Brasil celebró sus 100 con una goleada

Se convirtió en el segundo país, después de Alemania, que jugó un centenar de partidos en la Copa Mundo. Es el que más título logró, el que más partidos ganó, el que más goles anotó, el que más estrellas nos regaló. ‘O mais grande do mundo’…

LibroTodo comenzó el lunes 14 de julio, y no arrancó bien. Pasado el mediodía, ante 24.059 espectadores apostados en las tribunas del estadio Parque Central de Montevideo (que ya no existe), una Selección Brasil dirigida por Pindaro de Carvalho jugó el primer partido de su historia en la Copa Mundo y perdió 1-2 con Yugoslavia. Este lunes 23 de junio de 2014, casi 84 años más tarde, la canarinha de Luiz Felipe Scolari goleó 4-1 a Camerún en su presentación número 100 en los Mundiales. Y hubo fiesta, porque los 69.112 espectadores que colmaron el Estadio Nacional de Brasilia festejaron con su tradicional alegría.

El único país que disputó las 20 ediciones del torneo, el que más partido ganó (69), el que más goles anotó (217), el que más veces ganó el título (cinco), el dueño absoluto de la Copa Jules Rimet (que alzó en tres ocasiones), el equipo con mejor porcentaje de rendimiento (74,3 por ciento) y, sobre todo, la selección que le regaló al planeta fútbol una interminable lista de talentos, eso es Brasil. No se necesita ser brasileño para adorar a los jugadores de la Verdeamarelha, porque astros como Pelé (O Rei), Jairzinho, Tostao, Socrates, Rivelino, Ronaldo, Ronaldinho, Leónidas, Garrincha y decenas más se convirtieron, gracias a la magia de su juego, en figuras sin nacionalidad: eran (son) idolatrados en cualquier rincón del mundo en el que haya un hincha al que le guste el fútbol bien jugador, el jogo bonito.

La gran mayoría de los récords positivos de la historia de la Copa Mundo son dominados, en solitario o de forma compartida, por un brasileño. Y cualquier aficionado que se precie de saber algo de fútbol entiende que Brasil es el gigante de los gigantes, o mais grande do mundo, como diría un torcedor. Sin embargo, no siempre fue así. De hecho, hubo una época en la que Brasil era uno más en los Mundiales, en la que se devolvía a casa en primera ronda, inclusive después de ostentar la corona orbital. Por ejemplo, en esa primera presentación, en 1930, no pudo hacerles contrapeso a Uruguay y Argentina, sus grandes rivales históricos, los únicos que han conseguido arrebatarle gloria en Suramérica.

Fue apenas en la tercera ocasión, en Francia-1938, que Brasil logró avanzar de la primera ronda y pelear hasta las instancias finales. Perdió la semifinal con Italia (campeón defensor que reeditó el título) y debió conformarse con el tercer puesto. Parecía que a los grandes de la época les había surgido un rival de peso, pues Brasil ya mostraba equipos más competitivos, con algunas figuras individuales destacadas, pero el receso obligado por la Segunda Guerra Mundial postergó su ascenso. Tras la conclusión del conflicto bélico, y en vista de que los países futboleros del Viejo Continente estaban literalmente destruidos, Brasil acogió la cuarta edición del torneo como un objetivo: ganar el trofeo en casa, como lo habían hecho Uruguay en 1930 e Italia en 1934.

El más grande de Brasil en todos los tiempos: 'O Rei' Pelé. El único tricampeón mundial.
El más grande de Brasil en todos los tiempos: ‘O Rei’ Pelé. El único tricampeón mundial.

Fue la única edición de la Copa Mundo en la que no se disputó un partido final para escoger al campeón, aunque sí hubo un juego que marcó el rumbo de la historia. Fue el que Brasil jugó contra Uruguay, el domingo 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná, donde se vivió el episodio que todos conocemos como Maracanazo: la inesperada derrota 1-2 contra la Celeste, que se quedó con el trofeo. Parecía, entonces, que Brasil no iba a ganar el torneo y que siempre iba a estar a la sombra de Uruguay y de los europeos. Pero como nada es eterno en la vida, un día el rumbo cambió. Fue el domingo 15 de junio de 1958, día en que debutó un jovencito de solo 17 años, llamado Edson Arantes do Nascimento y apodado Pelé.

