Colombia vs. Paraguay: un clásico de clase media

Separados apenas por un punto, colombianos y guaraníes luchan en la parte media de la tabla. Un partido de esos en el que los puntos valen doble, en lo futbolístico y en lo sicológico.

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018A estas alturas, el hincha debe entender algo que, sin duda, le va a evitar dolores de cabeza: más allá de los números que nos arroja la tabla de posiciones, son dos (y hasta tres, y no una sola) las eliminatorias que se juegan en Suramérica camino de Rusia-2018. Es claro que solo se otorgan cuatro cupos directos más uno para la repesca contra el mejor de Oceanía, pero también lo es que la competencia tiene estratos y, por ende, hay diferentes niveles. El de Paraguay y Colombia, en esta novena fecha en el estadio Defensores del Chaco de Asunción, por ejemplo, es un partido válido por la eliminatoria de clase media, es decir, la de aquellos equipos que pelean por el cuarto y quinto puestos.

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Ahora bajo el mando de Francisco ‘Chiqui’ Arce, Paraguay busca recuperar su esencia y ese nivel que le permitió pelear de tú a tú con los más grandes (FIFA.com).

Lloverán rayos y centellas, caerán insultos, pero es la puritica verdad. Una eliminatoria la juegan los grandes, que siguen siendo los mismos, que siguen estando varios escalones arriba de los demás, que mantienen la jerarquía a pesar de que ya no asustan tanto o de que ya no ganan con la camiseta. Esos son Argentina, Brasil y Uruguay, en orden alfabético para que nadie de ofenda. Son los campeones mundiales surgidos de nuestro continente, los que producen la mayor cantidad de jugadores de primer nivel, los que generalmente nos representan con mayor altura en la Copa Mundo, así ocasionalmente alguno otro (como lo hizo Colombia en 2014) les pueda robar protagonismo. Acaso la Celeste se enreda y debe sufrir en la repesca, pero difícilmente veremos a brasileños y argentinos jugando esa instancia o viendo la Copa Mundo desde casa a través del televisor.


Eliminatoria: Se llega a la mitad del camino rumbo a Rusia-2018


El siguiente lote, o estrato, hoy por hoy lo conforman Chile, Colombia, Ecuador y Paraguay, en ese orden alfabético que, curiosamente, también se ajusta a lo futbolístico. La Roja gana la carrera por nariz, en su condición de doble rey continental, mientras que la Tricolor aventaja a los otros dos por su figuración en Brasil-2014. Pero, metidos en la misma bolsa, cualquier cosa puede ocurrir: están muy equilibrados, más allá de las virtudes o defectos que cada uno nos ofrezca. Y la tabla de posiciones lo refrenda: entre Colombia, que es cuarto, y Chile, que es séptimo, solo hay dos puntos de diferencia. Es decir, una victoria trastoca las posiciones al punto de convertir una eventual clasificación directa en una dolorosa eliminación sin remedio. Por eso, los partidos que disputen entre ellos tienen un doble valor: no solo por los puntos que se ganen, sino especialmente por los que se le arrebaten al rival directo.

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El técnico José Pekerman sabe que sumar en Asunción es vital para las aspiraciones de Colombia, entre otras razones porque se le resta a un rival directo (FIFA.com).

En lo que va corrido de la eliminatoria, Colombia cayó 0-3 con Uruguay en Montevideo, 0-1 con Argentina en Barranquilla y 1-2 con Brasil en Manaos. Eran derrotas previsibles, así al hincha nunca le guste perder, nunca acepte la superioridad del rival. Es la clara muestra de que ese famoso ranquin de la FIFA es una mentira, como cuando uno, pasadito de tragos, llama a la ex en la madrugada a decirle que la extraña y al otro día se levanta no solo con un guayabo terrible, sino también con un sentimiento de culpabilidad que lo atormenta largo rato. En cambio, empató con Chile en Santiago (1-1), venció a Ecuador (3-1) y ahora se ve las caras con Paraguay. Es claro: se trata de dos eliminatorias distintas, la que se juega contra los grandes y la que se disputa contra los rivales directos. Cualquier punto que se gane en la primera vale un potosí, cualquier punto que se pierda en la segunda duele como una patada al sillón con el dedo chiquito en medio de la oscuridad de la noche.

A todos los hinchas nos gustaría ver a nuestro equipo ganador en todas las plazas, derrotando a todos los rivales, encumbrado en la tabla de posiciones. La realidad, sin embargo, es distinta: en una competencia de estas características, con 18 jornadas a lo largo de dos años, está comprobado que son los grandes los que sacan ventajas. Más allá de que las distancias se han acortado (que es cierto), de que muchas veces ellos no alcanzan el nivel que uno podría esperar (que es cierto), de que la clase media empuja con fuerza (que es cierto), de que las sorpresas son cada vez más habituales en el fútbol moderno (que es cierto), los grandes consiguen imponer su jerarquía. ¿Cómo? Ya no a través de equipos poderosos y compactos como antaño, sino a través de esas individualidades desequilibrantes que resuelven las papeletas más difíciles.

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Paraguay buscará vencer a Colombia en Asunción, algo que no consigue desde 1997, cuando la eliminatoria todavía se jugaba por grupos (FIFA.com).

Aun sin llegar a jugar bien, sin brillar, Lionel Messi le ha resuelto muchos partidos a Argentina. Lo mismo ocurre con Luis Suárez en Uruguay y con Neymar en Brasil. Y si en la Albiceleste también pueden surgir Kun Agüero, Pipita Higuaín o Ángel Di María, como en la Celeste aparece Édinson Cavani o Diego Godín y en la Auriverde lo hace ahora Gabriel Jesús. Cualquiera podría decir que Colombia tiene a James Rodríguez o a Carlos Bacca, que Chile cuenta con Alexis Sánchez o Arturo Vidal, que Ecuador tiene a Felipe Caicedo o a Énner Valencia, y es cierto. Pero también lo es que, a diferencia de los primeros, ellos solo resuelven en los días buenos, en aquellos en los que están iluminados, y muchas veces requieren además del soporte de sus compañeros, mientras que los plus lo hacen a título personal, como individualidades desequilibrantes que son. Por eso cuestan lo que cuestan, por eso están en los equipos que están, por eso se los reconoce como algunos de los mejores del planeta fútbol.

Ganarles a Argentina, Brasil o Uruguay es muy importante por el valor de los puntos, pero especialmente porque son triunfos que inflan el ego del hincha. Y en el caso particular de Colombia, sabemos que a esto se le da más valor que a la misma clasificación a la Copa Mundo. Rumbo a Suráfrica-2010, el aficionado colombiano sintió la eliminación, pero sacó pecho porque se venció a Argentina y no se perdió con Brasil. En la ruta a Alemania-2006, se sacó pecho por la goleada a Uruguay (5-0) y porque se le arrancó un punto al pentacampeón orbital en su casa. Sin embargo, la historia nos ofrece una lección que no se aprende: lo único que en verdad vale es conseguir el cupo al Mundial, y eso se puede lograr inclusive perdiendo en casa con Argentina o Brasil, como ha sucedido. Como suele decir Jesús ‘Estrellita’ Amaya, el golfista más ganador del país en la historia, “no importa el cómo, sino las cuantas”, es decir, la clasificación es la prioridad.

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El técnico Pekerman anda en plan de reconstruir la estructura, de convertir al grupo en un equipo, primero, y luego en un equipo ganador (FIFA.com).

