneo no se jugó). En la Copa América, que ganó en tres ocasiones (1941, 1945 y 1947), sí logró dejar su huella: es uno de los cuatro jugadores que anotaron cinco tantos en un partido, es el quinto goleador de la historia (13) y marcó el gol 500 de la competición. Más argentino que el tango, el Charro Moreno vivió una vida a ritmo de ranchera…


Osvaldo Ardiles: un lord cordobés

Tenía pinta de conductor, pero muy pocos creyeron que lo fuera en un campo de juego. Más bien, lo veían como jinete, por su físico menudito y su inteligencia. Sin embargo, Osvaldo César Ardiles, conocido en su país como el Pitón, fue un brillante volante ofensivo que sobresalió en la Selección Argentina que César Luis Menotti dirigió en 1978, cuando fue campeón como local, y 1982, cuando el Mundial se jugó en España. El goleador fue Mario Kempes; el capitán, Daniel Passarella, pero el cerebro era Ardiles.

Tras la conquista orbital, emigró al Tottenham Hostpur inglés, club del que es uno de los máximos ídolos de la historia. Allí conformó una pareja única al lado de su compatriota Ricardo Julio Villa, también miembro de la Albiceleste. Como hecho destacado, durante la temporadas 1982 se fue a Francia, a jugar con el Paris Saint-Germain. ¿La razón? Sus convicciones le impedían actuar en un país al que culpaba de la muerte de un primo, durante la guerra de las Malvinas. Tan pronto terminó el conflicto bélico, regreso a Londres y aumentó su leyenda.

Fue entrenador de Tottenham, Chivas de Guadalajara (México), Croatia Zagreb (Croacia); Racing de Avellaneda y Huracán, en Argentina; Shimizu-S Pulse, Yokohama Marinos y Tokio Verde, en Japón, y Cerro Porteño, en Paraguay. Participó como actor en la película ‘Evasión o victoria’, filmada en 1981 al lado de Pelé, Michael Cain y Silvester Stallone, entre otros. En enero pasado, en las Malvinas, mientras rodaba un documental sobre el Mundial, para la cadena ESPN, sufrió un accidente automovilístico: el coche que conducía se salió de la vía y sufrió lesiones leves. Con él estaba Villa. Este 3 de agosto cumplió 62 años.

Osvaldo César Ardiles, un crac en todo el sentido de la palabra. Los hinchas del Tottenham inglés lo adoran.
Osvaldo César Ardiles, un crac en todo el sentido de la palabra. Los hinchas del Tottenham inglés lo adoran.

Publicado por

Admin

Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *