Costa Rica, el gigante de corazón

Tras sobrevivir en el grupo de la muerte y eliminar a Italia e Inglaterra, Costa Rica estuvo a punto de sucumbir en los cuartos de final frente a Grecia. En la definición con tiros desde el punto penalti, sin embargo, sacó a relucir su mejor talento: el corazón.

LibroA duras penas quedaron unas goticas de energía para celebrar, aunque algunos no fueron capaces y apenas atinaron a caer rendidos sobre el césped que acababa de enaltecerlos como héroes. Tras una extenuante prueba, que estuvo muy cerca de castigar injustamente el esfuerzo y el trabajo realizado, Costa Rica se metió entre los ocho mejores de Brasil-2014. El equipo dirigido por Jorge Luis Pinto, que quedó incluido en el llamado grupo de la muerte, es el único de esa zona que sigue en carrera gracias a que, además de su buen fútbol, puso mucho corazón, un corazón gigante.

Ni el más optimista de los costarricenses, quizás alguno poseído por un ataque de locura, hubiera apostado el pasado 7 de diciembre, día en que se realizó el sorteo de los grupos, que Costa Rica estaría este domingo 29 de junio en el lugar en que se encuentra. Italia, Inglaterra y Uruguay, tres excampeones orbitales, fueron las parejas que el destino le escogió al elenco tico para un baile que se antojaba como una pesadilla.  Sin embargo, italianos e ingleses se fueron a casa al cabo de la primera ronda, superados por el pequeño gigante, y los uruguayos se devolvieron por cortesía del colombiano James Rodríguez y compañía.

La segunda ronda, a la que Costa Rica accedió por segunda ocasión (ya había estado en Italia-1990, la edición en la que debutó), parecía darle un respiro: el rival era Grecia, un novato en estas lides, un equipo sin mayor tradición e historia, un país futbolístico que está muy lejos del rico palmarés de italianos, ingleses y uruguayos. No obstante, el desarrollo de los 120 minutos de juego disputados en el estadio Arena Pernambuco, de Recife, demostró lo contrario. El elenco helénico resultó tan o más duro que los excampeones y exigió a los costarricenses al máximo, lo obligó a exprimir sus cuerpos hasta el límite, les demandó hasta la última gotica de energía que hubieran almacenado.

Todos corrieron a celebrar con el arquero Keylor Navas, pero la verdad que es el equipo fue puro heroismo (FIFA.com).
Todos corrieron a celebrar con el arquero Keylor Navas, pero la verdad que fueron 11 héroes  (FIFA.com).

El primer tiempo del partido bien podría eliminarse, pues poco o nada importante ocurrió durante esos 45 minutos. Las emociones comenzaron a los 7 minutos del complemento, luego de que Bryan Ruiz, uno de los pocos que lo intentó en la etapa inicial, venció la resistencia del masivo bloque defensivo griego y superó la reacción del arquero Orestis Karnezis. Parecía partido liquidado, porque el conjunto europeo no mostró argumento alguno para alcanzar el empate, pero a la vuelta de un cuarto de hora el rumbo cambió: Óscar Boniek Duarte vio la segunda tarjeta amarilla por una falta innecesaria y se fue expulsado.

Entonces, Grecia sacó arrestos de donde no los tenía y se fue encima de Costa Rica. Y las pocas veces que entró al área con peligro se encontró con un Keylor Navas que se había levantado para vivir un día de gloria. El DT Pinto tomó sus recaudos defensivos y el reloj consumió los segundos con una lentitud desesperante, y Costa Rica llegó a rozar la hazaña. Al borde de la orilla, a punto de quedar a salvo, sin embargo, se ahogó: Sokratis Papastathopoulos recogió en el centro del área un rebote que dejó servido el arquero Navas, tras evitar el gol, y fusiló para el 1-1. Se jugaba el primer minuto de reposición.

Con las fuerzas al límite, con la mente nublada por el cansancio, con un rival envalentonado que amenazaba con pasar de largo, Costa Rica expuso lo mejor que tiene: su gigante corazón. Y a lo largo de los 32 minutos que se disputaron en la prórroga, los diez titanes centroamericanos lucharon cada balón como si fuera el último, corrieron cada metro del campo como si el partido apenas comenzara, se prodigaron como si la vida jamás les fuera a dar otra oportunidad… Y pudieron ganar, porque generaron las opciones, pero no fue posible. Había una prueba más, un obstáculo adicional que había que superar: la definición con tiros desde el punto penalti.

La de Costa Rica en esa instancia fue la mejor demostración para comprobar que no es una lotería, un episodio de suerte, sino que el éxito está marcado por la inteligencia, por la hombría, por el hambre de gloria, por el tamaño del corazón. Celso Borges, Bryan Ruiz, Giancarlo González, Joel Campbell y Michael Umaña patearon como grandes maestros y lo que hacía falta lo aportó Keylor Navas, que detuvo el disparo de Theofanis Gekas. En la que algunos llamaron la batalla de las cenicientas, Costa Rica escribió una página gloriosa en la historia de la Copa Mundo, propició el día más feliz en la historia de este pequeño país centroamericano. Y todo porque sus jugadores tienen un corazón gigante…

La reacción de los jugadores griegos es elocuente: todo estaba consumado, clasificó Costa Rica (FIFA.com).
La reacción de los jugadores griegos es elocuente: todo estaba consumado, clasificó Costa Rica (FIFA.com).

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