Brasil volvió a perder: Argentina jugará ‘su’ final en el Maracaná

En un ambiente abiertamente hostil, con una afición entregada a apoyar a su rival, el equipo de Alejandro Sabella aseguró la quinta final de su historia. Veinticuatro años después de la última vez, se verá las caras con Alemania en el Maracaná.

LibroLa final soñada se convirtió, para la torcida brasileña y aquellos que se indigestan con Argentina, en la pesadilla más temida. Alemania, el verdugo que le propinó la peor humillación de su historia, y Argentina, su archirrival comandado por Lionel Messi, jugarán por el título del Mundial de Brasil-2014. El conjunto de Alejandro Sabella, que jugó esta instancia por última vez en Italia-1990, hace 24 años, con Diego Armando Maradona a la cabeza, superó a Holanda en la definición con tiros desde el punto penalti y le cumplió la cita a la historia.

Un día después de que el elenco de Luiz Felipe Scolari fuera goleado 7-1 por Alemania en las semifinales, los aficionados brasileños llenaron las tribunas de la Arena do Sao Paulo, ya no vestidos con la verdeamarelha de su país, aunque con el corazón pintado de naranja: estaban allí sentados para hacerle barra a Holanda, porque no podían aceptar una nueva afrenta para su orgullo, es decir, que la Albiceleste se instalara en la quinta final de su historial en procura del tricampeonato que se escapó hace casi un cuarto de siglo contra el mismo rival que tendrá enfrente el próximo domingo.

Como ha ocurrido en los seis partidos que Argentina disputó hasta ahora en el Mundial, su colorida y fervorosa barra fue minoría; el resto hinchaba por Holanda, porque en Brasil se nada peor que perder el título y que este caiga en manos de la Albiceleste. Y la posibilidad está vigente, felizmente para Sabella y sus dirigidos, un grupo que está escribiendo una historia nueva, pero con ADN reconocido: el de los campeones. Porque, aunque no tuvo el brillo que algunos tercos reclaman, aunque hubo algunos pasajes del juego en el que fue sometido a las condiciones de su rival, aunque se sintió (y mucho) la ausencia de Ángel Di María, Argentina es otra vez finalista de la Copa Mundo. Igual que en México-1986, cuando el equipo de Carlos Salvador Bilardo también era silbado por doquier y despertaba antipatías, un condimento que al argentino le produce un efecto contrario al esperado: le toca las fibras íntimas de su corazón y lo motiva a sacar lo mejor de sí.

¡Argentina, finalista! La explosión de los jugadores es también la de un pueblo que vive y siente el fútbol como ninguno otro. Argentina buscará, en Río de Janeiro, su tercer título orbital (FIFA.com).
¡Argentina, finalista! La explosión de los jugadores es también la de un pueblo que vive y siente el fútbol como ninguno otro. Argentina buscará, en Río de Janeiro, su tercer título orbital (FIFA.com).

Y lo mejor de sí no significa necesariamente fútbol-arte, toque-toque encantador como el que exhibió España hace cuatro años o que cada vez que Messi tiene el balón en sus pies va a salir a gambetear rivales, arquero incluido, para anotar esos goles que solo se ven varias veces en el mismo partido en la Play Station. Una vez más, como ya lo había hecho contra Bélgica en los cuartos de final; con la ultradefensiva y nada ambiciosa Suiza en octavos y frente a los rivales de la primera fase (Bosnia-Herzegovina, Irán y Nigeria), Argentina jugó bien, especialmente en el apartado defensivo: por tercer partido consecutivo, este con prórroga incluida, mantuvo su arco en cero. Eso solo había ocurrido en 1978, en los juegos de la segunda fase contra Polonia, Brasil y Perú, y en 1998, pero en desarrollo de la primera fase.

Se puede decir que faltó volumen de juego ofensivo, que faltó profundidad, que faltó manejo en la mitad de la cancha, que por momentos Holanda provocó zozobra en el sistema defensivo (aunque prácticamente nunca puso en aprietos al arquero Sergio Romero). Y todo eso es cierto, pero también era algo que se podría esperar en un partido de semifinal con un rival como Holanda, que fue finalista de Suráfrica-2010, que llegó a Brasil con el rótulo de aspirante a la corona y que buscaba avanzar por cuarta vez al último partido de una Copa Mundo. Y si uno quiere, reproduce los 120 minutos de juego y, libreta de apuntes en mano, descubre todos los errores y limitaciones que se le ocurran en la Albiceleste. Esa, en todo caso, es una tarea que les vamos a dejar a los necios.

