Armero desató una avalancha de alegrías

La más brillante generación de futbolistas colombianos del siglo XX había sido arrasada por Inglaterra en 1998. Ahora, sin embargo, la Selección volvió a hacer de los colombianos los seres más felices del planeta.

LibroOtra vez hubo lágrimas y emociones incontrolables. Otra vez las fibras más profundas del corazón se nos estremecieron y en la mente quedaron grabados recuerdos imborrables. Otra vez el país entero se unió en una causa por cuenta Armero. A diferencia de lo ocurrido en la trágica noche del miércoles 13 de noviembre de 1985, al mediodía de este sábado 14 de junio de 2014 la avalancha fue de alegrías, de celebraciones, un cúmulo de esos momentos que justifican porqué los colombianos nos creemos los más felices habitantes del planeta.

Hubo una vez, hace casi 30 años, que Armero nos quebró el corazón a los colombianos. Aquella noche, la avalancha de lodo, agua y desperdicios que se desprendió del glaciar del volcán nevado del Ruiz arrasó con Armero, una coqueta población tolimense, la tercera más grande del departamento por esos días, después de Ibagué y Espinal. Unos 20.000 compatriotas, según cifras oficiales nunca precisadas, murieron o desaparecieron por cuenta de la fuerza de la naturaleza. La avalancha, literalmente, borró Armero del mapa y marcó uno de los momentos más tristes de la historia del país.

Con el paso del tiempo, sin embargo, el lugar donde algún día se levantó esa población se convirtió en un símbolo de la esperanza, del renacer. Menos de un año después de la tragedia, el papa Juan Pablo II visitó el lugar y lo declaró campo santo, en memoria de fallecidos y desaparecidos. Y hoy Armero vive, aunque de una manera distinta a la que conocimos. Y los colombianos hemos vibrado con rasgadores testimonios de sobrevivientes de Armero que rehicieron su vida, curaron las heridas y continuaron adelante, como homenaje a las víctimas. El que fue uno de los episodios más dolorosos del país en las últimas décadas ahora es muestra de cómo los colombianos somos capaces de superar las dificultades, reinventarnos y ser felices.

La noche del viernes 26 de junio, en el estadio Felix Bollaert de Lens, la generación más brillante y exitosa de futbolistas colombianos en el siglo XX vivió una pesadilla. A pesar de haber derrotado a Túnez, el seleccionado dirigido por Hernán Darío Gómez debía vencer a Inglaterra para avanzar a la segunda ronda del Mundial de Francia-1998. Sin embargo, lo que ocurrió a lo largo de los más de 90 minutos de juego fue muy distinto: el elenco europeo fue inmensamente superior y aseguró la victoria con un 2-0 que debió haber sido mucho más amplio de no haber mediado la fantástica actuación del golero Faryd Mondragón. Se lo llevó por delante, como una tromba, como una avalancha ofensiva.

Fue el triste punto final para la generación encabezada por Carlos ‘Pibe’ Valderrama, que junto con Freddy Rincón, Adolfo ‘Tren’ Valencia, Faustino Asprilla, René Higuita, Óscar Córdoba y Jorge Bermúdez, entre otros, nos llenó el corazón de alegrías durante los años 90. Tras esa caída, se sabe, Colombia pagó una penosa penitencia que la dejó por fuera de Corea del Sur y Japón-2006, Alemania-2006 y Suráfrica-2010. Fueron 15 años, 11 meses y 19 días hasta que este 14 de junio, contra Grecia, se dio el esperado retorno a la Copa Mundo. El momento más esperado por los colombianos, en especial por aquellas generaciones que crecieron durante ese bache, doloroso y mortificante.

Fueron 8,4 millones de minutos los que pasaron entre aquella derrota con Inglaterra y este partido con Grecia. Millones de minutos que significaron sufrimiento, dolor, ansiedad, frustración, desesperación. Pero como la vida de los colombianos puede cambiar de la tristeza a la felicidad en un santiamén, las alegrías se demoraron apenas 4 minutos en llegar. Ese fue el tiempo que el equipo de José Néstor Pekerman necesitó para abrir el marcador contra los helénicos y cimentar la primera victoria en Brasil-2014, la cuarta del historial en la Copa Mundo. Y el que nos aceleró el corazón; el que desató la avalancha de abrazos, risas, llantos y felicidad, fue Armero: Pablo Armero. Con la pierna derecha, la menos dúctil, el defensor tumaqueño capitalizó una habilitación de Juan Fernando Cuadrado y conmocionó al país, esta vez de felicidad.

No fue el desarrollo perfecto, pero sí el resultado perfecto. A pesar de los baches futbolísticos que exhibió el equipo, de que en el primer tiempo faltó inteligencia para apoderarse del balón y poner condiciones, de que por ahí los griegos nos dieron uno que otro susto, el fin justificó los medios: en el segundo tiempo, Colombia se reinventó, superó las dificultades de la misma manera que lo hicieron los sobrevivientes de Armero y el mismo país en 1985 y mostró su mejor versión. Fue un 3-0 claro, contundente, nítido que inscribió a la tricolor en un selecto grupo: el de los equipos que alguna vez golearon en un Mundial. Teo Gutiérrez y James Rodríguez completaron la cuenta.

Armero corrió hasta la raya y bailó, como Léider Calimenio Preciado lo había hecho en 1998 contra Túnez. Esa vez fue a ritmo de ‘tun tun’, ahora a la sazón de los compases de mapalé. Y el país entero, como ninguno otro sabe de divisiones, polarizaciones y diferencias, celebró unido. Grandes, chicos, hombres y mujeres, fanáticos del fútbol o simples ciudadanos, todos salimos a las calles a manifestar la alegría, a exhibir el orgullo patrio, a agradecerles a los nuevos héroes esta victoria que habíamos soñado de tantas maneras durante esa larga penitencia de casi 16 años. Fue una avalancha de felicidad, inolvidable, que le confirmó al mundo que Colombia sí es el país más feliz del mundo.

El Mundial de Brasil-2014 apenas comienza y a Colombia le espera todavía un duro camino por recorrer, porque sin duda Costa de Marfil y Japón serán rivales más complicados y peligrosos que Grecia. Pero los colombianos estamos felices, y con sobrada justificación: nuestra Selección, que en 26 de junio de 1998 fue arrasada por la avalancha futbolística de Inglaterra, sanó las heridas, se reinventó, recuperó su esencia, volvió a la cita ecuménica y ahora nos vuelve a brindar alegrías. Y lo hace a través de un puñado de 23 jugadores que nos representan fielmente, con los defectos y virtudes que nos caracterizan, y especialmente con esa capacidad para hacernos felices con algo tan simple como un partido de fútbol. Y todos bailamos a ritmo de mapalé por cuenta de Armero…

Armero bailó mapalé y nos puso a delirar de felicidad (FIFA.com)
Armero bailó mapalé y nos puso a delirar de felicidad (FIFA.com)

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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