Argentina-Holanda, otra final adelantada

En su tercera Copa Mundo, Messi no puede darse el lujo de quedar por fuera de la final, so pena de manchar su brillante palmarés. Del otro lado, Holanda espera que las últimas gotas que le quedan a la naranja le permitan volver a ese juego, a ver si la cuarta es la de la vencida.

LibroEl grave problema que enfrentan los jugadores más destacados y los grandes equipos de la historia de los Mundiales es que, cuando ganan, sus logros se antojan lógicos y a veces no se les da el valor que en realidad encierran. En cambio, cuando pierden, las derrotas o los objetivos no cumplidos adquieren una dimensión inusitada y ese hecho se convierte en un imborrable lunar de su trayectoria. Ese es el dilema con el que Argentina y Holanda parten este miércoles 9 de julio en procura del segundo cupo a la final de Brasil-2014, instancia en la que ya se instaló, con lujo de detalles, Alemania.

En su tercera participación en la Copa Mundo, al argentino Lionel Messi se le exige que regrese a casa con el trofeo. De hecho, él mismo le prometió a la afición de su país que acabaría con el ayuno de 28 años, pero aún necesita dar dos pasos más antes de consignar el parte de victoria. En Alemania-2006, con tan solo 19 años, participó en tres juegos, pero solo en uno de ellos arrancó como titular, y se quedó con la frustración de no haber actuado en el choque que significó la eliminación, a manos del dueño de casa, en la serie con disparos desde el punto penalti. Desde entonces, al técnico José Néstor Pékerman le reprochan haber prescindido de su más peligrosa arma ofensiva en ese lance.

En Suráfrica-2010, bajo la conducción de Diego Armando Maradona, su ídolo, fue titular en los cinco partidos que Argentina disputó hasta salir de carrera en los cuartos de final, otra vez con Alemania como verdugo, pero ahora por goleada (0-4). Y la comparación con el Diego, precisamente, es la que le cuesta cargar a Messi, porque el exastro argentino fue rey de la Copa Mundo y del planeta fútbol en su segunda participación, la de México-1986, mientras el rosarino todavía se encuentra en deuda en el torneo. En su beneficio hay que decir, en todo caso, que Brasil-2014 ha mostrado la mejor versión de sus tres presentaciones y aún tiene la oportunidad de mejorar ese balance.

En una progresión similar a la que experimentó la Argentina de Maradona en México-1986, el equipo conducido por Alejandro Sabella se ha consolidado, ha crecido individual y colectivamente a medida que el torneo se desarrolló, aunque Messi, el llamado a sobresalir, aún no alcanzó la dimensión de gran estrella que sí representó el Diego en aquella oportunidad. Fue en los cuartos de final, precisamente, que Maradona explotó con los dos goles más famosos de la historia del torneo: el de la mano de dios y el del regate divino, en la victoria 2-1 sobre Inglaterra. Luego, en semifinales, de nuevo fue decisivo al anotar otro doblete, esta vez frente a Bélgica (2-0) y con eso consiguió un doble efecto: silenció de una vez por todas las críticas e instaló a su equipo en la final.

Gonzalo Higuaín volvió a marcar en una Copa Mundo y contra Holanda espera seguir la racha  (FIFA.com).
Gonzalo Higuaín volvió a marcar en una Copa Mundo y contra Holanda espera seguir la racha (FIFA.com).

Messi, en cambio, aún no pudo cumplir alguno de esos objetivos. Aunque Argentina juega mucho mejor de lo que lo hizo en las eliminatorias, porque ahora actúa más como equipo que como sumatoria de individualidades, y especialmente porque mejoró ostensiblemente su funcionamiento defensivo, una buena porción de sus hinchas y sus incontables detractores le exigen más, especialmente al 10. Dicen, por ejemplo, que la Albiceleste tuvo hasta ahora un tránsito muy cómodo, con rivales de poca categoría, pero quizás olvidan lo duro que fue el partido contra Irán, que ganó por la mínima diferencia y del que su arquero Sergio Romero fue figura. O que superó el siempre complicado escollo de Nigeria, que con la habitual fortaleza de los africanos, más su riqueza técnica, enredó y exigió al límite.

Suiza, en octavos de final, supuso un reto mayúsculo por su tacañería futbolística y su estilo ultradefensivo, que exprimió las energías de una Argentina que solo pudo respirar tranquila al filo del minuto 118, cuando ya se vislumbraban los disparos desde el punto penalti. Y Bélgica, el rival en los cuartos, tampoco fue una pera en dulce: con su calidad técnica y su compacto juego colectivo, obligó a Argentina a hacer gala no solo de sus mejores argumentos técnicos, sino también de su capacidad de sacrificio y su oficio. Y ahora llega Holanda, un equipo que, más allá de que puede haber cuentas pendientes por saldar, le ofrece un poco más de lo mismo, pero con distintos argumentos: pega, mucho y duro; se defiende con el oficio de los suizos y ataca mejor que todos los anteriores.

Para la otrora Naranja Mecánica, que hoy es preferible llamar Oranje porque de fútbol total poco o nada tiene, y mucho menos de aquel estilo artístico de buen trato de la pelota que patentó la brillantísima generación de Johan Cruyff, Johnny Rep y Johan Neeskens, entre otros. De la mano del técnico Bert Martwijk, en Suráfrica-2010, y con Louis van Gaal ahora en Brasil-2014, Holanda se transformó en un equipo granítico, excesivamente esquemático, durísimo de roer y con marcada tendencia a abusar de la fuerza física, de lo que los entrenadores llaman la dichosa falta técnica (la que se comete repetidamente lejos del arco, simplemente para trabar las intenciones del rival).

Wesley Sneijder ha estado muy por debajo de la producción de 2010, pero en cualquier momento puede explotar (FIFA.com).
Wesley Sneijder estuvo por debajo de la producción de 2010, pero en cualquier momento puede explotar (FIFA.com).

Un libreto que en el Mundial pasado le funcionó a la perfección durante casi siete partidos: los tres de la primera fase, el de octavos de final, el de cuartos, la semifinal y 116 minutos de la final contra España. En esa instancia, sin embargo, que una genialidad de Andrés Iniesta le echó a perder la fiesta y convirtió a Holanda en el equipo que más finales de la Copa Mundo disputó sin haber ganado alguna (tres). En Brasil-2014 el debut dio la impresión de que había perfeccionado el sistema, pero fue flor de un día: en una inusual muestra de contundencia, goleó 5-1 a la campeona defensora España y la dejó al borde del nocaut.

Después, sin embargo, se le enredó la pita: sufrió mucho más de lo esperado contra una aguerrida, pero inofensiva Australia, a la que venció 3-2. Y cerró la primera fase con otra buena producción frente a Chile (2-0), que ese día jugó el mal partido que cualquier buen equipo puede darse el lujo de acreditar en un Mundial. En los octavos de final, sus jugadores ya estaban preparando maletas para regresar a casa y alistaban el bronceador para tirarse en las playas a disfrutar de las vacaciones cuando una ráfaga ofensiva en el epílogo le permitió darle vuelta al marcador. La siesta que a esa hora echaban los defensores aztecas, en todo caso, mucho les favoreció.

Y en los cuartos de final la luchadora Costa Rica del colombiano Jorge Luis Pinto volvió a desnudarle las falencias y la obligó a ir hasta la serie desde el punto penalti antes de celebrar la continuidad. Esa vez, en todo caso, varios de sus jugadores, encabezados por el capitán Robin van Persie, dieron fehacientes muestras de que las fuerzas están al límite o, por decirlo de alguna otra manera, de que el jugo de la naranja está a punto de extinguirse. Le ha bastado con ráfagas de talento y contundencia de sus delanteros, especialmente del siempre peligroso, aunque también siempre egoísta, Arjen Robben. Y contra los ticos el arquero Tim Krul, experto en el arte de parar penales, fue un héroe inesperado.

La pregunta que surge, de cara al juego con Argentina, es si Holanda será el equipo protagonista que salió a imponer condiciones, y las impuso con categoría, contra España, o aquel cuadro tacaño, especulador y calculador que le apostó a un contragolpe o al error del contrario y que estuvo más preocupado por pegar que por jugar, como en la final de Suráfrica-2010, contra México o Costa Rica. La decisión que tome el técnico Van Gaal, en todo caso, no es una cualquiera: Holanda puede repetir el logro de la generación de Cruyff y compañía, que disputó dos finales consecutivas, o quedar marcado en la historia como otro buen equipo, con buenos jugadores, al que el reto le quedó grande o que fue sacrificado porque su DT prefirió morirse con la suya, y se murió…

Ángel Di María, el mejor de Argentina en los dos últimos partidos, estará ausente por lesión (FIFA.com).
Ángel Di María, el mejor de Argentina en los dos últimos partidos que jugó, estará ausente por lesión (FIFA.com)

Publicado por

Admin

Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *