CA-100: Argentina y EE. UU., por un cupo a la final

La Albiceleste procura su cuarta final en las últimas cinco ediciones, con la intención de saborear un título esquivo desde 1993. El dueño de casa le apostará a un batacazo histórico.

La Copa América Centenario se juega con Colombia Mundial En ContravíaYa pasó una final, la que se jugó el pasado domingo contra Venezuela, y ahora llega otra, frente a Estados Unidos en las semifinales de la Copa América Centenario. Si logra sortear ese obstáculo, Argentina habrá cumplido el objetivo inicial y se dispondrá al reto que le impone la historia: acabar con ese largo ayuno, con esa negra noche sin títulos que acumula 23 años. Y, de paso, le da la oportunidad de saldar viejas deudas, de reconciliarse con los éxitos y con su fiel, exigente y sufrida hinchada y, especialmente, de ofrecerle al astro Lionel Messi la opción de desmarcarse de Pelé y Diego Armando Maradona y él sí levantar el trofeo continental.

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Más que un Lio Messi iluminado, Argentina necesita comportarse como un verdadero equipo que respalde al genio en la semifinal contra Estados Unidos (FIFA.com).

Son diversos, y muy atractivos, los ingredientes que tiene la primera semifinal del torneo, prevista para este martes en el NRG Stadium de Houston (Texas). Estados Unidos, el dueño de casa, quiere salvar el honor de los representantes de la Concacaf, que se fueron cayendo uno tras otro, como frutas maduras en primavera, a medida que transcurrieron los partidos. Llegar a la final a costa del gran candidato sería, sin duda, un golpe histórico y un impulso de consecuencias insospechadas para el soccer, que no termina de cuajar en el país que prefiere el béisbol, el baloncesto, el hockey sobre hielo, el fútbol americano y hasta el golf y las carreras de caballos por encima de nuestro viejo y querido fútbol tradicional, el de la pecosa caprichosa número 5.


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Los dirigidos por el alemán Juergen Klinsmann, que arrancaron el camino con una derrota con Colombia (0-2), después aprovecharon las circunstancias para, inesperadamente, comandar la tabla del grupo A, considerado por algunos como ‘el de la muerte’ en la Copa América Centenario. No fue así, por supuesto, porque Costa Rica quedó eliminada con prontitud y Paraguay finalmente no dio la talla. Después, en los cuartos de final, los del equipo de las barras y las estrellas dieron buena cuenta de Ecuador (2-1), que se olvidó del buen nivel de la primera fase y solo opuso resistencia al final, cuando ya tenía el agua al cuello. Ha crecido, no obstante, el nivel futbolístico de los gringos a medida que avanza la competencia y, por eso, más allá de las notables diferencias que marcan las estadísticas, el palmarés, la historia y la tradición de uno y otro, será rival de cuidado.

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Gyasi Zardes, un jugador poco conocido en Suramérica, ha sido vital en el desempeño ofensivo de Estados Unidos en esta Copa América Centenario (FIFA.com).

Solo una vez estuvo cerca Estados Unidos de llegar a la final del torneo continental: fue en 1995, en el torneo disputado en Uruguay, su segunda participación. Aquella vez, tras dar la sorpresa y eliminar a México en los cuartos de final, por la vía de la definición con tiros desde el punto penalti (0-0 y 4-1), sucumbieron en la semifinal con Brasil, por aquel entonces rey orbital, que se impuso 1-0. Luego, en procura del bronce, inclinaron la cabeza frente a la Colombia de Hernán Darío Gómez, que se impuso 4-1 y subió al podio. Ahora, Estados Unidos es local, tiene el apoyo de su público y, lo más importante, su nivel de juego, su madurez y su competitividad han evolucionado con el paso del tiempo y gracias al trabajo de los entrenadores que tuvo durante estas dos últimas décadas. Jugar la final sería, en consecuencia, la frutilla del postre para graduarse como grande del concierto internacional, al menos en lo que a este lado del Atlántico se refiere.

Ese mismo año, 12 meses después de haber acogido una atípica Copa Mundo que consagró al desteñido Brasil de Carlos Alberto Parreira, Estados Unidos dio una de las sorpresas más grandes de la centenaria historia de la Copa América. En el cierre de la primera fase, con Argentina clasificada en virtud de los triunfos sobre Bolivia (2-1) y Chile (4-0), el conjunto norteamericano se impuso 3-0 y encabezó el grupo. Aquella vez, se recuerda, el técnico Daniel Alberto Passarella se inclinó por darles oportunidad a los jugadores que hasta entonces no habían actuado (como hace unos días lo hizo Colombia frente a Costa Rica) y el experimento le salió muy costoso: EE. UU. ganó por goleada, la Albiceleste cayó al segundo lugar y en los cuartos de final tuvo que verse las caras con Brasil, que la superó 4-2 en la tanda con tiros desde el punto penalti (2-2 el partido). Por historia, por la calidad de los jugadores, por el palmarés de uno y otro en el torneo y porque Argentina era el campeón defensor, el resultado marcó una profunda huella.

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Gonzalo Higuaín ya se reconcilió con el gol y con los hinchas; ahora, Argentina necesita que sea el socio ideal de Lio Messi (FIFA.com).

