Argentina gana o empata y avanza, y goza…

A estas alturas, para muchos el Mundial se convirtió en un ToConAr (Todos Contra Argentina). Pero eso es lo bonito del fútbol: el que gana es el que goza, y por ahora Argentina gana o empata y avanza, y goza, claro que goza…

Logo Miscelánea¡Qué bueno que sigan pensando que Argentina es Lionel Messi y diez mochos más! ¡Qué bueno que la miopía futbolística no les permita apreciar las virtudes de Argentina como equipo! ¡Qué bueno que las tripas se les revuelvan tras comprobar que los pronósticos surgidos de su sabiduría futbolística fallaron uno tras otro y la Albiceleste, como en 1978 y 1986, está otra vez en la final del Mundial! ¡Qué bueno que los hinchas camaleones, que comenzaron Brasil-2014 apoyando un equipo y ahora son fervientes seguidores del Deportivo AntiArgentina, están con los nervios crispados por la posibilidad de que el elenco de Alejandro Sabella alcance el tricampeonato orbital!

Qué bueno que ese ambiente esté presente, así en el momento que llegue la victoria (si llega, claro está) tiene un mejor sabor, más dulce. Porque a estas alturas de la competencia, con solo dos de los 32 equipos que la iniciaron el pasado 12 de julio habilitados para seguir soñando con alzar el trofeo, para muchos el Mundial se convirtió en un ToConAr (Todos Contra Argentina). Muchos de aquellos que toda la vida le hicieron barra a Brasil, celebraron sus triunfos y lloraron sus derrotas, le declararon odio visceral luego de que el Scratch derrotó 2-1 a Colombia en los cuartos de final y la mandó de regreso a casa.

Sin Colombia e indignados con Brasil, que dicen los traicionó, se cambiaron la piel nuevamente y ahora se creen más alemanes que un Volkswagen. Y se preparan para un Oktoberfest anticipado en caso de que la Selección que dirige Joachim Loew triunfa el próximo domingo en el Maracaná y conquista el ansiado tetracampeonato, por el que los alemanes (los de verdad, claro está) esperan desde 1990, justamente la última vez que se vieron las caras con Argentina en el partido decisivo de una Copa Mundo. Como ocurrió en Argentina-1978, cuando los hinchas del planeta fútbol estaban rendidos a los pies del fútbol total de la Naranja Mecánica, y se repitió en México-1986, cuando al técnico Carlos Salvador Bilardo y su grupo de jugadores, con Diego Maradona a la cabeza, les dieron hasta con el balde, Argentina hará las veces de visitante en la final de la Copa Mundo.

Y qué bueno que eso sea así, porque justamente en esos escenarios adversos, en los que aparentemente todo está en contra, en los que la mayoría cree que Argentina está muerta o cuando menos vencida, es que la Albiceleste muestra su mejor cara, sus mejores argumentos, su mejor juego, su corazón. Como ocurrió este 9 de julio, en el que la celebración de la fiesta nacional alrededor del Obelisco, en Buenos Aires, tuvo un sabor más que especial, porque la mayoría de los 63.267 aficionados que colmaron las tribunas del estadio Arena do Sao Paulo hinchaban por una victoria de Holanda. Pero se fueron rumiando una nueva frustración, temiendo una nueva consagración de la Albiceleste. A muchos, el remate de Maxi Rodríguez, que selló la serie, hurgó la herida que se abrió el día anterior, con la catastrófica goleada que Alemania le propinó a Brasil (7-1).

Argentina entera celebra que, después de 24 años, la Selección regresó a la final de la Copa Mundo (FIFA.com).
Argentina entera celebra que, después de 24 años, la Selección regresó a la final de la Copa Mundo (FIFA.com).

“¡Argentina no tiene nada!”, “Argentina es Messi y diez mochos más”, “Argentlna llegó a la final de pura arepa” o “Si Alemania le hizo 7 goles a Brasil, a Argentina le marca…”, son algunos de los epítetos que surgen de la boca de estos atormentados aficionados, que sufren cada vez que Argentina gana, cada vez que Argentina supera una instancia, cada vez que Argentina llega a una final, cada vez que Argentina le coquetea a un título. Y neciamente niegan lo que sus ojos ven, se contradicen en sus dichos, se despojan de una camiseta y se enfundan otra, se despelucan en las redes sociales porque no conciben que Argentina, el rival más odiado, pueda ser el rey de Brasil-2014 y, para colmo de males, en el mismísimo Maracaná.

Pero Argentina está ahí, otra vez, como la primera vez. Quién sabe si vaya a ganar, pero eso es algo que sabremos solo en el atardecer del próximo domingo 13 de julio. Pero está, y como reza la sabiduría popular, la del hincha de a pie, para perder las finales hay que disputarlas. Y Argentina la va a disputar y sueña también con disfrutarla, con brindarles a esos millones de hinchas que la siguen fielmente (sin cambiarse de camiseta cada 90 minutos) una inmensa alegría que desde el doloroso desenlace de Italia-1990 han soportado humillaciones, se han tragado derrotas increíbles e inesperadas, han tenido pocos motivos para festejar.

Ya se dieron seis duras batallas, con balance positivo, y como en México-1986, contra todo y contra todos, Argentina clasificó a la final del Mundial. No está Diego Armando Maradona, pero sí Alejandro Sabella y su grupo de muchachos, con Lio Messi a la cabeza, dispuestos a hacer lo que sea necesario, futbolística y humanamente hablando (no al estilo de la FIFA) para poder entonar en el atardecer del domingo aquel “Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones como la primera vez”, un cántico de la entraña argentina que gritan hasta sus más radicales detractores. Pero eso es lo bonito del fútbol: el que gana es el que goza, y por ahora Argentina gana o empata y avanza, y goza, claro que goza…

El Empire State neoyorquino se vistió de albiceleste en homenaje a Argentina, finalista de Brasil-2014 (FIFA.com).
El Empire State neoyorquino se vistió de albiceleste en homenaje a Argentina, finalista de Brasil-2014 (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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