Colombia frenó a Brasil en la eliminatoria: 1-1

No se jugó bonito, a ratos no se jugó bien, faltó perderle el respeto al rival y tratar de hacerle daño, no hubo poder ofensivo y no se ganó. Pero, Colombia sumó y continúa dependiendo de sí misma para asegurar el cupo a Rusia-2018.

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018Es un fenómeno extraño que algún día la ciencia nos tiene que explicar: los troncos que fueron incapaces de ganarle a Venezuela, el colero, y mancillaron el orgullo del hincha, se transformaron en héroes, cortaron la racha victoriosa de Brasil, el líder, y dieron un paso más en la ruta hacia el Mundial de Rusia-2018. Un gol de Radamel Falcao García rubricó una aceptable actuación de la Selección Colombia y puso a festejar al país.

Sin llegar a jugar bien, pero apelando a recursos válidos como el amor propio y el carácter, Colombia derrumbó el mito de la invencibilidad de Brasil: el equipo de Tite, que llegó a Barranquilla con una racha de nueve victorias consecutivas en las eliminatorias, tuvo que conformarse con un empate. La Tricolor se mantuvo en puestos de clasificación directa y definirá su suerte en los dos últimos partidos, en octubre, con Paraguay y Perú.

Sin brillar a plenitud, por ganas y pundonor, Falcao García y James Rodríguez fueron de los mejores de Colombia frente a Brasil (FIFA.com).

La carnicería que los sepultureros de los medios de distorsión y manipulación armaron tras el pálido empate en San Cristóbal, hace cuatro días, se transformó en una fiesta. Que es un milagro en la víspera de la llegada del papa Francisco, que es la magia del 5 de septiembre (una fecha histórica para el fútbol colombiano) o que es un efecto colateral del huracán Irma son algunas de las explicaciones que los expertos nos ofrecerán.

El folclor colombiano, ese Macondo que todos llevamos en el corazón, da para eso y para mucho más. Sin embargo, la pura y sencilla verdad, la realidad, es que el fútbol es así. Un día se gana y al siguiente, se pierde; un día se juega bien, pero no se gana; un día se juega mal, y se gana o se empata. Ese es el fútbol. Más hoy, cuando los esquemas defensivos y los miedos neutralizan a los colectivos y priman las individualidades.


Colombia vs. Brasil: a escribir una historia diferente


Y eso fue, precisamente, lo que se vio la tarde de este martes en Barranquilla. La premisa de los dos equipos era evitar la derrota, arriesgaron estrictamente lo necesario en la ofensiva y cuando se estableció la paridad negociaron el punto, un botín provechoso para ambos. Brasil vio frenada su racha triunfal, pero se mantuvo lejos como el primero de la eliminatoria; Colombia sumó y se mantuvo en zona de clasificación directa.

Fue bueno el primer tiempo de Colombia, a pesar de que quedó en deuda en el aspecto ofensivo. Controló a Brasil, lo mantuvo lejos de su arco, no se excedió en las faltas al borde del área y el arquero David Ospina tuvo poco trabajo. Era claro que la idea del local consistía en mantener el control del balón, pero faltó esa transición en ataque con profundidad que permite hacerle daño al rival. En esa etapa, Colombia fue inofensiva.

El 1-0 al final del primer tiempo fue un premio excesivo para un Brasil especulador, amarrete, pegador (FIFA.com).

Por eso, el 1-0 a favor del visitante se antojaba injusto, un premio generoso para Brasil, un castigo excesivo para Colombia. Pero, así es el fútbol: no hay justicia, no hay méritos, solo vale lo que cada uno puede hacer. Y Colombia se equivocó y Brasil exhibió esa contundencia ofensiva que durante esa racha de nueve victorias consecutivas le permitió esconder sus notorias limitaciones. Una brillante jugada colectiva aislada y facturó.

Más allá de los triunfos, más allá de la clasificación anticipada, más allá de las esporádicas pinceladas de talento de sus individualidades, está claro que este Brasil reniega de su brillante currículo y está lejos, lejísimos, de esas versiones poderosas que registra la historia. Por eso, así mismo, el 1-0 a su favor era excesivo y, por eso, el marcador en contra era un llamado de atención para Colombia, que requería mayor ambición.