Y la clasificación pasa, se sabe, por arrebatarles puntos a los rivales directos, que hoy por hoy son Chile, Ecuador y Paraguay. Con los dos primeros ya se consiguió el objetivo (empate a domicilio y victoria en casa), así que falta una tarea para aprobar la asignatura en esta primera ronda de la eliminatoria. Y los antecedentes, que por supuesto no juegan, son alentadores: en la Olla ganó en 2013 (2-1), en 2009 (2-0), en 2005 (1-0) y en 2001 (4-0), es decir, siempre triunfó allí desde que las eliminatorias se juegan por el sistema de todos contra todos. La más reciente derrota en Asunción fue el 2 de abril de 1997 (1-2). Entonces, la tarea del elenco dirigido por José Néstor Pekerman es extender la racha, mantener vigente la tendencia así sea con un empate, pasa sacar ventaja en esa eliminatoria particular en procura del cuarto y quinto lugares de la tabla. Son estos los verdaderos clásicos para Colombia, los partidos que el hincha suele llamar ‘de vida o muerte’.

Si el balance es positivo tras enfrentar a los rivales directos, el camino a la Copa Mundo es expedito; de lo contrario, habrá la obligación de sacarles puntos a los grandes, que se sabe no es fácil y tampoco es frecuente. Y, por supuesto, tampoco hay que permitirse el lujo de tropezar con los chicos, con la clase baja de la clasificación, hoy representada por Perú, Bolivia y Venezuela. La premisa para la Tricolor es mantenerse en zona de clasificación directa, porque ese factor juega de manera positiva en la confianza del grupo, en la tranquilidad (evita que se prendan las alarmas de las eternas crisis surgidas desde las cloacas sociales y los medios de comunicación y distorsión). Especialmente, porque el siguiente rival, la semana venidera en Barranquilla, es Uruguay, uno de los grandes. Aplicar la añeja y desusada media inglesa (empate a domicilio, triunfo en casa) sería un excelente negocio para Pekerman y sus dirigidos, más allá de lo que después nos pueda decir la tabla, que se mueve más que el ascensor de un rascacielos.

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Paraguay tiene que hacerse fuerte en su casa si quiere mantener las opciones de clasificar, especialmente contra un rival directo como es Colombia (FIFA.com).

Esta escala, además, ofrece un reto: jugar sin James Rodríguez, el líder, el distinto, el desequilibrante. Aquejado por una lesión muscular, el cucuteño acompañará desde afuera a sus compañeros y hará su mejor esfuerzo para recuperarse de cara al duelo contra la Celeste en la Puerta de Oro. Pero, así como Argentina tiene que aprender a jugar, a rendir y a gustar sin Lio Messi (algo que todavía no consiguió), Colombia debe acostumbrarse a competir en buen nivel sin su as, como en alguna oportunidad pudo hacerlo sin el goleador Radamel Falcao García. También es una posibilidad de refrendar la mejoría ofrecida en la jornada anterior, luego de dos participaciones en la Copa América que no colmaron las expectativas y por la irregularidad en el arranque de la eliminatoria. No sobra olvidar que tras la partida de algunos referentes y las lesiones o el bajo nivel de otros (que ha impedido su convocatoria), el DT anda en plan de rearmar la estructura, en la tarea de convertir al grupo en un equipo, primero, y en un equipo ganador, después.

Acudamos a la retórica para que el mensaje llegue claro, sin distorsiones: aunque no le guste al hincha, aunque a algunos se les delique el ego, sin importar lo que diga la actual tabla de posiciones, Colombia juega en la clase media de la eliminatoria y disputa un torneo particular contra Chile, Ecuador y Paraguay. Si logra un buen balance contra ellos y lo refrenda con los chicos (Perú, Bolivia y Venezuela), seguramente el cupo a Rusia-2018 se conseguirá; y mejor si, por ahí, logra arañarles algo a los grandes (Argentina, Brasil y Uruguay). Es fútbol, lo sabemos todos, pero también tiene mucho de ajedrez y ya está demostrado que no basta con darles patadas a las pelotas y a los contrarios; también es necesario pensar, analizar, calcular, porque cada día es más cierto que las diferencias no están en lo físico, sino en la inteligencia y en cómo se la aplica.

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David Ospina volverá a ser el custodio del arco colombiano. Mantener el cero será la premisa fundamental en procura de un buen resultado en Asunción (FIFA.com).

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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