CA-100: Colombia acabó con la maldición de los cuartos

Perú maniató a la Tricolor, que se vio forzada a la tanda con tiros desde el punto penalti, en la que sonrió tras imponerse 4-2. Regresó a semifinales luego de 12 años y espera rival: Chile o México.

La Copa América Centenario se juega con Colombia Mundial En ContravíaAl cabo de un partido sin goles ni emociones, que ya se nos olvidó porque no dejó nada para el recuerdo, Colombia se instaló en las semifinales de la Copa América Centenario: superó 4-2 a Perú en la tanda con tiros desde el punto penalti y, por primera vez desde 2004 (fue cuarto), luchará por llegar al partido soñado. Su rival saldrá del duelo que este sábado sostendrán en Santa Clara (California) los seleccionados de México y Chile, campeón defensor.

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Magistral atajada de David Ospina frente a Miguel Trauco que abrió la puerta camino d elas semifinales d ela Copa América Centenario (FIFA.com).

Apenas para los registros estadísticos, de esos que rara vez se consultan, quedó el partido disputado en el MetLife Stadium de East Rutherford (Nueva Jersey), el escenario en el que se jugará la final de esta edición extraordinaria del torneo continental, el próximo domingo 26 de junio. En una réplica de lo que había ocurrido el día anterior entre Estados Unidos y Ecuador en Seattle (Washington), fue más notorio el miedo a perder e irse a casa con la frustración a cuestas que el deseo de ganar y alimentar el sueño de llegar a la final. Por eso, el que se vio en vivo y en directo y a través de la televisión fue un partido feo, excesivamente enredado, aburridoramente interrumpido, más insípido que unos huevos pericos sin sal.


CA-100: Colombia-Perú, a encontrar su mejor versión


Colombia, se sabe, venía de caer 2-3 con la eliminada Costa Rica, en el cierre de la fase de grupos, un traspié que trastocó el itinerario previsto y provocó este desplazamiento a la costa oriental de los Estados Unidos. Aquella vez, se recuerda, el técnico José Néstor Pékerman empleó a diez jugadores de los que habitualmente no son titulares y el rendimiento del conjunto se vino a tierra. Perú, por su parte, había dado la gran sorpresa del torneo al vencer 1-0 y enviar a casa con el rabo entre las piernas a Brasil, el candidato de muchos. Sin embargo, ni el regreso de la nómina titular en la Tricolor ni el optimismo reforzado de los incas sirvieron para que se viera un encuentro agradable. Lo peor es que no solo fue un trámite soso, sino que prácticamente no hubo emociones en los arcos.

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Otro ángulo de la primera acción que, en verdad, transmitió emociones a los hinchas: eso no es suerte, es la capacidad de un arquero trabajador (FIFA.com).

En el primer tiempo, Colombia se equivocó al jugar al ritmo que Perú quería: a mil revoluciones por minuto. Es sabido que la gran fortaleza del fútbol colombiano es la capacidad técnica de sus jugadores, pero esa fue una virtud que no se supo aprovechar frente a un rival que, desde que el balón comenzó a rodar, demostró que su objetivo era conservar el cero y apuntarle a la definición con tiros desde el punto penalti, salvo que un golpe de suerte o un error del elenco de Pékerman le abrieran la puerta a la victoria. Una estrategia similar a la que tan buenos resultados le ofreció frente a Brasil. Y el conjunto de Ricardo Gareca metió a Colombia en el partido que le interesaba, porque desconectó sus circuitos ofensivos.

Colombia no puede jugar a mil revoluciones por una simple y sencilla razón: no lo sabe hacer, y menos cuando solo tiene un delantero, que además es de área. Entonces, en medio de ese afán por llegar al arco del rendidor Pedro Gallese lo que hizo fue estrellarse repetidamente contra un muro de concreto y caer en el desespero producto de las reiteradas faltas de los incas. El partido requería paciencia, y Colombia no la tuvo; el partido exigía inteligencia, y Colombia careció de ella; el partido urgía efectividad, y Colombia la dejó en el hotel. Era difícil ver tres pases consecutivos bien entregados o un jugador que recorriera diez metros sin que un rival le cometiera una infracción. Entonces, el buen fútbol que estos dos elencos nos podían ofrecer se fue de paseo, viajó a La Florida a distraerse en los parques de diversión.

