‘A vergonha mais grande do mundo’

En un día triste para el fútbol, porque se manchó la pelota, la Selección Colombia que dirige José Néstor Pékerman fue sacada del Mundial. Brasil, con su libreto del todo vale, avanzó a semifinales de la mano del árbitro español Carlos Velasco Carballo. El certamen perdió la alegría y el talento de la Tricolor.

LibroNo quedó eliminada: a la Selección Colombia la sacaron del camino, así, literalmente. Y eso debe quedar bien claro. Porque este 4 de julio de 2014, en el estadio Castelao, de Fortaleza, se escribió una página vergonzosa, otra más, de la historia de los Mundiales. Un día que nadie olvidará, en especial los jugadores e hinchas de la Tricolor, porque fue uno en el que se manchó la pelota. A Brasil, la podrida maquinaria de la FIFA lo lleva en coche a la final, para que la pantomima tenga el final deseado y Joseph Blatter, el payaso mayor, pueda declarar el 13 de julio próximo que este torneo “fue un éxito”.

Esta fue la victoria número 70 de la historia para Brasil en la Copa Mundo, pero ninguna otra había estado manchada así, ninguna había sido recubierta por el halo de la corrupción que carcome el fútbol en pro de un negocio que lucra a unos pocos. Los mismos que sobornaron y se dejaron sobornar en el proceso de adjudicación de las sedes de los torneos de 2018 y 2022. Los mismos que con la más grande hipocresía del mundo le cortaron las piernas a Diego Armando Maradona en Estados Unidos-1994, porque no podían permitir que el 10 argentino fuera de nuevo el protagonista de una fiesta en la que no era bienvenido.

El Mundial de Brasil-2014 nos ha regalado buenos partidos desde que rodó el balón, pero también desde que se dio el primer puntapié algo huele mal. El partido inaugural, en el que Brasil venció 3-1 a una aguerrida Croacia, mostró lo que dejó de ser una tendencia y ahora es una estrategia manifiesta: la FIFA no va a permitir que Brasil quede por fuera de la fiesta, de su fiesta (la de Brasil, la de la FIFA). Tuvo la suerte de que el disparo del chileno Mauricio Pinilla, en la reposición durante el segundo tiempo suplementario en los cuartos de final, se estrelló en el horizontal y luego los australes se nublaron en la serie con disparos desde el punto penalti. Porque quién sabe qué hubieran sido capaces de hacer si la Roja, como debió ocurrir, gana el partido.

La imagen del Mundial: el llanto inconsolable de James Rodríguez y el gesto solidario de Dani Alves y David Luiz (FIFA.com).
La imagen inolvidable del Mundial-2014: el llanto inconsolable de James Rodríguez, el gesto solidario de los brasileños Marcelo  y David Luiz (FIFA.com).

Y lo que se vio a lo largo de los 96 minutos que el español Carlos Velasco Carballo (que nunca se nos vaya a olvidar ese nombre) dirigió como un magistral titiritero es la prueba de que no se van a ahorrar esfuerzos, ni recursos, para que este desteñido Brasil llegue a puerto seguro. Y que quede claro que los goles de Thiago Silva y David Luiz, uno en cada período, fueron limpios, bien logrados, libres de sospecha. El primero respondió a una sumatoria de errores de la defensa colombiana en un tiro de esquina y el segundo, a un tiro libre impecable en el que quedó la sensación de que faltó al menos un jugador más en la barrera, porque el experto tuvo espacio para colocar el balón en el lugar de su predilección y eso no puede ocurrir.

También es justo reconocer que, por primera vez en el Mundial, el técnico José Pékerman pifió: regaló el primer tiempo. Está bien que Brasil es el equipo más laureado de todos los tiempos, también el dueño de casa, pero igualmente es cierto que es un equipo simplón, común y corriente, que no intimida como antes, que requiere la ayuda descarada de la organización para continuar en carrera. Y el DT planteó un primer tiempo en el que se respetó demasiado a un rival que, tal y como lo habían demostrado México y Chile, daba la oportunidad de jugarle de igual a igual, mano a mano. Preocupado por la salida de los laterales brasileños, reconocidas armas ofensivas, sacrificó un delantero para taparles la vía.

Vimos, entonces, una Colombia bien distinta a la de los otros partidos, especialmente porque jugó lejos, muy lejos, del arco de Julio Cesar. Y para rematar su sistema defensivo, que había estado impecable, se equivocó en el primer gol. Demasiadas ventajas a un rival que sabe sacar provecho de ellas. Y por si faltaba algo más para inclinar la balanza, surgió el árbitro Velasco Carballo, que cumplió a la perfección, línea por línea, el libreto que le habían diseñado. Permitió el roce, siempre favoreció a Brasil en las jugadas divididas, omitió pitar faltas evidentes de los jugadores locales, se inventó otras que eran trabas normales de los colombianos, en fin. Y escondió las tarjetas, para no minar las escasas fuerzas del otrora Scratch de cara a la semifinal.

