Colombia, divorciada del buen fútbol

El 0-0 con Chile mostró otra vez las carencias ofensivas de la Tricolor. Flojo debut de Borja y estéril regreso de Falcao. A pesar de la deuda futbolística, subió al tercer puesto y va por Argentina.

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018El ansiado regreso de Radamel Falcao García y el promocionado debut de Miguel Ángel Borja fueron insuficientes, virtualmente estériles, para que Colombia consiguiera vencer a Chile en las eliminatorias al Mundial de Rusia-2018. Fue un desabrido empate sin goles que deja un mal sabor de boca porque otra vez se jugó mal, pero especialmente porque prácticamente no se generó juego ofensivo. Y así no se puede ganar.

Sorprendió el técnico José Pekerman con la formación inicial, básicamente por la dupla atacante: Orlando Berrío y Borja, los mismos que con la camiseta de Atlético Nacional les brindan alegrías a sus hinchas. Pero, claro, el jersey tricolor peso más, mucho más, y a los dos se les notó la novatada. Esas temibles fieras de verdiblanco se convirtieron en tímidos gatitos con la amarilla. La culpa, en todo caso, no fue de ellos.

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La mejor opción de Colombia fue este cabezazo de Óscar Murillo que tapó el arquero Claudio Bravo, en el primer tiempo (FIFA.com).

El DT nacional entendió que Falcao aún no completa su proceso de recuperación futbolística y consideró que era mejor no arriesgarlo en un partido de alto voltaje. Además, le apostó a las sociedades ya conformadas, como la de Berrío-Borja. Sin embargo, la apuesta no salió bien y la muestra es que Borja apenas tuvo una opción (que le tapó bien el arquero Claudio Bravo) y Berrío, ninguna.

La culpa, sin embargo, no fue enteramente de los atacantes. A ellos les pesaron la responsabilidad y la camiseta, de eso no hay duda, pero también es justo decir que el paupérrimo partido de los volantes colombianos, especialmente de los creativos, les impidió el lucimiento. Los delanteros pecaron por falta de movilidad (se quedaron esperando que el balón les llegara), porque nunca crearon los espacios para desnivelar.

Eso de las sociedades ya conformadas procuraba llenar uno de los grandes vacíos de Colombia en estos tiempos: los cortocircuitos ofensivos. Juegue quien juegue, dispóngase el esquema que se disponga, en casa o a domicilio, la Selección carece de argumentos ofensivos. Y contra Chile, por supuesto, no fue la excepción. La intención del técnico era claramente ofensiva, con dos volantes de avanzada, pero el problema no se solucionó.

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Flojísimo fue el partido de James Rodríguez, al que le faltaron tranquilidad e inteligencia para desequilibrar. Una tarde para olvidar (FIFA.com).

Y no se solucionó específicamente porque los más flojos de esta tarde en Barranquilla fueron, precisamente, James Rodríguez y Edwin Cardona. El del Real Madrid arrancó desesperado, pasado de revoluciones, impreciso en los pases y exageradamente individualista. El del Monterrey confirmó (una vez más, ¿y cuántas van?) que es de escasos raticos, de muy esporádicos chispazos, y se ahogó en un vaso medio lleno.

Lo de James ya se volvió frecuente, pero no estrictamente por su culpa: carece de un socio que le permita desplegar su juego y, entonces, sin alternativas, decide hacer la suya y se equivoca. Lo de Cardona es habitual, porque se sabe que él juega no para la Selección Colombia, sino para el Atlético Edwin Cardona, es decir, solo busca su lucimiento personal y, salvo que haga un gol, su aporte es prácticamente nulo. Como ocurrió esta vez.

En el fútbol colombiano, desde hace varias años, se malinterpretó aquello de la intensidad del juego. Un tema es apretar al rival en su propia zona, buscar el error en la salida, tratar de no dejar fisuras en el medio y otra, bien distinta, es jugar a la loca, coger el balón y correr para cualquier lado con la cabeza clavada en el piso. Y eso es, justamente, lo que hacen muchos jugadores nacionales.

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Ganas y sacrificio expuso Radamel Falcao García en su regreso, pero no tuvo el acompañamiento adecuado en ataque (FIFA.com).

En las más recientes salidas, los principales dolores de cabeza de Colombia habían estado en defensa, con énfasis en el juego aéreo, pero esta vez poco o nada se sufrió entre otras razones porque Chile no fue muy ofensivo. El problema estuvo de mediocampo hacia arriba, una zona en la que los jugadores de la Tricolor fueron presas fáciles del sólido esquema defensivo que planteó el técnico Juan Antonio Pizzi.

Un cabezazo de Óscar Murillo, un remate de Borja (ambos controlados por Bravo) y por ahí otro de James en el segundo período fueron todo el bagaje ofensivo de Colombia contra Chile. Por el afán, porque se corrió mucho y no se pensó, porque cada uno quiso resolver a su manera, fue poco o nada lo que se inquietó el arco rival. A Johnny Herrera, que sustituyó al lesionado Bravo, prácticamente no se lo exigió en más de media hora.

Consciente de que su apuesta no había resultado afortunada (lo único que consiguió fue darles gusto a los hinchas de los micrófonos y de las poltronas caseras), el técnico Pekerman intentó recomponer en el complemento. Metió a Falcao por un intrascendente Borja, pero nada cambió. Después puso a Luis Fernando Muriel, que había sido uno de los mejores en actuaciones recientes, pero la tendencia no se torció.

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Chile perdió a su capitán Claudio Bravo por lesión. Está en duda para el duelo del martes próximo contra Uruguay, en Santiago (FIFA.com).

Como le había sucedido hace un mes contra Uruguay, Colombia careció de tranquilidad, de precisión en ataque, especialmente de juego asociado. Y los rivales, conscientes de esa falencia, elevan un muro de piernas en la mitad del campo y evitan dolores de cabeza en su área. Y especulan, como lo hizo Uruguay, como ahora lo hizo Chile, y también hacen su negocio. El problema es que Colombia, aún, no encuentra la solución adecuada.

Por eso, se terminó a los empellones, como una turba que intenta pasar por encima de los demás en procura de un puesto en Transmilenio. Irónicamente, contrario a lo que el técnico intentó, Colombia terminó divorciada, con evidentes cortocircuitos ofensivos, con una absoluta anarquía en ataque: cada uno quería resolver a su manera. Un dolor de cabeza que Pekerman todavía no pudo erradicar.

En la antesala, se presumía un partido ofensivo, con dos equipos volcados al ataque en procura de una victoria que les permitiera alejarse de esa zona caliente de la clasificación, pero la realidad fue diferente: pesó más el miedo a perder que la ilusión de ganar. Chile, que continuó en puesto de repesca, se conformó con el empate, a la espera del partido del próximo martes contra Uruguay en Santiago. No perder era su premisa, y cumplió.

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A Miguel Borja, sin duda, le pesó la camiseta amarilla. Además, pecó porque fue demasiado estático y facilitó la marca de los zagueros australes (FIFA.com).

Colombia, que no quería repetir la desazón sufrida contra Uruguay, careció de argumentos futbolísticos para torcer la tendencia reciente. Víctima de sus inocultables limitaciones futbolísticas, de su incapacidad para interpretar bien el partido, enredó la madeja. Curiosamente, producto de los resultados de la jornada, ascendió a la tercera casilla de clasificación directa, aunque perdió la posibilidad de marcar distancia con rivales directos.

Incapaz de sumar como local, a Colombia no le queda más remedio que tratar de cuadrar caja a domicilio. El próximo martes, en San Juan, visita a la peor Argentina de los últimos tiempos, un rival que viene con varias heridas abiertas. Chile, mientras, regresará a casa con la esperanza de que el fervor de sus hinchas le sirva para superar al duro Uruguay y terminar el año en zona de clasificación directa.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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