Carnaval en el Maracaná, a ritmo de tango y milongas

Después del brasileño Neymar, los holandeses Van Persie y Robben y el francés Benzema, el argentino hizo su tarea en la victoria sobre la dura debutante Bosnia-Herzegovina.

LibroNo hay otro símbolo más representativo de Brasil que el famoso estadio Maracaná, el mismo que abrió sus puertas en 1950 cumpliendo la promesa de ser ‘o mais grande do mundo’. Eso, al menos en lo que a fútbol se refiere. Y si bien Brasil tiene grandes rivalidades a lo largo y ancho del planeta fútbol (con Italia, Francia, Inglaterra y Alemania, por ejemplo), ninguna con la tradición y el sentimiento de amor/odio como la que sostiene con Argentina. Por eso, que el debut de la Selección de Alejandro Sabella en este Mundial-2014 se produjera en el renovado templo de Río de Janeiro no es un detalle menor.

El Maracaná se construyó en unas dimensiones que superaban no solo las necesidades, sino también la imaginación de los arquitectos e ingenieros de la época, con la expresa intención de albergar la mayor cantidad de hinchas posible en el momento de celebrar la primera corona orbital del Scratch. Sin embargo, todos sabemos que no hubo tal fiesta y que el escenario, al menos en la tarde de aquel domingo 16 de julio de 1950, terminó convertido en el cementerio ‘mais grande do mundo’. Cuando abrió las puertas, se dijo que su capacidad era de 200.000 aficionados, aunque ahora, después de las refacciones que lo dejaron a la altura de las exigencias del siglo XXI, redujo el aforo a 74.689 lugares.

Cuatro días antes del Miércoles de Ceniza, que abre las actividades religiosas previas a la Semana Santa de los católicos, Río de Janeiro entera es una fiesta. De todos los rincones del mundo llegan turistas para vivir en carne propia una de las celebraciones populares más famosas del orbe. En los sambódromos y en cualquier calle de la ciudad hay un motivo para gozar, bien sea de manera organizada o espontánea. Son horas interminables de alegría al ritmo de la samba y, por supuesto, del contoneo de las caderas de las garotas, que encandilan a todos con su singular belleza. Es Brasil en su más pura esencia, la única manifestación popular capaz de conseguir que, al menos por unos días, la mente de los brasileños no esté ocupada en el fútbol.

En la noche de este domingo 15 de junio de 2014 también hubo carnaval, pero no hubo samba, ni garotas. Las calles de Río de Janeiro, y especialmente las tribunas del Maracaná, se llenaron de camisetas albicelestes, de fervorosos aficionados argentinos (algunos aperados con su tradicional mate) y la música brasileña le dio paso al tango y la milonga. De la misma manera que un día antes el estadio Mineirao de Belo Horizonte se convirtió en una sucursal del Metropolitano de Barranquilla para acoger a la Selección Colombia, ahora el Maracaná pareció haber sido transportado al barrio de Núñez, en Buenos Aires. El carnaval se distingue por ser una fiesta multicolor (obviamente, predominan el verde y el amarillo), pero esta vez fue cubierto por una mancha albiceleste. Y los hinchas brasileños, que no eran pocos, se unieron a la tendencia, como si en vez de anfitriones fueran turistas, porque había una razón especial que los obligaba a dejar de lado las diferencias: la presencia de Lionel Messi, el astro argentino, el mejor jugador del mundo.

El rosarino llegó a Brasil con el reto de demostrar en este ámbito algo que ya comprobó hasta la saciedad con la camiseta del FC Barcelona y en los campos europeos: que es el número uno del planeta fútbol y capaz de conducir a su Selección hasta el título, tal y como lo hizo Diego Armando Maradona en 1986. Y, claro, con la aspiración personal de vivir un buen Mundial, una asignatura pendiente después de sus experiencias en Alemania-2006 y Suráfrica-2010. Al final de los 94 minutos disputados, Messi se retiró satisfecho con la convicción de que empezó a pagar su deuda histórica y la fiesta en las tribunas quería cambiar los acordes tristes de los tangos por unas tonadas más acordes con la felicidad que embargaba a los hinchas.

En un balón servido por Messi, que terminó en el fondo del arco defendido por Asmir Begovic, Argentina se puso en ventaja contra la dura Bosnia-Herzegovina. El elenco balcánico, que hacía su debut en los Mundiales, cumplió con las expectativas y fue un hueso duro de roer. Y Sead Kolasinac entró en los libros de historia del torneo como el primer jugador bosnio que anotó un autogol, pues fue su pierna izquierda la última que tocó el balón antes de decretar la apertura del marcador. El juego se desarrollaba dentro de lo previsto, salvo por un detalle: no había aparecido alguna genialidad de Messi. Durante más de una hora, los aficionados esperaron que el astro de la camiseta 10 asumiera el rol que todos esperan desempeñe en las instancias decisivas, y marcó el rumbo del partido.

Como si fuera Xavi o Iniesta, Gonzalo Higuaín (que curiosamente está muy cerca de cerrar su traspaso al Barcelona) fue el socio en una jugada que le hemos visto a Messi cientos de veces: su veloz carrera en diagonal, desde el sector derecho del campo hasta el centro, para al borde del área sacar el remate. No fue el balinazo de otros días, sino uno más sutil, mejor calculado: el balón hizo una curva, pegó en el vertical derecho y entró para el 2-0. Después Bosnia celebró su primer gol en la Copa Mundo, obra de Vedad Ibisevic, para apretar el marcador. Sin embargo, el triunfo de Argentina nunca estuvo en riesgo y el elenco de Sabella superó bien el primer escollo, sin duda el más duro del camino previsto en la primera ronda.

El brasileño Neymar brilló en su debut con un doblete contra Croacia. Robin van Persie y Arjen Robben fueron pilares en la goleada de Holanda sobre España, también con dos celebraciones cada uno. Y más temprano el francés Karim Benzema había hecho lo propio contra Honduras, de modo que Messi no podía desentonar. Y no lo hizo, pese a que solo se apuntó una vez en el marcador, pero participó también en el otro tanto y mostró ese ‘instinto asesino’ que le permite ser único en el campo de juego. Solo falta que se estrene el portugués Cristiano Ronaldo para que el abanico de ases muestre sus cartas. Messi apareció con una de sus genialidades, Argentina ganó bien y en las tribunas del Maracaná también hubo carnaval, pero esta vez a ritmo de tango y milongas.

Como se esperaba, Messi puso a celebrar a toda Argentina (FIFA.com)
Como se esperaba, Messi puso a celebrar a toda Argentina (FIFA.com)

 

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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