Colombia vs. Brasil: a escribir una historia diferente

Afortunadamente, y eso es lo más bonito que tiene el fútbol, cada partido es una historia, una diferente, una independiente, una nueva.¡Se puede, claro que se puede!

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018De la frustración por una anunciada victoria sobre el colero (que no se dio) a la euforia de un eventual triunfo sobre el líder y único clasificado (que no se ha dado). Así, de un extremo al otro, con el consabido dramatismo exagerado que el colombiano suele imprimirle a la vida, la Selección Colombia recibe la visita de Brasil. ¿Miedo? El que tenga miedo, que salga y compre un perro…

Hace apenas unos pocos días, la fiesta terminó en amargura porque el equipo dirigido por José Pekerman no pudo vencer a Venezuela, en San Cristóbal. El 0-0 resultó una afrenta para el orgullo de los hinchas (los que pagan boleta y los que acuden acreditados), que daban por descontados los 3 puntos contra el colero. Sin embargo, en el terreno de juego, donde está la verdad del fútbol, no se jugó bien y, claro, no se pudo ganar.

Neymar Jr., el jugador más costoso del mundo, es el gran atractivo del partido de eliminatorias en Barranquilla (FIFA.com).

Más rabia y más desazón hubo unas pocas horas después, cuando terminaron los otros partidos previstos en la decimoquinta jornada de las eliminatorias suramericanas al Mundial de Rusia-2018 y los resultados se dieron a pedir de boca. Sí, todos jugaron a favor de Colombia, menos Colombia: Argentina y Uruguay igualaron, Chile cayó con Paraguay y Brasil venció a Ecuador. Era el escenario ideal, pero…

La situación tomó visos de tragedia, ese ambiente en el que el colombiano del común se siente tan cómodo, cuando el calendario nos recordó que el siguiente rival es Brasil. ¡Y cundió el pánico!, y las plañideras asumieron su consabido rol de prepararnos para el desastre. Afortunadamente, y eso es lo más bonito que tiene el fútbol, cada partido es una historia, una diferente, una independiente, una nueva.


Colombia: otro paso en la ruta hacia Rusia-2018


A la luz de la tabla de posiciones, hoy Brasil es el mejor de la eliminatoria suramericana. De hecho, es el único que hasta ahora pudo asegurar su lugar en Rusia-2018. Y carga el peso de una historia llena de títulos, y asusta por el brillo de unas pocas individualidades, y asombra por el elevado costo de jugadores que son comunes y corrientes. Pero, como dice el hincha, Brasil es Brasil y algunos están pagando escondederos a peso.

Afortunadamente, y eso es lo más bonito que tiene el fútbol, cada partido es una historia, una diferente, una independiente, una nueva. Está bien que este Brasil asusta por el poder ofensivo, porque bajo el mando del técnico Tite acumula nueve victorias consecutivas (los venció a todos), porque tiene a Neymar (al que algunos consideran uno de los mejores del mundo) o, simplemente, porque es Brasil.

El talento de James Rodríguez, recuperado de una lesión, y la sabiduría del DT Pekerman hacen ilusionar al hincha tricolor (FIFA.com).

Lo que algunos olvidan es que este también es el Brasil que salió apabullado y humillado de su Mundial, hace tres años, después de sufrir la peor derrota de su laureada historia. También en el Brasil que salió por la puerta de las tres últimas ediciones de la Copa América. Es, en suma, un equipo que gana, que empata y que pierde, como cualquier otro, un equipo que no es invencible, un equipo que también puede tener un mal día.

El verso que algunos quieren vender es que una derrota contra Brasil entierra las posibilidades colombianas de acudir a Rusia-2018. Y eso no es cierto, por supuesto. De hecho, aun en la eventualidad de una caída (que por cierto sería inoportuna), el destino de la Tricolor está en sus manos: depende de lo que haga en la última doble jornada, en octubre, como local contra Paraguay y en la visita a Perú, en Lima.