La irrupción de la perla negra puso a Brasil en el lugar que todos en su país estaban seguros le correspondía. De la mano del que muchos consideran el mejor jugador de la historia, el Scratch logró el tricampeonato en Suecia-1958, Chile-1962 y México-1970. En Inglaterra-1966 sufrió el último de sus grandes descalabros, al resultar eliminado en primera fase, rendido al poderío de Hungría y, en especial, de la Portugal de la Pantera Eusebio. El 21 de junio de 1970, en el estadio Azteca de Ciudad de México, se adueñó para siempre de la Copa Jules Rimet, el trofeo que tomó el nombre del principal gestor de la competencia.

Ya era el más grande los grandes, al que pocos podían vencer, al que todos rendían pleitesía, al que casi ninguno se atrevía a irrespetar. Y con la misma naturalidad que una de sus incontables estrellas se retiraba cargada de gloria, Brasil se encargaba de ofrecerle al mundo otro abanico de astros. Sin embargo, sin que se pueda encontrar una explicación razonable, el Scratch se demoró 24 años en volver al podio de los campeones, período en el que sufrió grande frustraciones. En Alemania-1974, el primer Mundial pos-Pelé, y en Argentina-1978, fue tercero. En España-1982, con un formidable equipo comparable al de 1970, fue eliminado en la segunda fase y también se quedó a mitad del camino en México-1986 (cuartos de final) y Italia-1990 (octavos).

El equipo de 1958, el que logró el primer título mundial.
El equipo de 1958, el que logró el primer título mundial.

A esa altura de la historia, ya no era el mismo Brasil del jogo bonito, sino que se había transformado en un equipo que se preocupaba por defender el cero en su arco y que no tenía reparos en especular. Una corriente con muchísimos enemigos en su país, pero que encontró recompensa en Estados Unidos-1994, cuando con Carlos Alberto Parreira en el banquillo logró el tetracampeonato. Y en 2002, después de perder la final de 1998 con Francia, alcanzó el penta. Si bien su juego ya no es tan brillante como en otras épocas, sigue siendo muy efectivo y, en especial, temible. Y gana, casi siempre gana. De hecho, en el planeta fútbol solo hay un título que se le ha resistido, pero que tarde o temprano también será suyo: el de los Juegos Olímpicos.

En Brasil-2014, el Scratch no solo es el anfitrión, sino también el máximo favorito. Scolari conformó un equipo moderno, renovado, con jóvenes talentos de inmensa proyección que, sin dudas, le darán a la Verdeamarelha muchas alegrías en el futuro inmediato. Es un equipo que conserva su esencia (la buena técnica, la mentalidad ganadora, el poder ofensivo), pero que ha añadido otras virtudes como solidez defensiva, arqueros seguros y, algo muy importante, que aprendió a sufrir. La victoria 4-1 contra Camerún, guiada por Neymar Jr., el nuevo dueño de la camiseta 10, no solo significó una primera ronda exitosa (fue primero del grupo), sino también el partido número 100 de la historia.

El Mundial de fútbol es una fiesta que paraliza (o al menos entorpece en gran medida) las actividades de los ciudadanos comunes a lo largo y ancho del planeta. Una manifestación popular que no distingue raza, idioma o condición económica, un fenómeno social que en gran medida es responsabilidad de Brasil, de sus astros, de su encantador jogo bonito. Brasil es el segundo país que alcanza la cifra de 100 partidos en la Copa Mundo (Alemania fue el primero, el pasado 16 de junio y, curiosamente, también lo celebró con goleada, 4-0 a Portugal), pero ese es apenas un capricho del destino. Porque, gústele a quien le gusta, Brasil es el grande entre los grandes, O Rei

Muchos dicen que es el mejor equipo de la historia: el Brasil de México-1970.
Muchos dicen que es el mejor equipo de la historia: el Brasil de México-1970.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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