El día que un tanque desbocado aplastó a Francia

El fútbol tiene una deuda por saldar con Francia, por aquel lamentable episodio de la semifinal de España-1982. Treinta y dos años más tarde, Alemania se ve las caras con los galos, que esperan cobrarse revancha y, más importante aún, escribir su propia historia.

LibroFue mucho más que un partido de fútbol intenso, jugado al límite. Por momentos, evocó los terribles recuerdos de la Segunda Guerra Mundial, con los tanques alemanes pasando por encima de lo que se les ponía por delante. Porque pasó por encima de la elegante Francia, con Michel Platini abordo, al que el fútbol y la vida le negaron la posibilidad de llegar a una final que le hubiera calzado muy bien. Una vieja deuda histórica que el equipo de Didier Deschamps espera cobrar este 4 de junio en el más emblemático escenario del fútbol mundial: el Maracaná de Río de Janeiro.

La increíble Italia de Enzo Bearzot, titubeante y tambaleante en la primera fase, arrolló a Brasil y Argentina (el campeón defensor) en segunda ronda y temprano se había deshecho de Polonia, al que una vez más no le alcanzó para llegar al partido más importante del Mundial. Un doblete de Paolo Rossi hizo delirar a los aficionados italianos en el Camp Nou de Barcelona y puso a la Azzurra en la ruta del tricampeonato orbital. En la noche, las acciones se desarrollaron en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán, de Sevilla, y Alemania clasificó a la final por cuarta ocasión, también en procura del tri.

Ese duelo entre galos y germanos es uno de los más recordados del Mundial de España-1982 (junto con el Italia-Brasil de segunda ronda) y también de la historia de la Copa Mundo. Francia, que había dejado una buena impresión en Argentina-1978, pese a la eliminación en primera ronda, explotó en los campos ibéricos. Un magistral Michel Platini, sobrio, elegante, desequilibrante, brillante, ejecutaba los acordes más destacados de una sinfónica que deleitó al mundo del fútbol. En una época en la que no abundaban los equipos ofensivos, luego de la eliminación de Brasil, Francia era un oasis para aquellos aficionados que gustaban del fútbol bien jugado. Y qué bien lo hacía ese elenco galo.

A pesar de sus argumentos, arrancó el torneo con una derrota: 1-3 con Inglaterra. Se repuso rápidamente con una goleada 4-1 sobre la novata Kuwait y cerró la primera ronda con el 1-1 con Checoslovaquia. Para la segunda fase, el elenco de Hidalgo quedó junto con Austria e Irlanda del Norte, a los que superó sin inconvenientes: 1-0 y 4-1, respectivamente. No era solo fútbol bonito, espectáculo para la tribuna, sino también efectividad y resultados. Alemania había dejado en el camino a Inglaterra (0-0) y España (2-1) tras ronda inicial en la que protagonizó un bochornoso incidente con Austria, al amangualarse para sacar del camino a la sorpresiva Argelia, que la había vencido en el debut.

Patrick Battiston sufrió una agresión brutal por la que el árbitro holandés Craven ni siquiera amonestó a Toni Schumacher.
Patrick Battiston sufrió una agresión brutal por la que el árbitro Corver ni siquiera amonestó a Toni Schumacher.

Los dirigidos por Jupp Derwall, a sabiendas de que no podían permitir que su rival tomara la iniciativa, asumieron el mando desde el comienzo y abrieron la cuenta a los 17 minutos luego de que Pierre Littbarski, entonces un jovencito, recogió al borde del área un rebote del arquero Jean Luc Ettori, tras mano a mano con Klaus Fischer. El empate llegó a los 26, luego de una grosera falta de Karl-Heinz Foerster en la mitad del área, sobre Dominique Rocheteau. Platini tradujo el penalti en gol, tras descolocar al portero Toni Schumacher, que voló al costado izquierdo mientras el balón entró mansito por el derecho.

El rumbo del partido, y de la historia, cambió a los 15 del segundo tiempo. Un genial pase de Platini dejó a Patrick Battiston, que había ingresado diez minutos antes, solo frente a Schumacher. El delantero vio la salida apresurada del arquero, envió el balón por un costado y trató de eludirlo por el otro, pero el alemán, como un tanque desbocado, lo arrolló. Era penalti y tarjeta roja, quizás hasta dos o tres años de cárcel para Schumacher por una entrada criminal, alevosa, pero el árbitro holandés Charles Corver pitó ¡saque de puerta! Enardecido, el público la tomó contra el uno teutón, que se quedó en el área chica, jugueteando con el balón, mientras atendían al agredido.

Battiston cayó fulminado, noqueado como si hubiera recibido un gancho de izquierda del mejor Mike Tyson. Duró varios minutos tendido junto al punto penalti y fue sacado en camilla. Platini, conmovido, lo tomó de la mano y lo acompañó hasta la raya. Sufrió conmoción cerebral, la fractura de una vértebra y perdió tres dientes. Los jugadores franceses, desesperados por la agresión y porque el árbitro ni siquiera pitó falta, no sabían qué hacer. Y el técnico Hidalgo, como loco, les decía a que no podían jugar más. Hasta que el pequeñín Alain Giresse lo calmó: “¡Michel, Michel!, tenemos que seguir jugando”, le dijo. Y como si nada hubiera ocurrido, el balón siguió rodando.

