¿Chiquito Romero? ¡Enorme, gigante!

El portero, cuestionado antes del Mundial, fue vital en la definición con tiros desde el punto penalti, al igual que Javier Mascherano, que se tragó la cancha y, aunque no pateó en la serie, protagonizó la jugada que bien puede valer un título.

LibroEspaña creyó que con el brasileño Diego Costa había resuelto el problema de poderío ofensivo que en Suráfrica-2010 le dificultó el tránsito hacia su primer título mundial, pero fue humillada por Holanda en el debut (1-5) y se despidió en primera ronda. Portugal creyó que el fervor mediático que despierta Cristiano Ronaldo en los medios de comunicación (especialmente aquellos de las entrañas del Real Madrid), las redes sociales y las revistas femeninas eran suficiente argumento para marcar historia, pero se estrelló contra una dura Alemania que en el primer partido la despertó con una goleada (0-4), la cuota inicial de su prematuro regreso a casa.

De Argentina se dice, desde hace mucho tiempo, y con mucha fuerza desde que el pasado 12 de abril se inició el Mundial de Brasil-2014, que es Lio Messi y diez más. A diferencia de la España de Diego Costa y de la Portugal de Cristiano Ronaldo, también del Brasil de Neymar y de la Holanda de Arjen Robben, Argentina está en la final de la Copa Mundo. Bueno, para que todos queden contentos, Messi y los otros diez están en la final del Mundial, listos y dispuestos a dar la última de las siete batallas deportivas previstas, en procura de añadir una estrella más a su escudo, el tercero de la historia. Será contra la Alemania de Thomas Mueller, Manuel Neuer, Miroslav Klose, Andre Schuerrle y compañía, la que paseó y humilló a Brasil, la que jugará la octava final de su historia.

La pregunta que habría que formularles a los detractores de Argentina, a los necios que se empeñan en desconocer sus méritos, a los miopes que solo le ven defectos, es ¿cómo hizo Argentina para llegar a la final? Si sus rivales eran mejores, si los equipos que enfrentó la superaron, si su defensa es una coladera (aunque acredita tres partidos sin recibir goles), si Messi está a años luz del astro que juega en el FC Barcelona, si el equipo se acababa con la ausencia de Ángel Di María, si no recibió ayuda de los árbitros ni de la organización del torneo (como ocurrió con Brasil), entonces, ¿cómo hizo Argentina para llegar a la final? ¿Suerte? Mientras sea la suerte del campeón, ¡bienvenida!, porque los únicos que no tienen suerte son los perdedores.

La jugada que puede valer un título: el cierre de Mascherano sobre Robben cuando Romero parecía vencido (FIFA.com).
La jugada que puede valer un título: el cierre de Mascherano sobre Robben cuando Romero parecía vencido (FIFA.com).

¿Cómo hizo Argentina para llegar a la final? Con 23 sólidos argumentos, así algunos no hayan tenido la fortuna de entrar al campo de juego, porque cada uno de los jugadores convocados por Alejandro Sabella soporta esta ilusión. Contra Holanda, el último escollo, los dos mejores argumentos tuvieron nombre propio: Sergio Germán Romero y Javier Alejando Mascherano. El portero, al que apodan Chiquito a pesar de que mide 1,92m, fue figura estelar en la definición con tiros desde el punto penalti: le detuvo el primero a Ron Vlaar, abajo a la mano izquierda, y luego desvió el tercero, el de Wesley Sneijder, extendiendo su brazo derecho, arriba. El volante, que no participó de la serie decisiva, se comió la cancha, literalmente, como ya lo había hecho contra Suiza y Bélgica, y protagonizó la jugada del partido, la que puede valer un título: el cierre providencial que le hizo a Arjen Robben, negándole un gol que era inminente.

