CA-100: le llegó la hora a Lio Messi

Frente a Venezuela, Argentina busca un cupo a las semifinales de la Copa América, con EE. UU. esperando en el horizonte. Una ocasión propicia para acabar esa negra noche de 23 años.

El elenco inca venció 1-0 al debutante Haití y les sacó ventaja a Brasil y Ecuador, que igualaron sin goles. Muchas ganas, pero poco fútbol y mínimo poder ofensivo, las tendencias en el arranque. Pudo haber sido el mejor partido del torneo, pero se quedó en uno más. En uno más que se jugó con intensidad, en el que los jugadores se brindaron enteros en lo físico-atlético, pero quedaron en deuda en lo futbolístico. Brasil, uno de los máximos candidatos al título de la Copa América Centenario, igualó sin goles con Ecuador, en el cierre de la programación de la primera fecha del grupo B del torneo. Curiosamente, la última vez que la Auriverde se presentó en este mismo estadio Rose Bowl de Pasadena (California) el juego también terminó sin goles, aunque esa vez sí pudo celebrar. Aquella vez, el 17 de julio de 1994, empató con Italia al cabo de 120 minutos de partido, incluida la prórroga, y por primera vez en la historia la final de la Copa Mundo se definió con disparos desde el punto penalti. Tras los yerros de Franco Baresi y Daniele Massaro, el gran Roberto Baggio tenía la obligación de marcar el suyo, porque Dunga le había dado la ventaja a Brasil. Sin embargo, se recuerda, Robertino envió su lanzamiento por arriba del travesaño y después de 24 años de ayuno, con un elenco en contravía de la tradición del jogo bonito, el otrora Scratch levantó la Copa FIFA por primera vez para celebrar su tetracampeonato orbital. Contra Ecuador, en todo caso, no fueron muchos los motivos que quedaron para festejar. Otra vez, como hace casi 22 años, Dunga fue protagonista. Su Brasil, el peor Brasil de la historia del planeta fútbol, sorprendió con una formación en la que solo había un delantero, Jonas, y de esos que no le dan miedo ni siquiera a un niño. Detrás de él, en cambio, una línea de cinco volantes con tres obreros de la destrucción (Casemiro, Renato Augusto y Elías) y dos de corto más ofensivo (Willian y Philippe Coutinho). Un planteamiento rarísimo para el equipo que forjó fama de temible en virtud de su poderío ofensivo, algo que quedó enterrado en el pasado. La fórmula, en todo caso, le dio buenos resultados en el comienzo: logró el volumen ofensivo que tanto ha extrañado en los últimos tiempos y así consiguió poner en aprietos a un Ecuador que, distinto al de las eliminatorias, le costó trabajo acomodarse en el campo. El conjunto de Gustavo Quinteros tuvo que soportar primero el chaparrón brasileño antes de poder esgrimir sus habituales armas ofensivas. Con orden, con solidaridad y con una disciplina táctica loable, Ecuador poco a poco le fue mostrando a Brasil que podía pararse a pelear el partido de tú a tú. Le bajó intensidad y velocidad al juego y alejó las acciones de su área, para concentrarlas en zona céntrica del campo. Y ahí sí, entonces, sacó las garras: desborde por los costados, avances veloces con Jefferson Montero, Antonio Valencia, Míller Bolaños y Énner Valencia y acompañamiento con volantes como Walter Ayoví y Christian Noboa, que causaron zozobra con disparos de media distancia. Fue cuando el partido se hizo de ida y vuelta, aunque sin la profundidad necesaria. Ambos equipos gozaron de buenas opciones para abrir el marcador, pero fallaron en la definición. La segunda parte nos mostró al Brasil al que estamos acostumbrados recientemente: sin ideas, sin alternativas ofensivas, sin capacidad para retener el balón y darle un tránsito adecuado y, por supuesto, con problemas defensivos. Decayó tanto la producción, que el técnico Dunga tuvo que excluir a Willian y Jonas, dos de sus elementos ofensivos, en procura de un revulsivo que no llegó. Ecuador, que ya se había despojado de los temores del comienzo, buscó quedarse con una victoria de características históricas, pero no le alcanzó. Sus delanteros fueron demasiado