Este remate de Klaus Fischer, en el segundo tiempo suplementario, igualó el partido: 3-3 y a la serie desde el punto penalti.
Este remate de Fischer, en el segundo tiempo suplementario, igualó el partido, y a la serie desde el punto penalti.

Francia pudo ganar en tiempo de descuento, cuando un disparo de 35 metros de Manuel Amoros se estrelló en el horizontal. Sin embargo, el empate no se rompió y la prórroga fue inevitable. Haciendo de tripas corazón, Francia se fue en ventaja a los 2 minutos, con una fantástica volea del central Marius Tressor. Seis minutos más tarde, con una Alemania al borde del nocaut, Giresse recogió en el borde del área una cesión de Platini y fusiló a Schumacher; el balón pegó en el vertical derecho y se coló para un 3-1 que parecía lapidario. Pero no todo estaba dicho, no al menos por parte de los alemanes, que en vez de sentirse derrotados reaccionaron y buscaron el descuento.

Antes de finalizar el primer tiempo suplementario, el joven Karl Heinz Rummenigge les ganó al arquero Ettori y al zaguero Gerard Janvion y marcó el 3-2. Un gol que revivió a Alemania, que en el arranque del segundo tiempo de la prórroga alcanzó el empate: centro de Littbarski desde la izquierda, Horst Hrubesch la devolvió de cabeza al centro del área y Fischer, en una mezcla de volea y chalaca, puso el 3-3. Francia, que fue fiel a su estilo, pagó un alto precio por no especular, por no defenderse, por no pegar, por no ensuciar las acciones. Continuó jugando como si el partido acabara de comenzar y su rival, que era nada menos que Alemania, la castigó.

En el juego, primero, y en la tanda desde el punto penalti, después. Giresse, Manfred Kaltz, Manuel Amoros, Paul Breitner y Rocheteau acertaron. Uli Stielike, que tiempo después confesó que tenía una idea cuando tomó el balón (patear a la izquierda del arquero), pero la cambió en el momento de lanzar, erró: Ettori lo atajó a su mano derecha. Littbarski mantuvo a los alemanes con vida, pero Francia tenía el destino en sus manos. Lamentablemente, Didier Six también se equivocó y la serie se igualó. Rummenigge y Platini cerraron con aciertos la tanda de cinco ejecuciones.

El talento de Michel Platini no fue suficiente para que Francia llegara a la final del Mundial.
El talento de Michel Platini no fue suficiente para que Francia llegara a la final del Mundial.

Ya no había más chances para equivocarse, porque aquel que no acertara se quedaba por fuera de la final. Y esa fue la suerte que le tocó a la golpeada Francia, porque Maxime Bossis, con un tirito anunciado, permitió el lucimiento de Schumacher. Luego el grandote Hrubesch marcó el decisivo 5-4 y Alemania celebró. El uno alemán, el villano de la noche, terminó convertido en héroe. Francia, injustamente derrotada, desconsolada, lloró a mares, como también lo hicieron miles de hinchas que, iracundos por lo que había ocurrido, no querían abandonar las tribunas. El mundo del fútbol, con un silencio cómplice (había ganado Alemania, un grande, y eso nunca cae mal), sabía que esa noche iba a quedar marcada como un lunar en la historia de la Copa Mundo.

Afortunadamente, de la mano del siempre inspirado Paolo Rossi, Italia cobró la deuda de Francia en la final y con un contundente 3-1 se quedó con la corona. Esa vez, fueron los alemanes los que terminaron rendidos en el campo, llorando su impotencia. Ese de la semifinal fue mucho más que un partido de fútbol intenso, jugado al límite. Por momentos, evocó los terribles recuerdos de la Segunda Guerra Mundial, con los tanques alemanes pasando por encima de lo que se les ponía por delante. Alemanes y franceses se volvieron a cruzar en México-1986, de nuevo en semifinales, y el elenco de Franz Beckenbauer volvió a celebrar (2-0), aunque esta vez sí fue un juego normal.

Veintiocho años más tarde, con protagonistas distintos, que saben lo que ocurrió en España-1982, pero quieren escribir su propia historia, Alemania y Francia se ven las caras de nuevo. Son los cuartos de final de Brasil-2014 y la fantástica banda de Michel Platini y compañía está ahora en las tribunas, a la espera de que el fútbol y la vida les dé una revancha que, de manera increíble e injusta, a ellos se les negó. Ha pasado mucho tiempo, pero el terrible recuerdo no se borra, las heridas siguen abiertas y a los hinchas del fútbol todavía nos duele como propia aquella brutal agresión de Schumacher a Battiston…

Recuerdo: el video del partido Alemania-Francia en España-1982

Esa Francia de 1982, dirigida por Michel Hidalgo, marcó una época por su fútbol lírico que a todos enamoró.
Esa Francia de 1982, dirigida por Michel Hidalgo, marcó una época por su fútbol lírico que a todos enamoró.

Publicado por

Admin

Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *