CA-100: a algunos les explotó el laboratorio

Balance de la primera fase: rotundos fracasos de Brasil y Uruguay, preocupación en Paraguay. Venezuela fue la sensación, mientras que Argentina y Chile aprobaron la asignatura.

La Copa América Centenario se juega con Colombia Mundial En ContravíaTres excampeones continentales tirados en la lona, noqueados por un pobre presente que no perdona, y la reivindicación de algunos que llegaron de capa caída son los hechos más sobresalientes al cabo de la fase de grupos de la Copa América Centenario. Eso, y la confirmación de que el campeonato continental es un laboratorio de pruebas siempre y cuando los resultados sean satisfactorios, porque de lo contrario los procesos corren el riesgo de verse truncados, como ocurrió con Brasil y Paraguay, cuyos técnicos fueron los más ilustres damnificados por la prematura eliminación.

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Dunga fue la primera víctima que cobró la Copa América Centenario: ya no es más DT de Brasil y se irá a otra parte con su estilacho picapiedrero (Conmebol.com).

Hubo otra época, en otras décadas, en otro siglo, en la que los países podían darse el lujo de acudir a la Copa América sin obligación de figuración, sin responsabilidad deportiva, casi que por cumplir con el requisito. Un ejemplo reciente de esa tónica la vivimos en 2001, cuando Colombia fue sede del torneo y equipos como Uruguay y Brasil se presentaron con elencos de segundo orden. Se dijo en ese momento que estaban preparando nuevos jugadores para compromisos venideros, una explicación que, por supuesto, no satisfizo a nadie y que fue interpretada como una bofetada al anfitrión y, especialmente, a su público.


CA-100: apareció el campeón de América


Luego, el fútbol se encargó de poner a cada uno en su lugar: en el debut, en Cali contra México, Brasil perdió 0-1 y vio terminado el más largo invicto de su palmarés en la Copa América, de 20 partidos. Un periplo exitoso en el recolectó los títulos de Bolivia-1997 y Paraguay-1999, coronas que le permitieron acercarse a Uruguay y Argentina en el palmarés del torneo. Luego, en cuartos de final, la Auriverde fue despachada a casa por una sorprendente Honduras que había llegado como invitada de última hora, a llenar el vacío dejado por Argentina (que se negó a asistir, aduciendo razones de seguridad), y terminó como protagonista. Uruguay, por su lado, alcanzó a llegar hasta las semifinales, instancia en la que México le dijo ¡No más!

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Ramón Díaz entendió que ya no podía aportar más en el proceso de Paraguay y dio un paso al costado. Un raro ejemplo de autocrítica y vergüenza (FIFA.com).

Hubo una época, en otras décadas, en otro siglo, en las que los grandes del continente futbolístico podían darse el lujo de acudir a la Copa América con equipos remendados, conformados a última hora o con jugadores prácticamente desconocidos, y aun así ser protagonistas. En 1957, por ejemplo, Argentina tuvo que recurrir a futbolistas del ámbito local, que jamás se habían puesto la blusa de la Selección, y que la primera vez que estuvieron todos juntos fue cuando se subieron al avión. Semanas más tarde, sin embargo, ese grupo alcanzó la inmortalidad al adueñarse de la corona con una épica goleada 3-0 sobre Uruguay, y se llenó de gloria. Son los célebres Carasucias, una leyenda que sobrevivió al paso del tiempo. Más cerca en el tiempo, Colombia alzó por primera vez el trofeo con un elenco en el que las estrellas brillaban por su ausencia.

En efecto, en aquella Selección Colombia de 2001 ya no estaban las figuras que deleitaron al planeta fútbol durante los 90, la generación de Carlos ‘Pibe’ Valderrama y compañía, y el técnico Francisco Maturana privilegió a los futbolistas del ámbito doméstico. El portero Óscar Córdoba era el emblema internacional, después de sus vueltas olímpicas en la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental con la camiseta del Boca Juniors argentino. El otro de recorrido en el exterior era Víctor Hugo Aristizábal, de dilatado paso por equipos de España y Brasil, principalmente. De resto, jugadores locales que, para rematar, habían sido escogidos luego de una convocatoria que Maturana les hizo a los entrenadores del fútbol profesional colombiano. No estaban Willington Ortiz, Ernesto Díaz o Pedro Zape, figurones en la campaña que terminó con el subtítulo de 1975; tampoco Valderrama, Freddy Rincón, Faustino Asprilla o Adolfo Valencia, entre otros, los mundialistas de los 90. Sin embargo, esos jugadores marcaron la historia al alzar el trofeo.

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Uruguay llegó a la Copa América Centenario con una gran ilusión, pero decepcionó a sus hinchas despidiéndose en primera fase. Solo le ganó a Jamaica (FIFA.com).

A la Copa América Centenario, Brasil y Paraguay llegaron en el inicio de una nueva etapa. La Auriverde, con Dunga en el banquillo técnico en remplazo de Luiz Felipe Scolari, cesado luego del bochornoso final durante el Mundial-2014, en el que cayó sucesivamente por goleada con Alemania (1-7 en semifinales) y Holanda (0-3 por el tercer puesto). Una nómina renovada en la que ni siquiera estaba Neymar Jr., su jugador más representativo de la actualidad, reservado para disputar los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en agosto próximo. Una nómina fiel al reconocido estilo de su entrenador, con muchos atletas y muy pocos buenos futbolistas, con abundante cuota de sacrificio, pero muy escasas dosis de talento. Y, por supuesto, no se podían esperar milagros: por primera vez desde 1987, Brasil fue eliminado en primera ronda.

Empató sin goles con Ecuador en el debut, en un partido que legalmente debió perder, de no haber mediado el grosero error del equipo arbitral que invalidó un tanto del ecuatoriano Míller Bolanos con la complicidad del flojísimo arquero Alisson. Se dijo que el balón había traspasado la raya final antes del impacto del morocho ecuatoriano, pero las imágenes demostraron que no había sido así. Luego, el panorama pareció mejorar con la goleada 7-1 sobre la débil Haití, que no opuso resistencia alguna. Un marcador mentiroso frente a un rival que no daba la talla. Y llegó al último juego, contra Perú, a sabiendas de que un empate lo ponía directo en los cuartos de final. Sin embargo, en otra discreta presentación, cayó 0-1 y se despidió prematuramente. Que el gol de los incas, anotado por Raúl Ruidíaz, fue convertido con la mano es lo de menos: Brasil fue incapaz de hacer lo suyo.

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Chile estuvo a punto de correr la misma suerte que Brasil, Uruguay y Paraguay, pero sigue en carrera en defensa de su título. La Roja viene subiendo su nivel (FIFA.com).

Por primera vez en los cien años de historia de la Copa América, en una edición en la que Brasil se enfrentó a Ecuador y Perú no les pudo convertir gol. Lo del error arbitral es una anécdota que no alcanza para ocultar el paupérrimo nivel futbolístico de este Brasil. Y así, por supuesto, lo entendieron los dirigentes de Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), que cesaron de su cargo a Dunga. Una víctima más de esta trituradora que es el peso de la historia del equipo más laureado del planeta fútbol, uno que en otras épocas, en otras décadas, en otros siglos, nos deleitaba a todos con la magia de su juego, el famoso jogo bonito. Hoy, con un jogo bastante feíto, Brasil es la comparsa de la Copa Mundo y de la Copa América, un equipo al que cualquiera le falta al respeto. Perdió su identidad, reniega de su ADN futbolístico y se da el lujo de prescindir del poco talento que es capaz de producir, y así le va.

Lo de Paraguay es distinto. Tras un ciclo muy exitoso al mando del argentino Gerardo ‘Tata’ Martino, hoy entrenador de la Albiceleste, la Albirroja no encontró el recambio adecuado y se quedó por fuera de Brasil-2014. Un doloroso retroceso que los directivos guaraníes intentaron enmendar contratando a Ramón ‘Pelado’ Díaz, un DT sin experiencia en equipos nacionales, pero con un palmarés exitoso en clubes de primer nivel, especialmente River Plate. El comienzo de la eliminatoria suramericana al Mundial de Rusia-2018 pareció darles la razón, aunque en las últimas jornadas perdió el impulso y salió del grupo de clasificados directos. Su opción, no obstante, se mantiene intacta y el nivel de juego había conseguido arrancarles sonrisas a los aficionados, a pesar de que la presencia del Pelado y su estilo de juego nunca colmaron las exigencias de buena parte de la prensa deportiva y de algunos expertos como el exfutbolista José Luis Chilavert.

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Bolivia, como en la eliminatoria a Rusia-2018, no levanta cabeza: perdió los tres partidos que disputó, incluido uno con la debutante Panamá (FIFA.com).

Anclado en el grupo que los periodistas denominaron ‘el de la muerte’, junto con Estados Unidos, Colombia y Costa Rica, Paraguay decepcionó. Debutó con un insípido empate sin goles frente a los ticos y luego cayó 1-2 con la Tricolor, pese a haber realizado un buen segundo tiempo en el que puso en aprietos a su rival. En el cierre, frente al anfitrión, sin embargo, quedó en deuda: jugó muy mal y cayó 0-2, para despedirse con mucha pena y nada de gloria. De regreso a Asunción, el propio Ramón Díaz dio un paso al costado y puso fin a su efímero ciclo al mando de la Albirroja, que ahora tendrá que buscar un nuevo timonel para cosechar sobre lo que se ha conseguido sembrar. Existe el atenuante que se trata de un equipo en proceso de reconstrucción, pero ya sabemos que el fútbol moderno no sabe de esperas, de paciencia, y el afán mediático es voraz.

El caso de Uruguay, mientras, es distinto: puede interpretarse, simplemente, como un paso en falso. Amén de la ausencia de su goleador Luis Suárez, que no se recuperó satisfactoriamente de la lesión que sufrió en el partido que el FC Barcelona le ganó a Sevilla por la Supercopa de España, llegó con la misma nómina que es líder de las eliminatorias a Rusia-2018. Se esperaba, entonces, que consiguiera ser protagonista y, como es su costumbre, peleara la corona. Pero el destino les tenía reservada una fea sorpresa y los charrúas se regresaron a casa antes de lo previsto. Nadie, por ahora, habla de que el cargo del Maestro Tabárez esté en duda y seguramente en agosto, cuando se reanude la competencia previa a la Copa Mundo, Uruguay esté recargado, listo para seguir dando la batalla.Colombia Mundial En Contravía rumbo a la Copa América Centenario

La Copa América dejó ser ese laboratorio de pruebas que permitía a los equipos probar sin riesgos. La estrategia prueba y error ya no es aceptada por los hinchas y, tal y como ocurrió con Brasil y Paraguay, un mal resultado redunda en el corte de algunas cabezas. Y tras las de Dunga y Ramón Díaz puede rodar también la de Julio César Baldivieso, en Bolivia. Curiosamente, el andar en el torneo centenario ha consolidado los procesos de Gerardo Martino en Argentina, José Pékerman en Colombia, Ricardo Gareca en Perú y Rafael Dudamel en Venezuela. No es algo de poca monta, teniendo en cuenta que tres excampeones continentales quedaron tirados en la lona, noqueados por un pobre presente que no perdona. Así es el fútbol moderno, en el que solo sirve ganar, a veces a cualquier precio, de cualquier modo, un fútbol en el que lo único que no se permite es perder, así esa sea una de las opciones básicas del juego…

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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