precipitados ante el arquero Alisson y, por eso, no pudieron convertir. Y el partido cayó en un letargo quizás producto del frenético ritmo del arranque, seguramente fruto del conformismo. Considerados los candidatos para avanzar a los cuartos de final en este grupo B, Brasil y Ecuador quedaron en deuda. Corrieron mucho, pero ofrecieron escasas ideas ofensivas y, mucho menos, poder goleador. El próximo miércoles 8 de junio, en Orlando (Florida), al otro extremo del país, Brasil se las verá con Haití, débil en argumentos futbolísticos, pero muy fuerte en entusiasmo y duro de roer. Ese mismo día, pero en Glendale (Arizona), Ecuador se enfrentará a Perú, que sufrió para vencer a los del Caribe, pero se situó como líder de la zona gracias a un solitario gol de Paolo Guerrero. Se presagiaba un grupo cómodo para Brasil, pero los primeros compases nos mostraron que no va a ser un camino tapizado de pétalos y que, por el contrario, habrá varias espinas. Perú hizo la tarea: venció 1-0 a Haití Una hora necesitó el equipo de Ricardo ‘Tigre’ Gareca antes de tener un respiro contra un duro Haití, que tuvo un decoroso debut en la Copa América Centenario. Un solitario gol de José Paolo Guerrero, a los 16 minutos del segundo tiempo, bastó para conquistar los tres primeros puntos que dejan al elenco inca en la cabeza del grupo B. Ahora, sin embargo, tendrá que medirse con Ecuador y Brasil, los rivales más fuertes de la zona. El partido se disputó en el Centurylink Field de Seattle (Washington), con el arbitraje del panameño John Pitti. Fiel a sus más recientes presentaciones en el torneo, que significaron sendos terceros puestos en Argentina-2011 y Chile-2015, Perú salió a demostrar que puede ser protagonista. Aunque en el ataque solo estaba Guerrero, máximo anotador de las dos citas mencionadas, el técnico Gareca se preocupó de ponerle compañía con una línea de tres en su espalda, conformada por Alejandro Hohberg, Christian Cueva y Édison Flórez. Pero tuvo que porfiar mucho Perú antes de darse una tregua. Y aunque gozó de otras oportunidades para aumentar la diferencia, no tuvo tranquilidad ni puntería para hacerlo y terminó sufriendo, agotado mental, física y futbolísticamente por el esfuerzo realizado. Haití, que recientemente había enfrentado a Colombia y había dejado una pobre impresión, vendió cara la derrota. De hecho, hasta pudo empatar en la última jugada, en tiempo de reposición, en una increíble jugada de pelota quieta que Kervens Melfort no pudo concretar de cabeza. No fue mucho, en todo caso, lo que el elenco del Caribe mostró en ataque, pero dejó claro que su intención es la de no ser un convidado de piedra en el grupo, el comodín para sus rivales. Hizo gala de su fortaleza física, de su generoso despliegue, y mordió en todos los terrenos. Pegó con la complacencia del árbitro Pitti e incomodó a su rival de principio a fin. Más allá del resultado, fue un buen debut para los haitianos, que ahora intentarán ser la piedra en el zapato de Brasil y Ecuador. El próximo miércoles 8 de junio, Brasil irá contra Haití, un duelo que sobre el papel luce desequilibrado, pero que puede significar una sorpresa de grandes proporciones. Después, Ecuador y Perú rivalizarán en un partido que, sin duda, será decisivo en el futuro del grupo B. Si ganan los incas, asegurarán un lugar en los cuartos de final, mientras que un empate o una victoria de los ecuatorianos aplazará el fin de las emociones hasta la tercera jornada.Tras pasar de agache en la primera ronda, con apenas una exposición mediática frente a Panamá, Lio Messi, el mejor jugador del planeta fútbol, enfrenta desde este sábado en Foxborough, en las afueras de Boston (Massachusetts), uno de los pocos fantasmas que le quedan por batir en su fantástica trayectoria profesional: ganar un título con la Selección Argentina. El equipo de Gerardo ‘Tata’ Martino se medirá a la sorprendente Venezuela en procura de un cupo a la semifinal de la Copa América Centenario, instancia en la que ya les espera el local Estados Unidos.