Antes de darse el primer puntapié de Brasil-2014, irónicamente Romero y Mascherano eran dos de los jugadores más cuestionados del plantel de Alejandro Sabella (porque todo el plantel era cuestionado, en especial Messi). Sin embargo, a medida que se jugaron los partidos, el 1 y el 14 se convirtieron en el soporte de la ilusión, junto con sus otros compañeros, claro está. Romero, que milita en el AS Mónaco francés al lado de los colombianos Falcao García y James Rodríguez, era una de las grandes incógnitas de la Albiceleste. Tuvo una temporada irregular en el torneo galo, con lesiones que lo mantuvieron alejado de los campos y sin el respaldo del técnico Claudio Ranieri (el Felipao Scolari italiano), por lo que a muchos no les inspiraba confianza. El DT Sabella, sin embargo, nunca dudó de sus condiciones, lo respaldo irrestrictamente (dentro del grupo, como corresponde, no a través de las redes sociales o en las ruedas de prensa como suelen hacer los pantalleros) y hoy el golero le da la razón.

No solo por los disparos que contuvo y que cimentaron la clasificación a la final, sino por todo lo realizado en el torneo. En el debut, cuando Bosnia-Herzegovina pasó el susto y pagó el derecho a piso y apretó en el ataque, Romero respondió con solvencia. Luego, frente a una Irán insospechadamente ofensiva, fue figurón: claramente, evitó la derrota. En los siguientes partidos, si bien no tuvo un rol protagónico, acertó cada vez que fue exigido. Nunca dudó, nunca se equivocó (hasta ahora), nunca transmitió desconfianza. Por el contrario, se constituyó en el primer ladrillo de este sólido edificio que el técnico Sabella logró construir.


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La atajada de Romero que marcó el rumbo hacia la final: el disparo de Vlaar (FIFA.com).
La atajada de Romero que marcó el rumbo hacia la final: el disparo de Vlaar (FIFA.com).

En la mitad del campo, donde muchos decían que Argentina estaba huérfana, Mascherano demostró que sí es verdad lo que dicen sus compañeros: ¡tiene tres pulmones! Todas las canchas en las que Argentina jugó a lo largo del Mundial se le quedaron chiquitas al pequeñín volante del registro del FC Barcelona. Lo más irónico es que tan pronto terminó la temporada y Mascherano viajó a su país para concentrarse en el trabajo con la Selección, en la ciudad condal era número puesto para abandonar la institución de cara a la campaña 2014/15. Que su rendimiento era discreto, que por su baja estatura no podía jugar de defensor central (posición en la que lo ubicaron los técnicos Tito Vilanova y Gerardo Martino), que en el medio del campo no tenía cabida con Xavi, Iniesta y Busquets, en fin.

Afortunadamente para Romero y Mascherano, y especialmente para Argentina, el fútbol no es la ciencia exacta que algunos verseros nos quieren vender; tampoco la geometría de curvas, líneas, tangentes y pizarrones que algunos futbolistas frustrados defienden. El fútbol es un juego cambiante que cada 90 minutos da una nueva oportunidad y, como Romero y Mascherano, solo hay que trabajar para intentar aprovecharla. Di María, Marcos Rojo, Lucas Biglia, Ezequiel Lavezzi y el resto de jugadores que Sabella ha utilizado a lo largo del Mundial están desmintiendo a aquellos que se quedaron en el disco rayado de que Argentina es Messi y diez más. Lo comprobaron Bosnia-Herzegovina, Irán, Nigeria, Suiza, Bélgica y Holanda, y el turno de Alemania es el próximo domingo 13 de julio en el estadio Maracaná de Río de Janeiro.

Pase lo que pase ese día, no obstante, el fútbol argentino debe estar agradecido con Brasil-2014, el Mundial que le permitió rescatar a Romero y Mascherano, el que le dio la posibilidad de mostrar en la vidriera a grandes jugadores como Lavezzi, Ezequiel Garay, Biglia o Di María; el que, muy especialmente, lo reconcilió con su ADN, con su esencia. Puede que sea cierto que Argentina sea Messi y diez más, lo que algunos no entienden todavía es que esos otros diez no son mochos: ¡son tremendos jugadores!

El Messi que algunos quieren ver aún no explotó, pero con todo y eso Argentina ya superó seis escollo y está en la final de Brasil-2014 en procura del esperado tricampeonato orbital (FIFA.com).
El Messi que algunos quieren ver aún no explotó, pero con todo y eso Argentina ya superó seis escollos y está en la final de Brasil-2014 en procura del esperado tricampeonato orbital (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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