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La tanda con tiros desde el punto penalti la abrió James Rodríguez con un remate cruzado. El Diez no tuvo un buen partido, y lo sufrió (FIFA.com).

Se había presagiado un duelo de arqueros entre David Ospina y Gallese, pero se frustró porque prácticamente no fueron exigidos. Se había planteado una batalla goleadora entre Carlos Bacca y José Paolo Guerrero, pero sus compañeros los abandonaron en el ataque y naufragaron producto del abundante bosque de piernas por el que debieron transitar. James Rodríguez, de buen rendimiento en las victorias sobre Estados Unidos y Paraguay, no tuvo una buena noche y Edwin Cardona, el indicado para servirle como socio, jugó el peor partido de su trayectoria con la Selección. Mejoró Juan Guillermo Cuadrado, pero no fue decisivo en los metros finales. Y ni siquiera se intentó con alternativas como la media distancia, y los laterales casi nunca llegaron hasta la línea final para desequilibrar, y tampoco hubo acierto en la pelota quieta para sacar provecho de los espigados zagueros.

Visto así, podría pensarse que el mal partido fue culpa de Colombia, y eso es injusto, no es cierto. A la Tricolor le queda el mérito de haberlo intentado, así fuera por los caminos equivocados. Mostró intención, exhibió vocación, solo que sus figuras desequilibrantes estaban en una mala noche. Y, por supuesto, hay que darle al rival los méritos que se merece: el Tigre Gareca planteó un partido para ganarlo producto de un error del rival, como ocurrió frente a Brasil, o para forzar la definición con disparos desde el punto penal, como en efecto se dio. Perú pudo ganarlo en tiempo de reposición, pero Ospina respondió con acierto la única vez que fue realmente exigido, así que no hubo más remedio que aprestarse a sufrir en la temida tanda. Y ya sabemos todos que despedirse en esta tanda siempre es decoroso, por aquella falsa creencia de los hinchas de que se trata de una lotería, de una instancia reservada para la suerte.

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Los corazones colombianos eran una fiesta sin límites: Colombia superó el duro escollo peruano y avanzó a las semifinales de la Copa América Centenario (FIFA.com).

James Rodríguez, Raúl Ruidíaz, Juan Guillermo Cuadrado, Renato Tapia y Dayro Moreno acertaron los primeros cinco cobros, y Colombia tomó ventaja de 3-2. Luego, Miguel Trauco, con un lanzamiento a media altura por el centro del arco, permitió el lucimiento de Ospina, que rechazó con la pierna derecha como si ejecutara una acrobática volea. Sebastián Pérez aumentó la cuenta a 4-2 y en el decisivo el joven Christian Cueva la mandó a las nubes. Fueron las únicas emociones de la noche, pero suficientes para liberar ese grueso nudo que se había formado en las gargantas de los hinchas colombianos en las tribunas del MetLife Stadium y en cada rincón de la geografía del planeta fútbol. Un estallido de júbilo que nos hizo revivir esos picos de inmensa felicidad de años recientes y que nos recordó que aun en una mala noche es posible celebrar.

No hay que decirse mentiras: Colombia quedó en deuda futbolística, porque no jugó bien. Pero gran parte de eso fue responsabilidad del buen trabajo que realizó Perú. El elenco inca diseñó un partido para maniatar a Colombia, y lo logró; con un grupo joven, con escasa trayectoria internacional, encabezó su zona, venció y eliminó a Brasil y luego desesperó a Colombia y la forzó a la definición con tiros desde el punto penalti: mucho más de lo que sus hinchas podían esperan antes del comienzo de la Copa América Centenario. La Tricolor, en cambio, se quitó un peso de encima (el de las últimas eliminaciones en los cuartos de final) y alimentó el sueño de una nueva final. Ahora es tiempo de descansar, de observar el juego entre chilenos y mexicanos para conocer el rival y para recargar baterías de cara a la semifinal. El que gana es el que goza, así sea jugando mal, así sea sufriendo en esa tanda maldita, así sea apretando los dientes durante más de cien minutos antes de poder desahogar la garganta…

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El que no corra, el que no grite, el que no celebre, ese no es colombiano. La Tricolor sigue en pos del título de la Copa América Centenario (FIFA.com).

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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