La Copa América Centenario se vive en Colombia Mundial En Contravía
Por primera vez en la Copa América Centenario, Lio Messi será titular con Argentina. Será en el duelo de cuatros de final contra Venezuela (FIFA.com).

Dos finales perdidas en tres ediciones disputadas son un pesado lastre para cualquiera, incluido el mejor jugador que ha visto el fútbol en el siglo XXI. Messi, que todo lo ha ganado con el FC Barcelona, que con la Albiceleste supo saborear las mieles del triunfo en el Mundial Sub-20 (Holanda-1995) y en los Juegos Olímpicos (Beijing-2004), al borde de los 30 años mantiene una asignatura pendiente: ganar algo con la Selección absoluta. Claro que, en honor a la verdad y para no cometer una injusticia, esa no es una deuda exclusiva del talentoso zurdo rosarino, sino de varias generaciones de futbolistas argentinos. La última vez que sus hinchas festejaron alrededor del Obelisco, en Buenos Aires, con ocasión de la Copa América de Ecuador-1993. Y en esa época, Messi contaba apenas 6 años.


CA-100: Colombia acabó con la maldición de los cuartos


Argentina es una de las grandes potencias orbitales, para nadie es un secreto, pero esa es una condición que se debe refrendar con títulos; a un equipo de su categoría no le basta con actuaciones decorosas, tampoco con llegar a disputar finales si, como ocurrió en Perú-2007 y Chile-2015 y también en el Mundial de Brasil-2014, las pierde. Desde aquel lejano recuerdo del doblete de Gabriel Omar Batistuta en el estadio Monumental de Guayaquil, para vencer a un aguerrido México (2-1), son muchos los jugadores de talla mundial que lucieron la casaca albiceleste y cerraron ese ciclo con la misma frustración que hoy persigue a Messi. Son insondables caprichos del fútbol y de la vida, de la misma manera que el siglo pasado les ocurrió a Pelé (subcampeón en 1959) y a su compatriota Diego Armando Maradona (tres participaciones, ningún podio), otros grandes que nunca ganaron la Copa América. La diferencia está en que O Rei y D10S alzaron la Copa Mundo (algo que Messi tampoco logró).

La Copa América Centenario se vive en Colombia Mundial En Contravía
Vencer y eliminar a Uruguay y poner en aprietos a México son los antecedentes que alimentan la ilusión de Venezuela (FIFA.com).

En los medios de comunicación ha hecho carrera una frase que obviamente está alejada de la realidad, pero que forma parte del imaginario popular, que la da como cierta: Argentina es Messi y diez más. Una afirmación con una terrible carga peyorativa, como si esos diez fueran de palo, como si fueran incapaces de brindar algunas alegrías. La primera fase de la Copa América Centenario, entonces, gracias a la circunstancia de una lesión que mantuvo al ídolo al margen de la competencia, sirvió para reivindicar a esos otros futbolistas y, de paso, encontrarle una nueva dimensión al conjunto. Así, los desagradecidos, que se dejan llevar por los mensajes mala leche que surgen de los medios de comunicación y distorsión y que pululan por las cloacas sociales, han podido apreciar el valor de Sergio Romero, Nicolás Otamendi, Javier Mascherano, Sergio ‘Kun’ Agüero, Gonzalo Higuaín, Ángel Di María y Nicolás Gaitán, entre otros.

Argentina, no hay que olvidarlo, fue el único equipo de campaña perfecta en la primera fase de la Copa América Centenario: venció 2-1 a Chile, 5-0 a Panamá y 3-0 a Bolivia. Contra el actual campeón, su verdugo de hace 12 meses, no tuvo mayores inconvenientes e irónicamente el que más esfuerzo le requirió fue el elenco centroamericano, novato de la ocasión. Solo el ingreso de Messi, a falta de media hora, logró destrabar esa madeja que el técnico Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez le propuso a la Albiceleste. Esos buenos resultados, sin embargo, de nada servirán si Argentina se queda a mitad del camino, como ya les ocurrió a Brasil y Uruguay, eliminados en la fase de grupos, o a Perú, que sacó del camino a la Auriverde y después no pudo superar el escollo de Colombia en cuartos de final. En cambio, todo aquello cobrará un valor especial, por el hecho de haber sido conseguido prácticamente sin el concurso de Lio Messi, si el elenco de Tata Martino llega a la final y, especialmente, si regresa a Buenos Aires con el trofeo en su poder.

La Copa América Centenario se vive en Colombia Mundial En Contravía
Messi solo actuó unos raticos en la primera fase, pero le bastó para ser ptotagonista con una tripleta frente a Panamá (FIFA.com).