El gol que reavivó la ilusión. Pero no fue suficiente y Colombia se despidió de Brasil-2014 (FIFA.com).
El gol que reavivó la ilusión. Pero no fue suficiente y Colombia se despidió de Brasil-2014 (FIFA.com).

El segundo tiempo, con el ingreso de Adrián Ramos por Víctor Ibarbo, fue distinto. Colombia volvió a ser la misma de los partidos contra Grecia, Costa de Marfil, Japón y Uruguay y le faltó el respeto a su rival: lo atacó, lo apretó, lo recostó contra los palos. Faltaron claridad mental y una pizca de suerte (la primera se había perdido producto de los constantes yerros del árbitro) para alcanzar el empate. Para colmo, cuando mejor jugaba la Tricolor, cuando la desesperación había llegado a las tribunas y al banco de Brasil, el gol de David Luiz significó un golpe durísimo, además de injusto. En cualquier otra circunstancia era partido liquidado, pero esta vez no fue así, porque en esa última media hora los jugadores de Colombia mostraron lo mejor que tienen: vergüenza, corazón, pasión, amor propio, responsabilidad, hambre de gloria.

A los 33 minutos del complemento se dio la jugada que debió haberles cambiado el rumbo al partido y al torneo, pero la mano de Velasco Carballo, útil títere de la FIFA, lo impidió. El golero Julio Cesar cruzó de manera violenta a Carlos Bacca, que poco antes había sustituido a un tímido Teo Gutiérrez, y le cometió penalti. Era tarjeta roja, así David Luiz acompañara la jugada, porque nunca hubo intención del portero de quedarse con el balón: fue directo al cuerpo del rival. El réferi apenas le mostró amarilla y hasta debemos agradecerle que sancionó el penalti que James Rodríguez transformó en el descuento 1-2. Había un cuarto de hora por delante y el milagro todavía era posible. En circunstancias normales, claro está, no dentro de esta pantomima.

El árbitro español Carlos Velasco Carballo, nefasto personaje al servicio de la maquinaria de la FIFA (FIFA.com).
El árbitro español Carlos Velasco Carballo, nefasto personaje al servicio de la maquinaria de la FIFA (FIFA.com).

Fueron los mejores 15 minutos de Colombia en el Mundial, porque fue fiel a su idea, porque respetó su estilo, porque a diferencia de su rival no recurrió a las artimañas, ni usó recursos extradeportivos. Para la memoria, aun la de los más viejos y fieles hinchas del otrora Scratch es difícil encontrar un episodio similar: un Brasil desesperado, acorralado, desdibujado, sin más recursos que la falta reiterada y el ‘bartolazo’ para sacar el balón de su zona a cualquier precio. Pero el reloj corrió como nunca antes lo había hecho y consumió el tiempo antes de que el fútbol y la vida hicieran justicia con ese grupo de guerreros dirigidos por José Néstor Pékerman. Hasta que el árbitro Velasco Carballo dio el último de sus nefastos pitazos y sentenció lo que estaba decidido desde mucho antes del comienzo del partido: Colombia estaba fuera del Mundial y Brasil, que daba pena, seguía en carrera.

Brasil-2014 perdió la alegría y el talento de la Selección Colombia, que no merecía un final así. Por lo bien que jugó a lo largo de los cinco partidos disputados, porque siempre respetó el juego y a sus rivales, porque nunca dejó de ser leal a su idea y a su estilo de juego, porque jamás ahorró una sola gota de sudor en procura del resultado. Eso, sin embargo, era parte del juego, perder alguna vez y quedar por fuera. Lo que nunca imaginamos es que se iba a dar en estas circunstancias, víctimas de una penosa conspiración que ensució el torneo y, peor aún, manchó la pelota. Y eso, se sabe, no tiene perdón de Dios…

La falta del portero Julio Cesar fue alevosa, violenta, y debió irse expulsado (FIFA.com).
La falta del portero Julio Cesar sobre Carlos Bacca fue alevosa, violenta, y debió irse expulsado (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

2 comentarios en “‘A vergonha mais grande do mundo’”

  1. Muy buen escrito mi amigo!! solo diria que omitiste el gol anulado, tambien de dudoso o inexsistente fuera de juego, en fin de todas formas como se vio todo indicaba que de una manera u otra estabamos designados para quedar fuera del Mundial.

  2. Solo le pido a los mandatarios de la FIFA que sean sensatos, miren y analizen el partido en la forma que fue manejado, dirigido, controlado o como lo quieran llamar, y de ser pertinente hacer la respectiva accion, y darle a colombia el triunfo que merece, en pocas palabras, repetir el aprtido, gracias.

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