El día en que Argentina hizo felices a sus hinchas

Mario Kempes, Diego Armando Maradona y Lionel Messi, tres grandes de la historia de la Albiceleste, escribieron páginas de gloria en esta fecha. Y todo ocurrió un 25 de junio, el Día Nacional de los hinchas de Argentina.

LibroLa historia se inició en 1978, tuvo un tránsito feliz en 1986, registró un episodio agridulce en 1994 y finalmente llegó a 2014. La columna vertebral de este relato está conformado por pesos pesados de Argentina, del fútbol mundial; por jugadores que dejaron una huella, que marcaron una época: Mario Alberto Kempes, el Matador; Diego Armando Maradona, el D10S, y Lionel Messi, el Extraterrestre. Es que, al menos en los Mundiales, el 25 de junio se convirtió en el Día Nacional de hincha de la Selección Argentina.

Caprichoso como es el destino, escogió esta fecha para brindarles alegrías al fútbol argentino, para hacer felices a sus millones de hinchas alrededor del planeta, para enaltecer a sus máximos ídolos. El episodio de 1978 partió en dos la historia del balompié argentino: fue el día en que Argentina conquistó su primera corona orbital, en una caldera llamada estadio Monumental, frente a la encopetada Holanda, la famosa Naranja Mecánica. Los de 1986 y 1994 están ligados a Maradona con algo de contradicción: cuando logró el doblete frente a Bélgica que significó la clasificación la final de México, la antesala del segundo título, y cuando disputó su último partido en la Copa Mundo. Y, en el presente, el galáctico Messi apareció en su dimensión real para registrar su mejor partido en el torneo, de los 11 que acumula.

La dictadura militar encabezada por el general Jorge Rafael Videla aprovechó el Mundial de 1978 para tratar de limpiar la imagen de un régimen que despertaba resistencia por doquier. Quería demostrar que todo era normalidad, que el pueblo argentino era feliz. Y sí, era feliz, pero no con su realidad cotidiana, sino cada vez que la Albiceleste dirigida por César Luis Menotti, el Flaco, salía al campo de juego. Y nunca antes había sido tan feliz como aquella noche del domingo 25 de junio, en la que los casi 2,8 millones de kilómetros cuadrados de su geografía se convirtieron en el estadio más grande del mundo. Allí, y donde quiera que había un hincha argentino, esa fue una jornada feliz.

Ni las acusaciones contra la junta militar, ni la polémica suscitada por la victoria 6-0 sobre Perú en la segunda fase, que le entregó el tiquete a la final al elenco local en detrimento de Brasil, enturbiaron la celebración. Porque el acontecimiento, mucho antes de que se jugaran los 120 minutos del partido, fue una fiesta total. Con un ingrediente inesperado, pero que le aportó un sabor especial: el sufrimiento. Holanda era la favorita de los entendidos, que se habían rendido a la magia de su fútbol total. Y no eran pocos los que querían que el elenco europeo se llevara el trofeo, para evitar que la dictadura aprovechara el suceso para hacerse propaganda.

Ese balón irá a un rincón al que el arquero Enyeama no llegó: golazo de Lionel Messi (FIFA.com).
Ese balón irá a un rincón al que el arquero Enyeama no llegó: golazo de Lionel Messi (FIFA.com).

Lejos de esos avatares, Mario Alberto Kempes, el cordobés que había encontrado su lugar en el mundo en Valencia (España), labró su mejor faena: el Matador, en vez de traje de luces, lució el de héroe. Marcó un doblete en el arco de Jan Jongbloed, Daniel Bertoni completó la cuenta y Holanda, por segunda final consecutiva, se fue con las manos vacías. Mejor jugador del torneo, máximo anotador e ídolo del pueblo fueron los rótulos que se le adjudicaron esa noche y que hoy todavía lo acompañan. Cuando llegó a Buenos Aires convocado por Menotti, Kempes no lograba poner de acuerdo a los argentinos y había más resistencia que aceptación. Después de ese 25 de junio de 1978, y hasta hoy, sin embargo, Marito, como le llaman los aficionados, es uno de los preferidos en el corazón de los seguidores albicelestes.

Maradona, por su parte, estaba en el ojo del huracán, porque tres días antes había sido protagonista de uno de los partidos más polémicos de todos los tiempos en la Copa Mundo: el que Argentina le ganó 2-1 a Inglaterra, en los cuartos de final del Mundial de 1986. En un arrebato de la picardía propia del potrero y de un acto de inspiración sublime, Maradona marcó dos goles que nunca nadie olvidará, que jamás entrarán al baúl de los recuerdos por su importancia y trascendencia, por su concepción y ejecución: el de la ‘mano de dios’ y el mejor tanto de la historia de los Mundiales.

