CA-100: Yanquis, ‘go home’; Argentina, finalista

La Albiceleste, que se paseó frente a Estados Unidos (4-0), buscará un título esquivo desde hace 23 años (1993). Concierto en gol mayor de Lio Messi. El rival saldrá del juego Colombia-Chile, en Chicago.

La Copa América Centenario se juega con Colombia Mundial En ContravíaLionel Messi, por lejos el mejor jugador del planeta fútbol, es también el socio de la alegría: la de Ezequiel ‘Pocho’ Lavezzi, la de Gonzalo Higuaín, la de sus otros compañeros, la del cuerpo técnico encabezado por Gerardo ‘Tata’ Martino, la de los millones de argentinos y la de todos aquellos que en su corazón futbolístico tienen un rincón albiceleste. Después de mucho tiempo reclamándolo, el mundo del fútbol observó con Argentina al Messi que tantas alegrías nos ofrece con la camiseta del FC Barcelona y condujo a su selección a la final de la Copa América Centenario, la cuarta en las últimas cinco ediciones del torneo.

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Fantástico golazo de Lio Messi para poner el 2-0 parcial, sumar 55 con la Albiceleste y quedar como el más goleador de la historia. ¡Moñona! (FIFA.com).

La mejor versión que se ha visto de Argentina en los últimos años fue la que deleitó en la noche de este martes a los setenta mil aficionados que colmaron el NGR Stadium de Houston (Texas). Un equipo alegre, fogoso, compacto entre líneas, sólido en defensa, contundente en ataque y con una variedad de opciones tácticas a las que se suma un plus único: Lio Messi. Estados Unidos, que había encabezado su grupo por delante de Colombia y que había enviado a casa al duro Ecuador, fue absolutamente inferior, incapaz de parársele a un rival que no le dio oportunidad alguna. Argentina fue más en lo individual, en lo colectivo, en lo táctico, en lo técnico, en lo anímico. El 4-0 fue realmente corto, porque los de Martino por largos ratos jugaron a media marcha, a sabiendas del reto al que se enfrentarán el próximo domingo en East Rutherford (Nueva Jersey).


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Hasta ahora, Argentina había hecho estrictamente lo justo para instalarse en las semifinales, a excepción de esa media hora del segundo tiempo contra Panamá, en la que Lio Messi ingresó y transmitió alegría a las tribunas con una fantástica tripleta. Venció 2-1 a Chile, 5-0 a los canaleros y 3-0 a Bolivia, sin despeinarse. En cuartos de final, mientras, se regocijó frente a Venezuela (4-1), la sensación de la fase de grupos al vencer y eliminar a Uruguay, el más veces campeón de la historia de la Copa América. Se pensaba que el dueño de casa, que obviamente tenía el apoyo de su entusiasta hinchada, podía ser un escollo difícil de superar, pero la eventual resistencia duró escasos 180 segundos: ese fue el tiempo que le tomó a Messi inventar a primera de sus genialidades y abrir el cerrojo: un pase fantástico a Lavezzi, que de cabeza venció al golero Brad Guzan.

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¿Quería saber cómo es un extraterrestre? Mírelo bien: es un ejemplar único venido de otra galaxia, un tal Lio Messi, un privilegio del fútbol del sgilo XXI (FIFA.com).

Como le ocurrió a México contra Chile, el elenco gringo no atinó a reaccionar. La diferencia estuvo en que Argentina se apiadó, mientras que la Roja no tuvo compasión. A algunos les parecerá que el conjunto de Martino fue tacaño con el espectáculo, que a ratos especuló y jugueteó con su rival, pero hay que tener en cuenta un detalle: Argentina actuó el domingo contra los venezolanos, mientras que Estados Unidos se midió a los ecuatorianos el viernes. Eso significa que los de Juergen Klinsmann llegaron a Texas con 48 más de descanso, de reposo, de trabajo. No obstante, apenas rodó el balón los papeles parecieron invertirse: los suramericanos corrieron como si acabaran de llegar de vacaciones y a los norteamericanos los pies les pesaban como si fueran de plomo y cemento. Entonces, tras ese tempranero gol, lo que hizo Argentina fue dosificarse.


