Colombia: por 3 puntos cruciales en la aspiración

El elenco tricolor se mide a Venezuela, en San Cristóbal, con la meta de repetir lo de La Paz, Asunción y Quito. Sumar es la consigna.

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018¡Cómo nos cambia la vida! Hace casi un año, entre octubre y noviembre de 2016, la Selección vivía sus horas más difíciles en la eliminatoria al Mundial de Rusia-2018. Luego de ceder sendos empates en casa contra Uruguay (2-2) y Chile (0-0) y caer por goleada con Argentina (0-3), se enfrentó a los más temibles rivales: sus propias dudas y la voraz crítica de un país intolerante a las derrotas, que exige ganar, aunque no sabe ganar.

La maravilla del fútbol, de ahí que despierte pasiones que son indescriptibles, es que cada vez que suena el pitazo inicial del siguiente partido es una historia nueva. Y nueva, alegre y tranquilizadora, fue la historia que el elenco de José Pekerman pudo escribir en la doble jornada realizada el pasado mes de marzo. Venció 1-0 a Bolivia como local y 2-0 a Ecuador en Quito y encarriló la clasificación. Ahora solo resta concluir bien la faena.

Cuando más complicado estaba el panorama, cuando más oscuro lucía el firmamento, cuando más dudas había en torno al equipo, aparecieron argumentos como la experiencia, la jerarquía y la contundencia y le dieron vuelta a la arepa. Favorecida por una serie de resultados ajenos que no estaban en las cuentas, la Tricolor avanzó al segundo puesto de la clasificación y ahora depende de sí misma para asistir a la próxima Copa Mundo.

No será un camino tapizado de pétalos de rosas, en todo caso, el resto de la eliminatoria. Todos son partidos de alto riesgo, bien por la categoría de los rivales, bien porque los contendores ya nada tienen que perder y pueden hacer daño. Es el caso de Venezuela, a la que se visitará en el estadio Pueblo Nuevo, de San Cristóbal, una parada crucial en las aspiraciones del grupo de José Pekerman. Sumar es la consigna, ojalá de a 3.

Radamel Falcao García vive un presente feliz en el AS Monaco francés y quiere seguir las celebraciones en la Selección (FIFA.com).

De constantes altibajos, con marcado tufillo de sufrimiento, ha sido el camino de Colombia en la eliminatoria. Bien distinto al que la llevó a Brasil-2014, que estuvo salpicado de repetidas alegrías, muestra de que en el fútbol cada partido es una historia nueva y de que el pasado no juega. Por esas circunstancias, entonces, cada uno de los cuatro partidos restantes deberá ser asumido como lo que será: una final.

Las frecuentes lesiones, las inoportunas suspensiones, el bajo nivel de algunas de las figuras y la falta de continuidad de casi todos los jugadores que militan en clubes europeos pusieron en entredicho la capacidad del grupo. Afortunadamente, la sapiencia del DT Pekerman, terco en la defensa de sus convicciones, logró sacar el barco a flote. Aún falta un trecho cargado de riesgos, pero se espera poder atracar en buen puerto.

Decir que contra Venezuela es un clásico o que la Vinotinto se juega un partido especial contra Colombia es no solo caer en las consabidas y vacías frases de cajón, sino además intentar distorsionar la realidad. Y la realidad es que hoy por hoy, gústele a quien le guste, en Suramérica cualquiera le gana a cualquiera. Quizás Brasil esté otra vez unos peldaños arriba de los demás, pero al resto se lo puede meter en el mismo costal.

Incluida Venezuela, que ocupa el último lugar y hace rato resignó sus opciones de acudir a Rusia-2018. Es cierto que el elenco de Rafael Dudamel solo ganó un partido en la actual eliminatoria (5-0 a Bolivia) y que perdió 10 de los 14 que disputó hasta ahora. También que volvió a ser débil en defensa y poco eficiente en ataque, como en el pasado cuando era la cenicienta continental. Sin embargo, no es la comparsa que algunos dicen.

La presencia de James Rodríguez es una incógnita, por su estado físico. Ganar sin él, una asignatura pendiente (FIFA.com).

Dañarle el caminado a alguno de los aspirantes es el contentillo para Venezuela en la actual eliminatoria. Ya hizo tropezar a Argentina y Perú, y va por más. En esta ocasión, consciente de que es necesario enfocarse en la ruta hacia Catar-2022, el DT Dudamel apostó por la renovación: convocó a varios de los jugadores que el pasado mes de junio hicieron historia al disputar la final del Mundial Sub-20 contra Inglaterra (0-1).

Jóvenes con escasa o nula experiencia internacional en estas grandes ligas, sí, pero también con hambre de gloria. Y eso, por supuesto, los convierte en rivales de peligro. Más cuando la eliminatoria se caracterizó por la irregularidad de todos los elencos, a excepción de Brasil. Ninguno pudo acreditar una línea de rendimiento estable, de ahí que la tabla se haya comportado como un acordeón, que se estira y se encoge sin cesar.

La clave, para Colombia, es enfrentar a este rival como si fuera líder de la clasificación, no el colero. Un rival que se exigirá al 200 por ciento, como lo hizo frente a otros contendores, más allá de que los resultados no hayan sido satisfactorios. La diferencia radica en que hace años que Venezuela dejó de sentirse inferior y en que comprobó que puede medirse de tú a tú con varios del continente. Que pierda o gane es otro tema.

Colombia ya venció al mayor enemigo que tenía, al que amenazaba con derrumbar la ilusión: el fantasma de la fantástica eliminatoria pasada. Los hinchas entendieron (la mayoría, no todos) que este es un equipo distinto, en formación, y que necesita construir su propia identidad. Difícilmente jugará con la brillantez de esa versión 2011-2014, pero aprendió a sacar los resultados, es decir, a conseguir los puntos necesarios.

La sapiencia del técnico José Pekerman sacó a flote un barco que iba a la deriva, camino de hundirse. ¿Llegará a buen puerto? (FIFA.com).

Lo que ocurre es que algunos no entienden (hinchas de los de las tribunas y de los de los medios de distorsión) que la eliminatoria no es un reinado de belleza, es decir, no se requiere jugar bonito. Hay que sumar, hay que ganar cuando se pueda, hay que superar las dificultades, hay que buscar uno de los cuatro cupos directos o, en su defecto, alargar la agonía por la vía de la repesca. No hay títulos en juego, la meta es clasificar.

Y esa es, precisamente, la premisa del duelo contra Venezuela: sumar. Después se verá si la cosecha sirvió, porque hay que contar con los resultados de los otros partidos. Lo que está claro es que pase lo que pase en San Cristóbal Colombia seguirá entre los cuatro primeros, y eso da tranquilidad. Por supuesto, es mejor llegar al duelo contra Brasil, de la próxima semana, con una victoria en las alforjas, con el ánimo en la cresta de la ola.

Fiel al estilo de su técnico, en esta eliminatoria la Selección se ha graduado en esa característica tan colombiana de llevar la contraria. No juega bonito, a veces ni siquiera juega bien, las convocatorias nunca satisfacen a los autoproclamados expertos, pero la realidad de la tabla, que es lo único que vale, nos dice que va camino de Rusia-2018. Ejecutó lances finos, despertó la euforia en los tendidos, pero la faena no ha concluido.

Las victorias en La Paz, Asunción y Quito avalan la ilusión. No son plazas fáciles, como tampoco lo es San Cristóbal. Esos, sin embargo, fueron los mejores juegos de Colombia en la eliminatoria: los mejores, no los más artísticos. Fueron aquellos en los que mostró personalidad, jerarquía y carácter, que se sumaron a convenientes dosis de buen juego y, sobre todo, eficacia. Si repite eso contra Venezuela, sin duda Rusia-2018 estará más cerca.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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