Después, durante la fase de grupos de la Copa América-2007, en Maracaibo (Venezuela), los hechos volvieron a su cauce normal y el cuadro de Alfio Basile venció 4-1. Fue el debut en el certamen, pero para el hincha argentino ese encuentro tiene un valor especial: fue también el día que Lionel Messi se estrenó en el torneo continental. Estados Unidos luego cayó con Paraguay (1-3) y Colombia (0-1) para ocupar el último puesto del grupo; la Albiceleste, en cambio, llegó a la final como firme candidata, para caer por un inesperado 0-3 con un Brasil que sobre el papel era inferior. Esos son los dos únicos enfrentamientos entre gringos y argentinos en el marco de la Copa América, antecedentes que, por supuesto, para nada condicionan o dan pistas de lo que puede ser el partido que se disputará en Houston frente a una nutrida colonia latinoamericana.

Más que una revancha por lo ocurrido en 1995 o por las finales perdidas en Perú-2004, Venezuela-2007 y Chile-2015, este duelo contra Estados Unidos es una preciosa oportunidad para Argentina: llegar por cuarta ocasión a la final en las últimas cinco ediciones, algo que solo consiguió Brasil (entre 1997 y 2007) desde que se instauró el actual sistema con la irrupción de los cuartos de final. No será revancha, y no puede serlo, siempre y llanamente porque el pasado ya está escrito y nada de lo que hagan los dirigidos por el Tata Gerardo Martino logrará cambiarlo. Es una posibilidad nueva, un sueño renovado, una ilusión aplazada, una cita con el destino antes de la cita con la historia. Para muchos, más allá del irregular nivel de juego, Argentina es hoy por hoy el mejor equipo del mundo, pero para convencerlos a todos requiere un título, algo que el resulta esquivo desde 1993.

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Los hinchas estadounidenses sueñan con que su selección dé un golpe histórico frente a Argentina y clasifique a la final de la Copa América Centenario (FIFA.com).

Muy poco, quizás solo un guiño del destino, le ha faltado a Argentina para volver a celebrar un título. En los últimos 11 años, entre 2004 y 2015, la Albiceleste disputó cuatro finales: las de la Copa América de Venezuela-2004, Copa América de Perú-2007, Copa Mundo de Brasil-2014 y Copa América de Chile-2015. Por supuesto, ningún argentino debe sentirse orgulloso de haber perdido todos esos trofeos, pero dado que ningún otro equipo del planeta fútbol ofrece un antecedente similar, pues hay que convenir que lo del elenco gaucho es meritorio. Fueron formidables equipos a los que les faltaron menos de cinco centavitos para completar el peso, a los que un remate desviado o una providencial salvada del arquero rival los privaron de la gloria. Caprichos de la vida y del fútbol que, sin duda, algún día tendrán que compensar a este eterno protagonista.

En los últimos tiempos, así mismo, ha hecho carrera una afirmación con claro tono despectivo, casi discriminatorio: Argentina es Messi y diez más. Esos diez más fueron, precisamente, los que con una ayudita del genio cumplieron una campaña perfecta en la fase de grupos de esta Copa América Centenario y son diez que seguramente jugarían de titulares en cualquier equipo del mundo, incluidos varios de los más grandes. Eso significa que Messi, más que el estandarte, más que el diferente, es un plus: con los otros diez, Argentina ya es un rival temible, pero ellos más Messi conforman un equipazo. Pero, claro, un equipazo al que le cuesta un potosí ganar títulos, una asignatura pendiente que esperan aprobar con nota sobresaliente esta semana, en la recta final de la histórica edición extraordinaria del certamen continental.

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El técnico Gerardo Martino sabe que nada de lo hecho hasta ahora tendrá valor si Argentina no clasifica a la final. Juega al todo o nada (FIFA.com).

El problema es que, tanto con Alfio Basile (2007), Diego Armando Maradona (2010), Sergio Batista (2011), Alejandro Sabella (2014) y Gerardo Martino (2015), Messi va por un lado y sus compañeros, por otro. No ha habido un día en el que se conecten, en el que estén enchufados todos, en el que haya sintonía absoluta. Cuando el astro está opacado, por ahí surge Ángel Di María, o Éver Banega, o Javier Mascherano; cuando Messi se enciende, se apagan Gonzalo Higuaín, Kun Agüero o el propio Fideo. Circunstancias caprichosas del fútbol que nadie puede explicar, que muy pocos pueden entender. Porque la historia nos ofrece un antecedente parecido que, vaya ironía, funcionó a la perfección y marcó una época: el Brasil de 1970. Había cinco estrellas (Pelé, Jairzinho, Rivelino, Tostao y Gerson) que brillaba cada una con luz propia, y era suficiente que dos o tres se iluminaran al unísono para crear desastres.

Estados Unidos, con su estilo a la europea, con una presión permanente a lo largo y ancho del terreno de juego, con vocación para pegar y trabar y con disciplina para aplicar el libreto táctico diseñado por su DT, será un duro rival. Argentina, por su parte, necesitará más que un Lio Messi inspirado, porque en estas instancias no puede haber fisuras en la estructura: la defensa deberá estar concentrada, el mediocampo tendrá que ser un filtro efectivo y los atacantes necesitarán estar dulces frente al arco rival. No son los contendores que gringos y gauchos hubieran escogido en caso de tener esa oportunidad, pero el destino los puso cara a cara y solo uno de ellos sonreirá al final del partido. Aquel que lo haga podrá comenzar a soñar con ese bello trofeo de la Copa América Centenario, mientras espera conocer el nombre de su rival en la final del domingo.La Copa América Centenario se juega con Colombia Mundial En Contravía

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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