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Durante casi media hora, la Albiceleste se entrenó, literalmente, hasta que a los 31 minutos Messi nos deleitó con un gol de esos que la memoria es incapaz de olvidar, de esos que la mente guarda como un valioso tesoro: un tiro libre que se incrustó en el ángulo superior izquierdo del arco de Guzan, que intuyó que el balón iría por encima de la barrera y cuando intentó regresar ya no pudo detener el disparo. Un GOLAZO en mayúsculas, de esos que hasta a los rivales, al equipo que lo sufrió, les dan ganas de cantarlo, porque fue una obra de arte de las que no hay réplicas. Tal cual lo hace habitualmente en el FC Barcelona, Messi fue el protagonista excluyente del primer tiempo: asistencia, gol de fantasía y dueño del balón para hacerlo transitar, para imponer los ritmos, para desesperar al contendor, para encantar al hincha.

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La alegría de la clasificación no pudo ser completa: Argentina sufrió tres lesiones, la más grave la del Pocho Lavezzi: luxo-fractura del codo izquierdo (FIFA.com).

Un golazo que, además, le sirvió para entrar en la historia del fútbol argentino con lujo de detalles: fue el número 55 de su trayectoria con la Albiceleste, el que le permitió superar al gran Gabriel Omar Batistuta, Batigol, como máximo anotador de todos los tiempos. Aunque no tuvo demasiadas emociones, esas dos pinceladas geniales de Messi no solo pagaron la boleta, sino que justificaron esos 45 minutos. Estados Unidos, a sabiendas de su inferioridad, pareció asumir un rol poco habitual: como cualquier hincha, solo que desde un lugar privilegiado, más cerca, sus jugadores se pararon a observar ese fantástico concierto del mejor futbolista del siglo XXI. Como no encontraron argumentos para contenerlo, y fueron leales y evitaron la violencia, entonces lo disfrutaron.

En el arranque del segundo tiempo, más de lo mismo: Messi inició la jugada que pasó por los pies de Mascherano y después por los de Lavezzi, que lanzó un centro perfecto, al corazón del área, para que en dos tiempos Pipa Higuaín anotara el tercero. Si el técnico Klinsmann había dado en el entretiempo una charla para motivar a sus dirigidos y provocar una reacción, ese tercer gol dio al traste con los planes. La felicidad completa de Argentina, sin embargo, encontró algunas piedras en el camino que cambiaron la risa por una mueca de preocupación: Augusto Fernández, uno de los del tridente de marca en el mediocampo, fue sustituido por una lesión muscular que puede dejarlo por fuera de la final; su lugar lo tomó Lucas Biglia, uno que para fortuna del técnico Martino se recuperó de dolencias físicas.

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El resumen del partido: goza Messi, celebra Argentina, lo padece Estados Unidos. El dueño de casa quedó por fuera de su final soñada (FIFA.com).

Menos de diez minutos más tarde, el susto de la noche: al intentar recibir con el pecho un balón que iba a desbordar la raya lateral, Lavezzi tropezó con la valla publicitaria y, de espaldas, cayó pesadamente fuera del terreno de juego. Fue evacuado en ambulancia y el diagnóstico amargó la celebración: sufrió una luxo-fractura del codo izquierdo y deberá someterse a una intervención quirúrgica que, por supuesto, lo sacó de la Copa América Centenario y lo mantendrá alejado de las canchas durante varias semanas. Y sobre el final, otra preocupación: el lateral Marcos Rojo, uno de los más regulares del torneo, también se retiró con molestias musculares. Repuestos del impacto, antes del cierre, los argentinos le pusieron la frutilla al postre: Messi (¿quién más podría ser?) robó un balón en la salida, entró al área y, cuando se pensó que iba a anotar, habilitó a Higuaín, que repitió el doblete conseguido contra los venezolanos.

Después de mucho tiempo reclamándolo, el mundo del fútbol observó con Argentina al Messi que tantas alegrías nos ofrece con la camiseta del FC Barcelona y condujo a su selección a la final de la Copa América Centenario, la cuarta en las últimas cinco ediciones del torneo. Fue el socio ideal de Lavezzi e Higuaín, autores de tres goles, pero también el de los encargados de la marca, a los que auxilió con sacrificio y entrega. Argentina se paseó victorioso frente a Estados Unidos, le dañó la fiesta al anfitrión y ya está en la final de la Copa América Centenario, a la espera de rival. Lio Messi, por fin, fue figura excluyente y ahora está preparado para cumplirle la cita a la historia: conducir a la Albiceleste a la conquista de un título que saboreó por última vez en el lejano 1993…

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Allá, escondido, tapado por esa montaña de felicidad, está el gestor de las alegrías: Lio Messi nos regaló una noche inolvidable (FIFA.com).

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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