Porque es preferible apreciar lo bueno que tuvo la Albiceleste este 9 de julio, un día de la Independencia que tuvo un sabor único y muy especial para el pueblo argentino. Orden, en primer lugar, que se ha convertido en el mejor argumento del elenco de Sabella durante el Mundial: orden defensivo para controlar a los rivales con relevos, marcación en zona o haciendo sombra, según las circunstancias; orden para salir jugando limpiamente si es posible o tirando el pelotazo si hay apremio; orden para atacar no solo con Messi y los delanteros de turno, sino desprendiendo los laterales y hasta los volantes de primera línea; orden para aguantar en su campo cuando el dulce se puso a mordiscos, cuando hubo que apelar a virtudes que no son propiamente futbolísticas.

Esta vez, las manos de Dios fueron las se Sergio Romero, que atajó dos disparos de los holandeses en la serie desde el punto penalti y, como Sergio Goycochea en Italia-1990, se vistió de héroe (FIFA.com).
Esta vez, las manos de Dios fueron las se Sergio Romero, que atajó dos disparos de los holandeses en la serie desde el punto penalti y, como Sergio Goycochea en Italia-1990, se vistió de héroe (FIFA.com).

A lo largo de las eliminatorias, al igual que en Suráfrica-2010, a Argentina se le criticó muy duramente por su funcionamiento defensivo, especialmente por el desorden con que intentaba controlar a sus rivales. Hoy, por eso, es más que justo reconocer que el DT parece haber encontrado la solución al problema. Convicción, en segundo lugar, para creer en lo que el técnico decide y plantea, para confiar en capacidades del grupo (las individuales y las colectivas), para cumplir con las tareas asignadas, para ganarle la batalla a la exigencia física y exponer renovadas fuerzas, para ir con el alma por cada pelota como si fuera la última o la que vale el título. Esta Argentina-2014 tiene rasgos muy claros de la mística que convirtió a otras versiones de la Albiceleste en equipo exitosos, así no se hayan conquistado las coronas que el hincha deseaba.

El corazón, en tercer lugar. Porque aunque a algunos la categoría de los rivales que ha enfrentado Argentina les parezca de segundo nivel, aunque no haya conseguido goleadas como Alemania, aunque no haya ofrecido el fútbol bonito de la Selección Colombia, aunque sus triunfos se hayan dado por la mínima diferencia (de la misma manera que España llegó a la final en 2010, y fue la campeona), este equipo de Sabella tiene mucho corazón. Corazón para defender la camiseta, con la historia y la tradición que encarna; corazón para representar dignamente a un pueblo que lo idolatra y respalda; corazón para creer que se puede y luchar por ello; corazón para no dejarse distraer por un entorno adverso y trabajar en procura del objetivo propuesto sin ahorrar una mínima gota de sudor; corazón para entender que hay grandeza y que el cielo es el límite.

Esta Argentina del Mundial-2014 dejó de ser Messi y diez más, y ese es el mayor elogio que se le puede hacer al grupo. Mientras Brasil dependía de Neymar, mientras Francia funcionaba si Benzema estaba conectado, mientras Holanda le apostaba sus fichas a Arjen Robben, mientras Uruguay sobrevivió hasta que perdió a Luis Suárez, Argentina se ha sobrepuesto a todos las dificultades: la lesión de Sergio Agüero, la ausencia de Marcos Rojo, la salida de Ángel Di María y la marcación implacable y multitudinaria sobre Messi. Y ya está en la final, para la que muchos la descartaron por anticipado, la que muchos ganaron por anticipado con equipos que, sabemos, ya están de regreso en casa o, como el caso de Brasil y Holanda, deberán conformarse con disputar el partido de la consolación.

La tanda desde el punto penalti, que en 2006 había truncado el buen paso que llevaba el equipo dirigido por José Néstor Pékerman, de nuevo les arrancó una sonrisa a los argentinos. Como en 1990, cuando las manos heroicas fueron las de Sergio Goycochea. Con la jerarquía que le corresponde a un grande, a un bicampeón orbital, Argentina respondió a las expectativas y adquirió con honores la invitación para ser uno de los protagonistas de la fiesta que Brasil preparó para su Scratch en el Maracaná de Río de Janeiro. Se escalaron exitosamente seis peldaños, pero la cima está después del séptimo; Alemania, que a algunos les infunde temor reverencial (especialmente después del paseo de salud que le dio al peor Brasil de la historia), es el próximo rival, el último. Veinticuatro años después, Argentina está en la final de la Copa Mundo y eso es algo para disfrutar mientras rueda el balón en la tarde del domingo y regresan los sufrimientos…

Maxi Rodríguez aseguró un remate fuerte y sentenció el paso de Argentina a la final de Brasil-2014 (FIFA.com).
Maxi Rodríguez aseguró un remate fuerte y sentenció el paso de Argentina a la final de Brasil-2014 (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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