El día que Brasil vio la otra cara de la moneda

El 12 de julio de 1998, el mundo del fútbol observó algo inédito: por primera vez en la historia de la Copa Mundo, Brasil perdió por goleada. Y lo más doloroso fue que lo hizo en una final, aquella en la que Francia, por fin, pudo darle rienda suelta a la alegría reprimida durante años.

LibroHasta ese día, Brasil había sido el tormento de muchos de sus rivales, un contendor implacable que había propinado 20 goleadas y nunca había conocido la otra cara de la moneda. Pero siempre hay una primera vez, en el fútbol como en la vida, siempre hay una primera vez. Y la de Brasil ocurrió el 12 de julio de 1998, cuando la que se esperaba fuera la noche para celebrar el pentacampeonato orbital se convirtió en una de esas pesadillas que jamás se olvidan. Francia, que a pesar de ser el local no era el favorito, le pasó por encima a un Scratch desconocido, que no solo perdió el partido, sino que sufrió la primera goleada de su trayectoria en el torneo.

Caer en un juego en la Copa Mundo es algo normal, inclusive para los más grandes de la historia, como Brasil. Pero hacerlo por goleada, y para rematar en una final, es algo muy doloroso, un negro lunar que nunca deja de adornar su palmarés. El mundo del fútbol estaba preparado para consagrar al brasileño Ronaldo como nuevo rey del balón, pero aquella noche O Fenomeno fue una sombra y su lugar lo ocupó Zinedine Zidane. En esa final, Zizou se graduó de héroe. Brasil, de manera increíble, poca o ninguna resistencia opuso y fue arrollada, literalmente, por un rival que lo hizo todo bien. El carnaval de celebración que estaba preparado en Río de Janeiro se trasladó a los Campos Elíseos de París, una fiesta fantástica y multirracial.

Francia, que había estado ausente de Italia-1990 y Estados Unidos-1994, se presentó con un equipo que marcó historia, y no solo porque alcanzó la corona. La nómina del campeón estuvo conformada por seis jugadores nacidos en otros países (Marcel Desailly, en Ghana; Lilian Thuram y Thierry Henry, en Guadalupe; Bernard Lama, en Guyana Francesa; Patrick Vieira, en Senegal, y Christian Karembeu, en Nueva Caledonia) y otros ocho hijos de inmigrantes (Bixente Lizarazu, del País Vasco español; Zidane, de Argelia; Robert Pires, de Portugal y España; Bernard Diomedé, de Guadalupe; Alain Boghossian, de Armenia; David Trezeguet, de Argentina, y Lionel Charbonnier, de Italia), en una clara demostración de que el fútbol es un lenguaje universal en el que las fronteras no existen.

Zinedine Zidane, que había tenido un torneo flojo, explotó en la final y guio a Francia a apabullar a Brasil.
Zinedine Zidane, que había tenido un torneo flojo, explotó en la final y guio a Francia a apabullar a Brasil.

Gran mérito del técnico Aime Jacquet que logró conjuntar esta torre de Babel y conformar un equipo muy competitivo que no dejó dudas respecto de su superioridad. Camino de la consagración, solo se permitió un empate y el resto fueron celebraciones, incluida una con sabor agónico tras el gol de oro de Laurent Blanc sobre un duro Paraguay, en octavos de final. Brasil, por su parte, había en primera ronda después de 18 partidos invicto, correspondientes a esa fase en México-1970, Alemania-1974, Argentina-1978, España-1982, México-1986, Italia-1990 y Estados Unidos-1994. La última derrota del Scratch se había producido en Inglaterra-1966, a manos de Portugal (1-3). Esta vez, el verdugo fue Noruega (1-2), algo sorpresivo, con tantos de Tore Andre Flo y Kjetil Rekdal.

Y no fue fácil el tránsito de la Verdeamarelha, que debió exigirse al máximo para alcanzar la ansiada final. En los octavos de final no tuvo inconvenientes contra Chile, al que goleó 4-1, pero los problemas se incrementaron considerablemente en los cuartos. En esa instancia, Dinamarca supuso un duro escollo y solo se inclinó por una apretado 2-3 luego de vender cara su derrota. Y en las semifinales fue necesario llegar hasta la instancia de los tiros desde el punto penalti para conocer al ganador, porque Brasil y Holanda igualaron 1-1 al cabo de 120 minutos de partido. En la serie, el portero Claudio Taffarel detuvo los disparos de Philipp Cocu y Ronald De Boer y le permitió al elenco de Mario Zagallo soñar con una nueva corona consecutiva.

Pero no fue posible, porque dos cabezazos del astro galo Zinedine Zidane, en sendos tiros de esquina, marcaron claras diferencias y un sensacional contragolpe, finalizado por Emmanuel Petit, configuraron el 3-0 que representó la primera caída por goleada para Brasil en todos los tiempos. Esa noche del 12 de julio, en el Stade de France, en París, Brasil fue una sombra, un fantasma; careció de argumentos para reaccionar, de juego ofensivo para inquietar y resultó apenas un testigo de la consagración del dueño de casa, que celebró su primer título orbital. Tras haber fallado con poderosas escuadras en Suecia-1958 (tercera), España-1982 (cuarta) y México-1986 (tercera), por fin Francia pudo subir a lo más alto del podio y para su alegría lo hizo como local.

Aquella noche parisina del 12 de julio de 1998 Ronaldo fue una sombra.
Aquella noche parisina del 12 de julio de 1998 Ronaldo fue una sombra, y eso se reflejó en el resultado.

Zidane, que antes de ese torneo había brillado con las camisetas de Girondis de Burdeos y Juventus de Turín, no consiguió sobresalir en los primeros encuentros. Participó, sí, en algunas jugadas que terminaron en gol, pero su balance en la primera fase fue negativo, tras ser expulsado en el segundo juego, contra Arabia Saudí. Lo sancionaron con dos partidos de suspensión y solo regresó para el choque por los cuartos de final contra Italia, en el que marcó el primer disparo en la definición desde el punto penalti. Tampoco lució en la semifinal, frente a Croacia, pero explotó, y de qué manera, en la final contra Brasil.

Así fue Zidane en el campo de juego. Un artista, en todo el sentido de la palabra, que se tomaba su tiempo para ejecutar sus creaciones. Esa noche del domingo 12 de julio apareció en toda su dimensión, inmenso, para propinarle a Brasil el golpe más duro desde el Maracanazo de 1950. Con ese doblete, emuló al inglés Geoffrey Hurst (3) y a los brasileños Pelé (2) y Vavá (2) como los únicos goleadores múltiples en una final de la Copa Mundo. Aislado, divagando como si fuera un náufrago en una isla desierta, de pronto Zidane prendía la lamparita y brillaba, vaya que brillaba. Contra Brasil, en esa final del Mundial-1998, entró enchufado y pronto le dio a la historia un rumbo que nada ni nadie puedo cambiar. Francia alzó el trofeo y Brasil, después de celebrar 20 goleadas, conoció la otra cara de la moneda…

La torre de Babel francesa celebró con justificación después de propinarle a Brasil la primera goleada de su historia.
La torre de Babel francesa celebró con justificación después de propinarle a Brasil la primera goleada de su historia.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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