CA-100: Chile ganó 2-0 y defenderá su corona

En una noche en la que todo salió al revés, con larga suspensión por el mal clima, Colombia le dijo adiós a la final de la Copa América Centenario. El sábado juega por el podio frente a EE. UU.

La Copa América Centenario se vive en Colombia Mundial En ContravíaNi siquiera hubo tiempo para soñar, para ver una jugada que nos permitiera ilusionarnos: en las dos primeras llegadas al arco de David Ospina, Chile marcó unas diferencias indescontables y cimentó una victoria que lo puso en la final de la Copa América Centenario, con la posibilidad de revalidar la corona que obtuvo el año pasado como local. Tras vencer 2-0 a una Colombia que quedó condenada a luchar por el tercer lugar contra Estados Unidos, el actual campeón continental se las verá otra vez con Argentina, el próximo domingo en el MetLife Stadium de East Rutherford (Nueva Jersey), en procura de la corona continental.

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En el arranque del partido, Chile fue una fiesta y Colombia lo sufrió. Después, a pesar de una valiente reacción, no hubo forma de revertirlo (FIFA.com).

La enorme expectativa que había despertado el partido disputado en el Soldier Field de Chicago (Illinois) se esfumó como el agua que rueda por entre los dedos. Mientras Chile pareció seguir jugando el encuentro de los cuartos de final en el que goleó 7-0 a México, Colombia se demoró veinte minutos en darse cuenta de dónde estaba y a qué había llegado hasta allí. Gruesos errores individuales y colectivos en defensa sacrificaron prematuramente la ilusión colombiana y después no se pudo cambiar el rumbo de la historia, a pesar de la vigorosa reacción tras el segundo puyazo. Un partido que, no sobra decirlo, pone de manifiesto el presente de los dos equipos: Chile, uno armado hace rato que vive horas felices; Colombia, uno en formación que sufre por estos altibajos.


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No hay que hacer dramas, menos rasgarse las vestiduras y tampoco pedir cabezas: solo se perdió un partido que, se sabía, se podía perder por la categoría del rival. Los que estaban convencidos de que a Chile se le iba a ganar por lo que ocurrió en eliminatorias mundialistas, por lo hecho en anteriores ediciones de la Copa América o hasta en duelos amistosos se equivocaron de cabo a rabo. Es como odiar a todas las mujeres simplemente que una en particular no nos paró bolas, no respondió nuestras llamadas, no quiso sostener una relación con nosotros. Cada mujer, cada persona, es un mundo diferente y así ocurre en el fútbol: cada partido es un mundo diferente que jamás se repite, que no puede predecirse. Y menos en un torneo tan competitivo como la Copa América, y menos contra un rival como Chile.

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Roger Martínez jugó un buen partido, pero lució muy solitario. No le pesó la responsabilidad frente al campeón continental (FIFA.com).

Pero, claro, en Colombia el hincha suele jugar y ganar los partidos con antelación a través de las cloacas sociales, en las grotescas recochas que los noticieros de televisión arman dizque para calentar el ambiente, y luego se mortifica cuando la realidad le demuestra que, como se dice vulgarmente, no le pegó al perrito. Tras la victoria 2-1 sobre Paraguay, que significó la clasificación a los cuartos de final, se dio por descontado el éxito frente a la eliminada Costa Rica: la inesperada derrota provocó un torbellino que, afortunadamente, se disolvió rápidamente. Los periodistas de los medios, cagados del susto por el eventual enfrentamiento con Brasil, armaron una tormenta en un vaso de agua. Al final, lo sabemos, el rival fue Perú, la Auriverde regresó a casa eliminada y aquellos solo consiguieron hacer el ridículo con sus pronósticos, una vez más.


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Y volvió a fallarles la pollita a todos los que se sintieron en la final antes de que el balón se pusiera en movimiento en esta fría y peligrosa noche de Chicago. Una breve ráfaga de 5 minutos, parecida a la que le permitió propinarle el nocaut a México el domingo pasado, bastó para mandar a Colombia a la lona. A los 7 minutos, Charles Aránguiz aprovechó un concierto de errores de la zaga colombiana y abrió el marcador; luego, a los 11, José Pedro Fuenzalida fue el que puso la puntada final a una profunda incursión ofensiva de los australes, que nuevamente desnudó las terribles debilidades del sistema destructor del conjunto tricolor. Y las alarmas pronto pasaron del naranja a un rojo encendido, porque se temió lo peor: que Chile le repitiera a Colombia la dosis que le había aplicado a México, una goleada de vergüenza.

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Tras el final del primer tiempo, el partido estuvo suspendido más de dos horas por mal clima: la fuerte lluvia inundó el terreno de juego (Conmebol.com).

Esa rápida diferencia fue producto de la actitud con la que cada equipo asumió el partido: Chile lo hizo con mucha seriedad, consciente de que no podía ofrecerle ventajas a su rival, y con gran responsabilidad y seriedad. Calidad técnica siempre tuvo el futbolista austral, buenos técnicos y trabajo, también, pero solo en las épocas recientes, de la mano de entrenadores de escuela vanguardista como Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli, adquirió ese plus: jugar los partidos igual, como si fueran la final, al todo o nada. Algunos salen bien; otros, no tanto. Se puede jugar muy bien, bien, regular o mal, pero como dicen los técnicos “la actitud no se negocia”. Y Chile, con esa mentalidad de equipo grande, no solo dio un notable salto de calidad, sino que escaló cimas que no hace mucho se antojaban inalcanzables.

Colombia, en cambio, entró al terreno como si fuera el grupo de amigos que, enguayabados, el sábado se reúne a jugar un picadito: unos con guayos y otros, en tenis; unos con la camiseta de su equipo favorito, otros con lo primero que pudieron sacar del clóset; unos bañados y desayunados, otros en estado ‘talco’: tal y como se despertaron. Y, claro, eso frente a un rival como Chile, que además viene entonado, es un suicidio. Peor aún si, como ocurrió, se dan gruesas fallas individuales y colectivas, colaboraciones involuntarias como el pasegol de Juan Guillermo Cuadrado a Aránguiz en la primera anotación, o la cómplice compañía de Santiago Arias a Alexis Sánchez en el segundo, anotado por Fuenzalida. Dos durísimas bofetadas tras las cuales, afortunadamente, el elenco dirigido por José Pékerman espabiló.

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Juan Guillermo Cuadrado volvió a tener un flojo rendimiento: ni en defensa ni en ataque aportó lo esperado (FIFA.com).

El detonante de la reacción fue una magistral de David Ospina a remate de Sánchez, a los 14 minutos. A partir de ahí, el juego cambió y vimos algo de la Colombia que se esperaba: con líneas adelantadas, intentando hacer su juego colectivo habitual, con aplicación en la marca y con llegadas de peligro sobre el arco de Claudio Bravo. Los últimos cinco minutos fueron los mejores, los más activos, en los que se desnudaron los conocidos problemas defensivos de los australes. Sin embargo, no hubo fortuna ni puntería para acortar las diferencias. Después, esa insólita suspensión de más de dos horas producto de una fuerte lluvia acompañada de las siempre peligrosas tormentas eléctricas, que postergó el comienzo del segundo tiempo hasta las 10:25 de la noche.

En la reanudación, con Marlos Moreno en lugar de un Edwin Cardona que confirmó que no está para estos partidos en los que hay que poner alma, corazón y vida, Colombia se vio mejor. Sin profundidad como para inquietar a Bravo, pero al menos con los peligrosos delanteros chilenos lejos de los predios de Ospina. Sin embargo, la expulsión de Carlos Sánchez, a los 11 minutos por doble amonestación, echó por tierra los planes. El partido se puso cuesta arriba y el elenco de Juan Antonio Pizzi sacó a relucir su jerarquía y oficio para mantener la ventaja. Se mejoró ostensiblemente, se expuso carácter, se mostró vergüenza deportiva, se pusieron de manifiesto esas inmensas ganas de llegar a la final, pero no alcanzó. Con uno menos, se le jugó de tú a tú al campeón continental, se exigió a Bravo, se luchó, pero no alcanzó.

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Marlos Moreno ingresó para el segundo tiempo, pero salvo algunos chispazos poco o nada pudo hacer. La mejoría colombiana no se tradujo en goles (FIFA.com).

Se necesitaba un milagro para que Colombia pudiera revertir la situación, para que al menos igualara la pizarra y forzara la tanda con tiros desde el punto penalti. Pero, a sabiendas de que era una noche fría y lluviosa, de esas despedidoras que lo ponen a uno a pensar solamente en su camita, los milagros tomaron un rumbo distinto, lejos de Chicago. Y a medida que transcurrían los minutos, la impotencia, el cansancio y la frustración se apoderaron de los jugadores colombianos, cuyo esfuerzo no encontró ni siquiera el premio de consuelo del descuento. Se presumía que iba a ser un partido cerrado en el que los errores marcarían las diferencias, y solo Colombia se equivocó. Una lástima, porque quedó la sensación de que había juego, de que había hombres, de que había ilusiones para más.

Cuando arrancó la Copa América Centenario, el hoy lejano 3 de junio, pocos creían en esta Selección Colombia joven, esa mixtura que le apuesta al futuro y que, para muchos, estaba condenada al fracaso. Sin embargo, fiel al estilo marcado durante la era Pékerman, sacó la casta, expuso corazón y se las arregló, a pesar de las limitaciones y dificultades, para ser protagonista, para ponernos a soñar, para regalarnos unas semanas de alegría. Al final, sin embargo, no se pudo subir el último escalón, pero no es el fin de la vida. Hay otra oportunidad para arrancarle una sonrisa al hincha: vencer el sábado a Estados Unidos en el University of Phoenix Stadium, en Glendale (Arizona) para estar en el podio. Chile, por su lado, podrá defender su corona, otra vez contra Argentina, en la final del domingo. Colorín, colorado, el sueño del título se ha terminado…

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Chile, en alza y con el ánimo por las nubes, se volverá a enfrentar a Argentina en procura del trofeo. La Copa América Centenario la definen viejos conocidos (FIFA.com).

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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