Lo cierto es que con Messi y sin Messi, Argentina todavía no da todo lo que sus hinchas quieren: el nivel de juego es irregular, por largos ratos pierde la brújula, el sistema de creación se nubla con frecuencia y en defensa se cometen errores propios de novatos aficionados. O, como ocurrió en las finales de la Copa Mundo y de la Copa América, a sus ases atacantes se les cierra el arco contrario. Un rompecabezas que el técnico Martino todavía no terminó de recomponer, al que todavía le faltan algunas fichas. Por eso, cada uno de los partidos que jugará Argentina en lo que resta de la Copa América Centenario es una final; si la gana, pasa a la otra, y luego a la otra, hasta que consiga quedarse con el trofeo y poner punto final a esta larga noche que completa 23 años.

Hubo otra época, en la segunda mitad del siglo pasado, en la que Argentina vivió una situación parecida: entre 1959 y 1991 pasó 32 años sin ganar la Copa América aun contando con elencos fabulosos, aun teniendo en sus filas al más grande de todos los tiempos: Diego Armando Maradona. La única diferencia es que en ese tránsito logró sumar las dos coronas orbitales que adornan su palmarés, las de Argentina-1978 y México-1986. Ahora, quizás, la historia pueda escribirse al contrario, es decir, que antes de apuntarle al título en Rusia-2018 sea necesario subir a lo más alto del podio en el torneo continental. Esa es la ilusión de los hinchas albicelestes, una ilusión que tiene nombre y apellido propios: Lionel Messi. El desenlace de la trama, afortunadamente, comenzará a desvelarse esta noche en el Gillette Stadium, frente a una Venezuela en plan de grande.

La Copa América Centenario se vive en Colombia Mundial En Contravía
José Salomón Rondón volverá a comandar el ataque patriota, que ya puso en aprietos a las defensas de Jamaica, Uruguay y México (FIFA.com).

Refundida en el fondo de la tabla en las eliminatorias rumbo a Rusia-2018, la Vinotinto llegó a tierra estadounidense con el propósito de resetearse: Noel Sanvicente no resistió los malos resultados y fue sustituido por Rafael Dudamel, histórico portero patriota. Con el ex número uno, este equipo recuperó el buen nivel de épocas recientes (fue semifinalista de la Copa América-2011) y que también ilusionó a los aficionados con acudir a una inédita Copa Mundo. Sorteado en un grupo que para muchos era un escollo insuperable, Venezuela dio la sorpresa: se deshizo de Jamaica (1-0), eliminó a Uruguay (1-0) y luego exigió al máximo a México (1-1). Algunos podrán pensar que ya cumplió, que una salida decorosa frente a Argentina (cualquier resultado que no sea goleada) basta para regresar con la frente en alto, pero Dudamel y sus dirigidos piensan diferente.

¿Si ya dejaron en el camino a Uruguay, el más ganador de la historia de la Copa América, por qué no soñar con apear también a Argentina? Ese es el fuego que alimenta los corazones de los jugadores de la Vinotinto: escribir una página inédita en la historia del torneo para incluirse por segunda vez entre los cuatro mejores. Y buscará ofrecer los buenos argumentos futbolísticos que ya nos mostró para llegar hasta donde está: juego ordenado, disciplina táctica, altas dosis de sacrificio y solidaridad y efectividad en el ataque. No son cualidades que un hincha común y corriente pueda atribuirle tradicionalmente a Venezuela, pero es ahora, justo ahora, que comienzan a aflorar los frutos del buen trabajo de base realizado durante más de una década por distintos entrenadores. Y si Argentina está en su momento histórico, ante la oportunidad histórica para regresar a lo más alto del podio, Venezuela también tiene una ocasión que, sin duda, no pasará inadvertida en caso de que el destino le favorezca.

La Copa América Centenario se vive en Colombia Mundial En Contravía
El técnico Gerardo Martino sabe que con Uruguay, Brasil y Paraguay eliminados, es la hora de Argentina en la Copa América Centenario (FIFA.com).

En 1967, cuando Venezuela se convirtió en el décimo y último de los países de Suramérica que se unió a la fiesta de la Copa América, Argentina ya había celebrado 12 de los 14 títulos continentales que adornan su palmarés. Si bien los tiempos han cambiado, y el fútbol también, no cabe duda de que el de esta tarde noche en Foxborough será un capítulo más de aquella fábula de David contra Goliat. Venezuela fue cuarto en Argentina-2011, justamente el último torneo en que Argentina no pudo brillar (fue finalista en Perú-2004, Venezuela-2007 y Chile-2015). Ahora, con unas diferencias futbolísticas que son bien distintas a las diferencias históricas, se ven las caras en un partido que promete dejar huella. La clave, sin duda, la tendrá Lionel Messi, al que le llegó su hora de grandeza en la Copa América…

Publicado por

Admin

Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *