Colombia, con licencia para soñar en grande

Por primera vez en la historia, la Tricolor clasificó a los cuartos de final y ahora se viene Brasil, el favorito, el dueño de casa. Esa, sin embargo, es una preocupación mayúscula para el DT Scolari, su grupo y la torcida multicolor. El Maracaná fue el teatro de los sueños de todo un país.

LibroLo más fácil sería decir que Uruguay perdió porque acusó la ausencia de su goleador y referente Luis Suárez, pero eso no es verdad. Uruguay, el bicampeón mundial, el rey de América, el cuarto de Suráfrica-2010, el de la temible garra, perdió simplemente por todo lo que le sobró a Colombia: buen fútbol, contundencia, seguridad defensiva, variantes ofensivas, tranquilidad, jerarquía y corazón, mucho corazón. Sesenta y cuatro años más tarde, Uruguay regresó al Maracaná, pero esta vez no hubo milagro.

La Selección Colombia de José Néstor Pékerman no solo jugó el partido más importante de su historia; de manera muy especial, también jugó el mejor partido de su historia. Por el resultado, por el trámite, por la instancia que se disputaba, por la calidad y tradición del rival, porque no hubo dudas acerca de la superioridad, porque los argumentos exhibidos fueron incuestionables. Hombre a hombre, en lo colectivo, en lo defensivo, en lo ofensivo, Colombia fue más, mucho más que Uruguay. Y no es que el elenco del Maestro Óscar Washington Tabárez haya jugador mal, solo que esta vez se estrelló contra un rival superior. Así de sencillo, así de contundente.

El que se sorprenda o diga que es una revelación la campaña que Colombia está cumpliendo en el Mundial de Brasil-2014 está equivocado. El buen desempeño en la eliminatoria, el buen nivel en los amistosos, la inmensa calidad humana y futbolística de una generación privilegiada y la conducción magistral del profe Pékerman y su equipo de asesores son un menú que todos conocemos desde hace rato. Lo que sí puede sorprenderlo a uno un poco es la formidable respuesta del grupo en cada partido, porque no hay techo, porque no hay uno solo que desentone, porque la aplicación del libreto es perfecta, porque inclusive los que entran desde el banquillo de suplentes cumplen a cabalidad.

Allá va, directo a la gloria, el zurdazo de James. 47 millones de colombianos lo impulsaron al fondo de la red (FIFA.com).
Allá va, directo a la gloria, el zurdazo de James. 47 millones de colombianos lo impulsaron al fondo de la red del arco defendido por el uruguayo Fernando Muslera, cuyo esfuerzo fue estéril (FIFA.com).

Había temores de que Colombia se dejara imponer las condiciones por un rival que posee mucha experiencia y trayectoria en estas lides, en estas instancias en las que a veces los argumentos que no son estrictamente futbolísticos pesan más. Pero no hubo tal. Uruguay esperó agazapado, como se esperaba; Uruguay recurrió a la fuerza física, como se esperaba; Uruguay pegó, como se esperaba; Uruguay le puso corazón y garra cuando se vio en desventaja, como se esperaba. Todo eso, que otras veces fue suficiente, que le permitió resurgir de sus propias cenizas, que le bastó para consumar hazañas increíbles, ahora se quedó en un esfuerzo estéril.

Porque esta vez la que mordió fue Colombia: con los desbordes de Juan Guillermo Cuadrado y Pablo Armero, con la seguridad de Mario Yepes y Cristian Zapata, con la picardía de Jackson Martínez, con las genialidades de James Rodríguez, con las fabulosas atajadas de David Ospina. La fiera fue Colombia, porque se batió como un león en cada uno de los centímetros cuadrados del mítico Maracaná, porque luchó cada balón como un tigre en persecución de su presa, porque defendió su arco como una leona cuida a sus cachorros, porque expuso un corazón más grande que el de la ballena azul. Y también fue un mordisco a la gloria, esa deliciosa torta que la Tricolor felizmente ha saboreado en Brasil-2014 y de la que todavía tiene un guardadito.

El 30 de mayo de 1962, en el estadio Carlos Dittborn de Arica (Chile), Colombia y Uruguay se vieron las caras por primera vez en una Copa Mundo. Aquella vez, los argumentos charrúas fueron más que los de una Tricolor (que por aquel entonces todavía no tenía esa denominación, pues jugaba con camiseta azul y pantaloneta blanca), pesaron más: después de que el equipo de Adolfo Pedernera se puso en ventaja con un tiro penalti ejecutado por Francisco ‘Cobo’ Zuluaga, Uruguay impuso su fuerza, a veces más allá de la delgada línea que conduce a la violencia, y ganó 2-1. El propio Zuluaga terminó con una costilla rota y otros jugadores nacionales, con magulladuras varias, producto de las fricciones.

En un rincón del alma de los colombianos quedó grabado este golazo, el primero de James Rodríguez (FIFA.com).
En un rincón del alma de los los hinchas colombianos quedó grabado este golazo, el primero de James Rodríguez en la victoria 2-0 sobre Uruguay en Río de Janeiro (FIFA.com).

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Medio siglo más tarde, sin embargo, Uruguay no encontró argumentos válidos para contrarrestar la altura futbolística de Colombia. Porque el partido de la Tricolor rayó con la perfección: no se cometieron errores atrás; cuando los atacantes uruguayos superaron la defensa, Ospina respondió con suficiencia; el mediocampo encontró la tranquilidad y la pausa que habían hecho falta en los encuentros anteriores; los delanteros cumplieron una destacada labor, no solo como atacantes, sino especialmente para convertirse en los primeros defensas cuando el rival quería venirse encima; y, sobre todo, de manera muy especial, con letras mayúsculas, por JAMES RODRÍGUEZ.

El genial volante cucuteño, que en el AS Monaco francés no contó con el respaldo del técnico italiano Claudio Ranieri (afortunadamente cesado), en la Tricolor halló en José Néstor Pékerman el apoyo necesario para explotar. En el DT y en sus compañeros, que lo han entendido, que lo consienten, que lo alimentan, que lo aprovechan. Su primer gol no solo es el más importante de la historia del fútbol colombiano y el más espectacular de lo que va corrido de Brasil-2014, sino también uno de los mejores de todos los tiempos en la Copa Mundo. Y el segundo dejó claro que él, como el equipo, no sabe conformarse, que siempre busca más, que el hambre de gloria está lejos de ser saciado.

Lo más fácil sería decir que Uruguay perdió porque acusó la ausencia de su goleador y referente Luis Suárez, pero eso no es verdad. Sesenta y cuatro años más tarde, Uruguay regresó al Maracaná, pero esta vez no hubo milagro. Esta vez, el mítico escenario de Río de Janeiro fue el teatro de los sueños colombianos y este inolvidable 28 de junio de 2014, a diferencia de lo que ocurrió el 16 de julio de 1916, no hubo samba, ni milonga o candombe montevideano: se bailó cumbia, salsa, mapalé, bambuco, pasillo y guabina. Colombia, por primera vez en la historia, clasificó a los cuartos de final y ahora se viene Brasil, el favorito, el dueño de casa. Ese, sin embargo, no es un problema para Pékerman y su equipo de 47 millones de colombianos, sino una preocupación mayúscula para el DT Luiz Felipe Scolari, su grupo y la torcida multicolor…

Un partido perfecto jugó la Selección Colombia contra Uruguay y ya está en los cuartos de final  (FIFA.com).
Un partido perfecto jugó la Selección Colombia contra Uruguay y ya está en los cuartos de final (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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