Contra Bélgica, un duro rival en las semifinales, la historia fue diferente. Diego no contó con las ventajas que le dieron los ingleses, el juego fue menos fluido y la victoria, más complicada. Pero el genio prendió la lamparita y en dos jugadas individuales, con su característico sello, arrumó el bloque defensivo de los europeos y batió al gran Jean-Marie Pfaff, a la sazón un de los mejores porteros del mundo. ¿El resultado? Argentina ganó 2-0 y, contra viento y marea, contra todo pronóstico, venciendo a sus rivales y, en especial, la incredulidad de los hinchas, se clasificó a la final de México. El país y el estadio que en 1970 consagraron a Pelé sirvieron también para decirle al mundo que había un nuevo rey, uno incomparable e irrepetible: Diego Armando Maradona.

La feliz historia de Argentina el 25 de junio se inició en 1978, de la mano de Mario Kempes.
La feliz historia de Argentina el 25 de junio se inició en 1978, de la mano de Mario Kempes.

Ocho años más tarde, en el estadio Foxboro de Boston, la historia tuvo un final inesperado y, de manera muy especial, injusto: contra Nigeria, Maradona disputó el último partido de su trayectoria en la Copa Mundo, el número 21. Ese día, el protagonista fue Claudio Caniggia, gran socio de Maradona en la cancha, casi un hermano fuera de ella, con un doblete que permitió remontar luego de que el elenco africano abrió el marcador por intermedio de Samson Siasia. Este triunfo, sumado al que se había conseguido contra Grecia en el debut (4-0, con un gol de Maradona), le garantizó al cuadro de Alfio Basile un lugar en los cuartos de final.

Tan pronto el árbitro sueco Bo Karlsson pitó el final del partido, una amable enfermera se acercó al Diez, lo tomó del brazo y gentilmente lo llevó al control al dopaje. Después se conoció la noticia que estremeció al mundo del fútbol: el astro dio positivo por efedrina y fue expulsado del torneo. Aún hoy son muchos los que creen que aquello fue producto de una pantomima orquestada por la FIFA, harta de las críticas de Maradona y no dispuesta a darle una oportunidad de redención. Y después de conocer la trama que hay detrás de la adjudicación de las sedes de 2018 y 2022, las trampas y los sobornos, esas versiones cobran fuerza y, sobre todo, credibilidad. Lo cierto, en todo caso, es que la última vez que los aficionados al fútbol fuimos testigos de la magia de la zurda de Maradona fue aquel 25 de junio.

Hasta que llegamos al de 2014, al partido que la Selección de Alejandro Sabella tenía para ratificarse como primero de su grupo, pues la clasificación a segunda ronda ya estaba asegurada. Y, vaya ironías de la vida, el rival era otra vez Nigeria. Por cuarta vez en la Copa Mundo, desde que los africanos debutaron en 1994, las Águilas Verdes quedaron en el mismo grupo de Argentina. Y por cuarta vez, la Albiceleste celebró (3-2). Caniggia, en 1994; Gabriel Batistuta, en 2002; Gabriel Heinze, en 2010, y ahora Lionel Messi y Marcos Rojo fueron los verdugos del actual rey de la Copa Africana de Nacionales.

El hincha argentino fue feliz otra vez, un 25 de junio otra vez... (FIFA.com).
El hincha argentino fue feliz otra vez, un 25 de junio otra vez… (FIFA.com).

Mientras Cristiano Ronaldo se deshace a girones y se diluye en pucheros, Messi crece como espuma, con fútbol y goles. Su nivel va de menos a más y, claro, Argentina experimenta la misma ecuación. Contra Nigeria, el comportamiento de los dirigidos por Sabella fue el mejor de lo que va corrido del torneo, y no solo por Messi: hubo mejoría en el juego colectivo, hubo otras individualidades que brillaron. Pero, tal y como lo esperan sus hinchas, el rosarino los eclipsó a todos. Durante los 63 minutos que estuvo en el campo, volvió a ser el mismo del FC Barcelona: protagonista, decisivo, goleador. Pidió la pelota, tuvo más movilidad que en los encuentros anteriores, gozó de mejor acompañamiento y, por supuesto, marcó goles.

Golazos, para no faltar a la verdad. El primero, bien temprano (minuto 3), tras capitalizar una gran jugada de Ángel Di María, cuyo remate volvió al centro del área después de rebotar en el vertical derecho del pórtico de Vincent Enyeama: como una ráfaga, en el punto penalti, Messi apareció para romper el arco nigeriano con un remate fulminante. Luego, cuando expiraba la primera parte, un tiro libre que fue una obra de arte. El golero africano ya le había sacado uno, pero esta vez, unos metros más cerca del área, Messi no falló: su disparo superó la barrera y entró por donde todos sabían que iba a entrar, pero por donde Enyeama jamás pensó iba a pasar el balón. Fue su cuarto gol en Brasil-2014, para igualar al brasileño Neymar, y su primer doblete en los Mundiales. Y fue un 25 de junio, el Día Nacional de la felicidad de los hinchas de Argentina…

En 1986, en la semifinal contra Bélgica, Diego Armando Maradona marcó un doblete y allanó el camino a la final, a un nuevo título.
En 1986, en la semifinal contra Bélgica, Maradona marcó un doblete y allanó el camino a la final, a un nuevo título.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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