Así lo interpretó el técnico Pekerman, que le dio paso a Yimmy Chará en lugar de Juan Guillermo Cuadrado. La verdad, el que debió salir era Édison Cardona, que una vez más (¿Y cuántas van?) apenas exhibió una desesperante frialdad (eso que los hinchas llaman pecho frío) y ansias de protagonismo. El regordete volante nada le aportó al equipo, mientras que Cuadrado al menos se juntó con James y buscó el desequilibrio.

Mejor acompañado por James Rodríguez y con laterales que lo surtieron con centros, Falcao García volvió a ser importante en la Selección Colombia (FIFA.com).

Esa modificación nada le aportó al equipo. Inclusive, quedó la impresión de que le restó el atrevimiento de Cuadrado, porque una vez más Chará fue un convidado de piedra. Es porque no todos los jugadores que suelen brillar con sus equipos, en especial en los entrenamientos, tienen la pasta para lucirse con la Selección. Y Chará y Cardona son claros ejemplos de esa característica, y el equipo lo sufrió.

Afortunadamente, fue posible darle a Brasil una dosis de su propio cocinado: en una de las pocas jugadas colectivas destacas de los 90 minutos, James surtió a Santiago Arias y este lanzó un centro preciso, al corazón del área chica, donde el Tigre Falcao no perdonó. Otra jugada aislada, otra defensa pasiva, otro atacante que cobraba por ventanilla como antes del final de la primera etapa lo había hecho el brasileño Willian.

A partir de ahí, motivado por la euforia del pública, Colombia tuvo sus mejores momentos del partido. Soltó las amarras, se atrevió, empujó y provocó alguna zozobra en el área de la Auriverde. Sin embargo, faltó peso específico para desequilibrar el marcador: Chará fue un turista en la cancha y Teo Gutiérrez ingresó sin ritmo de competencia y nunca pudo entrar en el partido. Por eso, al final, el empate fue un buen negocio para ambos.

Juan Guillermo Cuadrado tuvo un buen primer tiempo, pero el técnico lo sacrificó. Luego, su ausencia se sintió (FIFA.com).

Cuando Colombia empató sin goles con Venezuela, los expertos quisieron cortar cabezas, nos dijeron que ese punto no servía, que ese empate tenía sabor a derrota. Y, lo peor, nos pronosticaron una penosa caída con Brasil. Ahora, la misma Colombia le quebró la racha al mejor de la eliminatoria y nos venden fiesta, carnaval; los villanos, los troncos se transformaron en héroes nacionales, y nos dicen que fue otro 5 de septiembre histórico.

Ni lo uno, ni lo otro. Lo que se vio en el juego en Barranquilla es fiel reflejo de lo que ha sido la eliminatoria suramericana a Rusia-2018: altibajos, miedo a perder, escasos argumentos ofensivos, dependencia de las individualidades, conformismo. La tabla de posiciones es un tema muy distinto a lo que ocurre en el campo de juego, no necesariamente es un reflejo fiel, y no se los puede mezclar.

La eliminatoria, y más en el caso de Suramérica en el que el equilibrio de fuerzas (¿o de carencias?) es la norma, es una maratón, ni una carrera de 100 m o una posta de 400 m. Es una carrera de resistencia en la que solo pueden celebrar aquellos que entienden que la premisa fundamental (la única premisa) es sumar. Jugar bien es una opción, jugar bonito es una opción todavía más exótica, ganar y jugar bien es prácticamente un milagro.

Poco, muy poco, ofreció Brasil en Barranquilla. Willian, autor del gol, fue el más destacado del elenco de Tite (FIFA.com).

No se jugó bonito, a ratos no se jugó bien, faltó perderle el respeto al rival y tratar de hacerle daño, no hubo poder ofensivo y no se ganó. No fue un desastre, tampoco, solo un paso más en procura de la clasificación al Mundial de Rusia-2018: Colombia hizo la tarea, sumó, y continúa dependiendo de sí misma para asegurar el cupo. Ese, sin duda, no es un mal botín para un puñado de jugadores que hace unos días eran troncos, carne de cañón…

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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