Chile perdonó, se equivocó y Brasil lo condenó

La Roja jugó un gran partido y mereció la victoria, pero se quedó corta. Careció de suerte y luego, en la definición con tiros desde el punto penalti, se equivocó tres veces y lo pagó muy caro. Brasil volvió a desentonar, pero la jerarquía le bastó para seguir en carrera.

LibroNo es un Brasil que enamore, no es un Brasil con jogo bonito , no es un Brasil que les transmita tranquilidad a sus millones de hinchas, no es un Brasil que intimide como en el pasado… No es un Brasil que guarde fidelidad con lo que ha sido el Scratch a través de la historia de la Copa Mundo, no es un Brasil que transite tranquilo de la mano de sus jugadores talentosos… Este Brasil del Mundial-2014, el de Luiz Felipe Scolari, es un Brasil con grandes limitaciones, un Brasil que reniega de su esencia, un Brasil que (¡vaya ironía!) está vivo gracias a su arquero, es un Brasil que cuenta con mucha suerte…

Decir que Brasil se clasificó a los cuartos de final del su Mundial porque superó a un duro y muy digno Chile en la ‘lotería de los tiros penaltis’, como dicen muchos aficionados y no pocos periodistas, es faltar a la verdad, cuando no exhibir un alto grado de ignorancia de lo que es el juego del fútbol. Lotería, suerte, fue que el tremendo remate de Mauricio Pinilla, ya al filo del minuto 120, no le provocara a Brasil la tristeza mais grande do mundo desde el recordado Maracanazo de 1950. Con el arquero Julio César fuera de foco, impotente, el balón rebeldemente se estrelló en el travesaño y regresó al campo. Pudo ser (¿debió ser?) una histórica victoria del elenco de Jorge Sampaoli, que nunca fue inferior al compromiso y terminó injustamente castigado.

Pudo ser, pero no fue. Chile se resistió al vendaval inicial de Brasil, se repuso al gol de David Luiz y luego fue dueño y amo del encuentro. Durante cien minutos, incluidos los 30 de la prórroga, fue la Roja la que impuso las condiciones, la que hizo prevalecer su estilo de juego, la que llevó más peligro al arco rival, la que reunió mayor cantidad de méritos. Sin embargo, esta vez al conjunto austral le faltó profundidad y, sobre todo, contundencia: aprovechar alguna de las ocasiones de que disfrutó. Jugó un gran partido, controló a Brasil, lo hizo ver mal, llevó al pánico a las tribunas del estadio Mineirao de Belo Horizonte y amenazó con dar el gran batacazo, pero se quedó corto.

Brasil tuvo un comienzo fulgurante, espectacular, que hizo pensar que, por fin, íbamos a ver el gran Brasil que todos estamos esperando. Sin embargo, fue una ilusión pasajera que se diluyó, irónicamente, justo después de que marcó el gol que le dio la ventaja. Fútbol vertical, rápido, con laterales muy punzantes, con volantes que se desdoblaban, con desborde por las bandas y, claro, con un siempre peligroso Neymar que hacía diabluras con su gambeta. Daba la impresión de que el técnico Scolari, precursor del fútbol tacaño, había soltado amarras y se había convencido de que el camino para llegar al hexacampeonato y darle una alegría a la gente era darles libertad a sus jugadores, dejar que desplegaran su talento sin cortapisas.

El disparo que decidió la serie: el balón rematado por Gonzalo Jara se estrellará en el vertical (FIFA.com).
El disparo que decidió la serie: el balón rematado por Gonzalo Jara se estrellará en el vertical (FIFA.com).

Pero, no fue así. Con el 1-0 a su favor a los 18 minutos, Brasil volvió a ser el mismo de los últimos Mundiales, el mismo de los tres partidos anteriores. Eso significa un equipo conservador, calculador, especulador, que en vez de aprovechar su talento se limita a esperar el error del adversario para liquidar. Y fue por eso, precisamente, que Chile se le monto en el partido, lo hizo ver tan mal y estuvo a punto de sacarlo de la Copa Mundo. Después del gol, Brasil durmió la siesta y, entonces, le permitió a su rival sacudirse. El tanto del empate, marcado por Alexis Sánchez, es una vulgaridad para un equipo que se considera serio aspirante a la corona: ¡la jugada se inició en un saque de banda! Es un gol de esos que hoy en día ya no le marcan ni a un onceno de colegio. Pero se lo hicieron a Brasil…

El segundo período y la prórroga fueron un monólogo de Chile, pues las modificaciones de Scolari poco o nada produjeron; más bien, terminaron por rendir a un Brasil sin respuestas, sin reacción, sin talento. Mientras el dueño de casa procuraba mantener el equilibrio, especialmente el defensivo, su rival le apostó todo al triunfo; como se dice en la calle, puso toda la carne en el asador. Con la salida de Arturo Vidal, que le dio paso a Pinilla, perdió pausa en el medio, pero ganó un poco de profundidad. Y fue ese jugador el que estuvo a punto de darle el triunfo en el minuto 120 del partido, solo que el horizontal se lo negó.

Y llegó, entonces, la definición con tiros desde el punto penalti. Y fue cuando apareció aquella otra variedad de virtudes que diferencias a los buenos equipos, como Chile, de los grandes, como lo es Brasil en la Copa Mundo. El portero Julio César, gran responsable de la eliminación de hace cuatro años, cuando cometió un error que significó el gol de la victoria de Holanda, en los cuartos de final, ahora fue el héroe. Como Claudio Taffarel en Estados Unidos-1994, el Emperador se lució: atajó los disparos de Pinilla y Sánchez, los dos primeros de la tanda, y les brindó a sus compañeros el respaldo que necesitaban para superar este duro escollo, pasar el susto e instalarse en unos cuartos de final en los que los espera Colombia.

Este Brasil no enamora, no juega bonito, no les transmite tranquilidad a los hinchas, no intimida a sus rivales como antaño, no respeta la esencia de una tradición y una escuela que marcó una  época dorada en el pasado. Pero es un Brasil que conserva una característica que muchas veces le permitió salir del hoyo y que específicamente en este duelo contra Chile le bastó para salir airoso con muy poco: si lo perdonas, te mata…Eso se llama jerarquía, es algo con lo que el jugador nace y, sobre todo, es algo que ningún técnico amarrete como Scolari puede limitarles a sus jugadores. Brasil avanzó pese a su entrenador, y eso lo dice todo.

Alexis Sánchez anotó el gol del empate, pero luego falló en la definición con tiros desde el punto penalti (FIFA.com).
Alexis Sánchez anotó el gol del empate, pero luego falló en la definición con tiros desde el punto penalti (FIFA.com).

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