Eliminatoria: se abre la puerta de los sustos


Una derrota contra Brasil, sumada a los triunfos de Uruguay sobre Paraguay en Asunción, de Chile sobre Bolivia en La Paz y de Argentina sobre Venezuela en Buenos Aires se traduciría en que Colombia caería al quinto puesto. Sí, saldría de los puestos de clasificación directa y quedaría en zona de repesca. Pero, claro, habrá que ver si la Celeste gana en la olla guaraní, si la Roja recupera su mejor versión en la altura del altiplano.

El apoyo de la afición, que siempre ha sido importante en Barranquilla, será vital frente a un equipo duro como Brasil (FIFA.com).

Adivinar los resultados y plantear el mejor de los escenarios y/o el peor de los escenarios es un viejo recurso del periodismo deportivo. Viejo y, sobre todo, caduco. El fútbol ya no es el mismo de antes, ya no es el del siglo pasado (aunque el periodismo que algunos hacen, sí), y el panorama de la actual eliminatoria es prueba de ello. Afortunadamente, además, cada partido es una historia, una diferente, una independiente, una nueva.

Si algo ha mostrado la Selección Colombia bajo la conducción de Pekerman es personalidad, es que respeta a todos sus rivales, pero no le teme a ninguno. Y ese ninguno incluye a Brasil. Un Brasil que, no sobra recordarlo, sufrió demasiado para vencer a Colombia en el Mundial-2014 (de hecho, necesitó dos manitas de ayuda, la del árbitro y la de la FIFA) y al que en la Copa América de Chile-2015 se le ganó en primera ronda.

El problema radica en que hacerle entender al hincha que Brasil no es invencible, ni perfecto, es una tarea prácticamente imposible. Más cuando desde las trincheras de los medios de distorsión y manipulación lo bombardean con mensajes confusos, errados, malintencionados. Y el hincha, dentro de su ignorancia, carece de la capacidad de análisis, de los argumentos para comprender que sí, que es posible ganar, que no es una utopía.

En su mejor nivel, con hambre de gol, Radamel Falcao García comandará el ataque de Colombia frente a Brasil (FIFA.com).

La mejor noticia para Colombia es el regreso de James Rodríguez. No es el mejor James que conocemos, porque viene de pretemporada y de una lesión, es decir, sin ritmo de competencia. Pero, es el mismo James líder, el mismo James puro corazón, el mismo James que constituye la única cuota de talento diferente en esta versión de la Selección, tal y como quedó demostrado, una vez más, hace solo unos días contra Venezuela.

Y está Falcao, este sí pletórico y hambriento de revancha. Por primera vez desde la fantástica eliminatoria a Brasil-2014, antes de que el Tigre sufriera la lesión de rodilla que lo marginó de la Copa Mundo, James y Falcao se reencuentran en un buen nivel. Y eso, por supuesto, es motivo para ilusionarse. Si encuentran el respaldo adecuado en sus compañeros de ofensiva, si la defensa no flaquea, hay motivos para ilusionarse.

Si usted es de aquellos que están convencidos que el partido contra Brasil ya se perdió, mejor no vea el partido. Porque, ¿para qué amargarse con la certeza de su pronóstico? ¿Qué tal que sea una dolorosa goleada (hay que pensar en lo peor)? O, peor todavía, ¿qué tal una victoria inesperada que lo deje en ridículo frente a aquellos a los que ya les anunció la debacle? ¿Qué tal un empate, de esos con sabor a derrota, que mantenga viva la ilusión?

La eliminatoria al Mundial de Rusia-2018 nos ha enseñado que no hay enemigo pequeño y que la historia, los títulos y los pergaminos no entran al campo de juego. Afortunadamente, y eso es lo más bonito que tiene el fútbol, cada partido es una historia, una diferente, una independiente, una nueva. Y Colombia tiene la ocasión de escribir una historia nueva y diferente, y sobre todo alegre, contra Brasil. ¡Se puede, claro que se puede!

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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